
Un sistema estelar lejano revela el impacto entre dos planetas jóvenes
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Cuando dos cuerpos del tamaño de un planeta chocan a velocidades extremas, los materiales sólidos no resisten. En un escenario hipotético, la Tierra y Marte no permanecerían como masas reconocibles, sino que se fragmentarían, girando alrededor del punto de impacto.
Este tipo de colisión no ofrece refugio, ya que la energía liberada calienta la materia hasta fundirla y lanzarla al espacio, transformando la superficie en una densa nube de roca y polvo incandescente. En este entorno, ningún organismo conocido podría sobrevivir. La única evolución posible es la lenta formación de nuevos cuerpos a partir de los restos.
Observación de un evento similar en un sistema estelar lejano
Astrónomos han identificado un evento en la estrella Gaia20ehk donde dos cuerpos planetarios colisionaron, generando una nube de material caliente que bloqueó su luz. Este fenómeno fue descrito por Anastasios Tzanidakis y James Davenport de la University of Washington en *The Astrophysical Journal Letters*. La detección se basó en la interpretación de cambios en la luz y el calor emitido por el sistema.
El aumento de la radiación infrarroja fue clave. Tzanidakis explicó que la curva de luz infrarroja era opuesta a la visible: cuando la luz visible disminuyó, la infrarroja se disparó. Esto indicaba que el material frente a la estrella estaba a alta temperatura, aproximadamente 627 grados Celsius, consistente con fragmentos recién generados en un impacto violento.
Cambios en el brillo estelar preceden al desenlace final
El sistema ya mostraba señales extrañas antes del choque. La estrella, con un brillo estable hasta entonces, comenzó a registrar caídas puntuales desde 2016, y en 2021 su comportamiento cambió abruptamente, volviéndose caótico. Este patrón inusual sugiere que el origen estaba en algo que pasaba delante de la estrella.
El análisis reveló una secuencia de eventos: dos cuerpos en órbita se acercaron gradualmente, sufriendo varios choques parciales antes del impacto final. Este último choque transformó parte de los planetas en una nube de polvo y fragmentos calientes, con una masa comparable a la de grandes objetos del sistema solar.
La alineación es crucial para la observación
La detección de estos eventos es inusual y requiere que el sistema esté alineado con la línea de visión desde la Tierra. Sin embargo, el seguimiento prolongado de estrellas permite encontrar estos casos. Futuros observatorios como el Vera C. Rubin podrían registrar cerca de 100 colisiones similares en una década, según Davenport.
Similitudes con el origen de la Luna
Este tipo de impacto es de interés porque recuerda al origen de la Luna, que se cree se formó cuando un cuerpo del tamaño de Marte chocó con la Tierra primitiva hace unos 4.500 millones de años. El material expulsado quedó en órbita y formó el satélite. La nube de restos observada se encuentra a una distancia de su estrella comparable a la que separa la Tierra del Sol, ofreciendo un entorno similar para estudiar ese proceso.
Esta coincidencia permite usar el sistema como referencia para entender cómo se forman planetas y lunas. Observar más eventos de este tipo ayudará a determinar la frecuencia de estas dinámicas. La nube de escombros continúa orbitando y, con el tiempo, podría enfriarse y reagruparse, transformando restos calientes en nuevos cuerpos sólidos.












