
El 'lujoso' cautiverio de Francisco I, rey de Francia, en Madrid hace 500 años
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Hace quinientos años, un 18 de marzo, Francisco I, rey de Francia, abandonaba Madrid tras casi un año de cautiverio. Considerado uno de los prisioneros mejor tratados en la historia de España, su estancia en el Alcázar fue consecuencia de la derrota francesa en la Batalla de Pavía a manos de Carlos I.
La captura del rey francés
Este episodio, ocurrido durante la dinastía de los Austrias, se enmarca en la lucha por el dominio europeo entre los Habsburgo y Francia. El Milanesado, territorio del imperio de Carlos I, fue el objetivo de anexión por parte de la corona francesa, desatando una guerra que duró cuatro años.
La Batalla de Pavía, en febrero de 1525, fue un punto crucial. Inicialmente, las tropas francesas superaban en número y armamento a las españolas. Sin embargo, la resistencia del ejército de Carlos I y la llegada de refuerzos alemanes cambiaron el curso de la batalla.
La infantería suiza, clave en la defensa francesa, se retiró, dejando a los franceses rodeados. Un soldado español, Juan de Urbieta, capturó a un hombre de alta alcurnia por su vestimenta, sin saber que se trataba del mismísimo rey Francisco I.
Un cautiverio con privilegios
Tras su captura, Francisco I llegó a Madrid en agosto de 1525, siendo alojado primero en la Casa y Torre de los Lujanes y luego en el Palacio de los Vargas, antes de su estancia definitiva en el Alcázar.
La Torre de los Lujanes, uno de los edificios más importantes de Madrid en aquel entonces, reflejaba el rango del prisionero, tratado más como un invitado de honor. Posteriormente, fue trasladado a la Casa Palacio de los Vargas, una familia influyente que mantenía negocios con el rey. Se cree que esta residencia inspiró a Francisco I a construir el Castillo de Madrid, también conocido como Bois de Boulogne.
El rey Francisco I disfrutó de un cautiverio en el Alcázar con aposentos de lujo y la atención del propio Carlos I. Gozaba de libertad de movimiento por Madrid, aunque siempre acompañado por la guardia española, paseando por el campo, los bosques e incluso participando en cacerías.
A pesar de los privilegios, algunos historiadores sugieren que Francisco I sufrió depresión durante su cautiverio, según se desprende de las cartas que envió a su madre y otros familiares. Su condición de prisionero terminó con la firma del Tratado de Madrid en enero de 1526, abandonando la ciudad en marzo. A través de este tratado, renunció al Milanesado, Nápoles, Flandes, Artois y Borgoña, aunque al regresar a París declaró nulo el acuerdo por “haber sido coaccionado” para firmarlo.
Como curiosidad, Carlos I pactó el matrimonio de Francisco I con su hermana Leonor de Austria, que se convirtió en su segunda esposa, a pesar de las tensiones generadas por su cautiverio.













