
Felipe VI se queda corto al hablar de la Conquista de América
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Felipe VI ha reconocido que durante la conquista de América por el imperio español hubo “mucho abuso”, así como “luchas y controversias morales y éticas”. Este gesto, considerado modesto, busca normalizar las relaciones con México, país que en 2019 solicitó a la monarquía española disculparse por la violencia, saqueos y masacres cometidas contra los pueblos originarios durante la época colonial. La petición, que llegó en forma de carta privada, fue filtrada por la monarquía española, generando una crisis diplomática y una negativa por parte de España a pedir perdón.
El precedente de la Iglesia Católica
La carta de López Obrador también fue enviada al Vaticano, dada la participación activa de la Iglesia en la invasión de América. Sin embargo, el Papa Francisco ya se había adelantado en 2015, pidiendo perdón por los “muchos pecados cometidos en nombre de Dios contra los pueblos nativos de América”. Anteriormente, en el año 2000, Juan Pablo II lamentó la “dolorosa violencia y persecución” contra los pueblos indígenas. Esto plantea la pregunta de por qué España no podía hacer lo mismo.
Otros países que pidieron perdón
Diversos países que tuvieron colonias o que cometieron actos de violencia contra pueblos aborígenes han ofrecido disculpas por su pasado imperial. Entre ellos se encuentran Estados Unidos (cuya resolución del Congreso de 2009 pedía disculpas a todos los pueblos nativos), Canadá, Alemania, Reino Unido, Australia y Japón. No obstante, las antiguas potencias coloniales se han resistido a reconocer que estos gestos impliquen responsabilidades legales que deriven en indemnizaciones. Además, los reconocimientos suelen ser parciales, mencionando casos concretos o buscando mejorar las relaciones económicas contemporáneas.
La resistencia a reconocer la estructura colonial
Existe una fuerte resistencia a vincular las antiguas redes coloniales y sus abusos con los beneficios obtenidos desde la metrópoli. La respuesta del nacionalismo español ante las declaraciones de Felipe VI, consideradas modestas, se entiende en el contexto de fragilidad y reafirmación de una identidad construida sobre mitos fundacionales y violencia extrema.
El imperialismo español: un análisis histórico
El imperialismo español se consolidó a partir de la conquista y la esclavitud, incluso antes de la invasión de América. Las plantaciones esclavistas de azúcar implementadas por Colón en La Española fueron las primeras fábricas capitalistas, que luego se optimizaron en América para hacer más eficiente el trabajo de los esclavos africanos. Estas prácticas, así como la brutalidad hacia los indígenas, fueron ensayadas previamente en las Islas Canarias. Las islas atlánticas sirvieron como laboratorio para desarrollar una colonización basada en el azúcar, la deforestación, el trabajo forzado y el comercio de esclavos.
El principal interés de los conquistadores era el saqueo de recursos como el oro, la plata y la fuerza de trabajo forzada. Los españoles esclavizaron a los indígenas utilizando métodos similares a los empleados con los pueblos musulmanes en la península. Ante la disminución de la población indígena debido a enfermedades y desnutrición, Carlos I autorizó en 1518 el comercio de esclavos africanos para mantener la mano de obra barata.
Controversias morales y éticas
Si bien hubo controversias morales y éticas, con una parte de la Iglesia consternada por el trato a los indígenas, la Corona fue sensible a esta visión hasta mediados del siglo XVI, aprobando las Leyes Nuevas en 1542. Estas leyes, que buscaban proteger a los indígenas, no se cumplieron en su totalidad, dando pie a los “muchos abusos” a los que se refiere Felipe VI, eximiendo a la monarquía de responsabilidad y situándola en los encomenderos y conquistadores que desobedecían a la metrópoli.
La acumulación originaria del capitalismo
La invasión de América implicó más que sufrimiento humano; fue la “acumulación originaria” del capitalismo, es decir, el primer paso para el enriquecimiento de fortunas personales que extenderían la dinámica capitalista en Europa. Aunque España no pudo aprovechar toda esa riqueza para un impulso capitalista debido al carácter rentista de sus élites, participó activamente en la extracción de riqueza colonial, quedando subordinada a otras economías europeas.
En los siglos siguientes, otros países, como Inglaterra, impulsaron el capitalismo en Europa, aprovechando la disponibilidad de combustibles fósiles y redes coloniales. España también participó en el saqueo posterior, con más del 8% de los esclavos embarcados en África haciéndolo en barcos con bandera española. El enriquecimiento de familias españolas a través del comercio esclavo dio origen al primer capitalismo industrial en España. La trata de personas era un negocio rentable que permitió amasar grandes fortunas, reinvertidas en proyectos burgueses. España fue el último país europeo en abolir la esclavitud, en Cuba, en 1886.
La monarquía y la complicidad
Nada de lo anterior hubiera sido posible sin la connivencia de la monarquía, que aprobaba las leyes sobre el imperio y disponía de esclavos propios. La legislación posterior estaba atravesada por intereses comerciales y económicos en los que la monarquía tenía complicidad, ya que los recursos de la trata también revertían en las arcas del Estado. Por lo tanto, la monarquía tiene un historial de agravios acumulados que justificaría un reconocimiento honesto de hechos y una disculpa. No se trata solo de “muchos abusos”, sino de una relación estructural entre el bienestar de unos y el saqueo, masacre y violencia ejercida sobre otros.
El futuro y la necesidad de asumir el pasado
Afortunadamente, se ha superado esa etapa y se puede mirar al pasado con mayor objetividad. Sin embargo, el nacionalismo español se niega a hacerlo, ya que implicaría reconocer que su identidad está construida sobre el dolor ajeno. Las sociedades modernas y democráticas asumen su pasado, aprenden de él y miran al futuro con nuevos principios y valores. Las palabras de Felipe VI revelan que la monarquía aún no está dispuesta a dar ese paso, prefiriendo hablar de “abusos” puntuales antes que reconocer una relación estructural de saqueo y violencia sobre la que se edificó su propio poder.












