Ali Larijani: La profecía autocumplida del jefe de seguridad iraní asesinado

Ali Larijani: La profecía autocumplida del jefe de seguridad iraní asesinado
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Ali Larijani: La profecía autocumplida del jefe de seguridad iraní asesinado

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Ali Larijani, el asesinado jefe de la seguridad iraní, siempre mantuvo la firme creencia de que las potencias occidentales buscaban la destrucción del régimen revolucionario. Esta convicción, que lo acompañó durante su trayectoria, se ha visto reforzada tras su reciente muerte a manos de Israel, en un ataque que ha segado la vida de otro alto cargo del gobierno iraní.

Una entrevista premonitoria

En una entrevista concedida a The Guardian en 2006, en pleno auge de las negociaciones sobre el programa nuclear iraní, Larijani, entonces secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, ya advertía sobre las intenciones de Occidente.

Durante el encuentro, Larijani se mostró cauteloso, pero al ser cuestionado sobre la genuinidad de la preocupación occidental por el programa de enriquecimiento de uranio, respondió con perspicacia: “Si no fuese la cuestión nuclear, habrían venido con otra cosa… La presión a la que nos están sometiendo es motivo suficiente para sospechar”.

Estas palabras, pronunciadas hace 20 años, resuenan hoy con fuerza, y la entrevista se revela como una sombría profecía sobre el conflicto actual. Larijani también predijo un aumento drástico en el precio del petróleo y la posibilidad de un cierre del estrecho de Ormuz en caso de conflicto.

Un político pragmático en tiempos turbulentos

Larijani, antiguo comandante de la Guardia Revolucionaria, fue una figura clave en la política iraní durante décadas. Aunque sus sospechas sobre Occidente se confirmaron antes de su muerte, siempre mantuvo una actitud pragmática y, según algunos, conservaba esperanzas de un futuro mejor.

Durante su etapa como jefe de seguridad nacional bajo el gobierno de Mahmud Ahmadineyad, Larijani se opuso a la retórica provocadora y demagógica del presidente, que consideraba un obstáculo para alcanzar un acuerdo con Occidente. Intentó dimitir varias veces, y su renuncia fue finalmente aceptada en 2007.

A pesar de sus diferencias con Ahmadineyad, Larijani siguió siendo una figura influyente en el establishment iraní. Fue nombrado presidente del parlamento y mantuvo una estrecha relación con el líder supremo, el ayatolá Ali Jamenei.

Controversias y represión

Durante la guerra civil en Siria, Larijani se habría opuesto a la decisión de Jamenei de apoyar al régimen de Bashar Al Asad. También intentó presentarse a la presidencia en dos ocasiones, pero su candidatura fue rechazada por el consejo de los guardianes.

En medio de la sangrienta represión de las protestas en Irán, Larijani fue puesto a cargo de la represión, cumpliendo las órdenes con eficiencia y sin escrúpulos. Algunas fuentes sugieren que se opuso a la sucesión de Jamenei por su hijo Mojtaba, abogando por un candidato más moderado.

Un legado complejo

La muerte de Ali Larijani pone fin a una vida marcada por la política y la controversia. Su figura, compleja y enigmática, deja un legado de pragmatismo, lealtad y una profunda desconfianza hacia Occidente. Su premonición sobre el cambio de régimen buscado por Occidente resuena hoy con mayor fuerza que nunca.