
La UE busca reafirmarse ante la guerra de Irán y Ucrania, sorteando los vetos de Hungría
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La Unión Europea se enfrenta a una encrucijada en su intento de consolidarse como un actor relevante en el panorama geopolítico actual. En un contexto marcado por las tensiones internacionales, los líderes de los 27 países miembros se reunirán en Bruselas para abordar desafíos cruciales que ponen a prueba la unidad y la capacidad de acción del bloque.
El conflicto en Oriente Medio: “Esta no es la guerra de Europa”
Frente a la creciente inestabilidad en Oriente Medio, la UE busca mantener una postura firme en defensa del derecho internacional y evitar verse arrastrada a un conflicto que considera ajeno. La posición de España, que ha abogado por la no intervención y la búsqueda de soluciones pacíficas, ha encontrado eco en otros Estados miembros, que comparten la opinión de que “esta no es la guerra de Europa”.
Fuentes diplomáticas aseguran que existe una convergencia generalizada entre los países europeos en cuanto a la necesidad de defender el sistema multilateral y el orden internacional basado en reglas. Esta postura, según las mismas fuentes, es la mejor manera de proteger los intereses europeos y mantener una relación transatlántica sólida, sin necesidad de involucrarse en conflictos que no les conciernen directamente.
El desafío ucraniano: la persistente oposición de Hungría
Sin embargo, la unidad europea se ve amenazada por las divisiones internas en torno a la ayuda a Ucrania. El veto de Hungría, y en menor medida de Eslovaquia, al préstamo de 90.000 millones de euros que la UE aprobó para financiar la guerra contra Rusia sigue siendo un obstáculo difícil de superar. Ambos países exigen la reparación y el mantenimiento del suministro de petróleo ruso a través del oleoducto Druzhba, que atraviesa Ucrania y ha sido dañado por ataques.
A pesar de los esfuerzos de la Comisión Europea y del Consejo Europeo por encontrar una solución, la postura intransigente del primer ministro húngaro, Viktor Orbán, dificulta cualquier avance. Orbán ha vinculado la ayuda a Ucrania con el suministro de petróleo, declarando que “si no hay petróleo, no hay dinero”. Esta situación plantea serias dudas sobre la capacidad de la UE para actuar con determinación y solidaridad en apoyo a Ucrania.
La concesión de un préstamo de 8.100 millones de dólares a Ucrania por parte del Fondo Monetario Internacional (FMI) proporciona un respiro temporal y da margen para seguir negociando, pero la situación sigue siendo precaria. La UE se enfrenta al desafío de superar las divisiones internas y encontrar una fórmula que permita desbloquear la ayuda financiera a Ucrania sin ceder a las exigencias de Hungría.
La agenda verde: España lidera la defensa de la sostenibilidad
En medio de las tensiones geopolíticas, la UE también debe abordar el desafío del aumento de los precios energéticos, impulsado por la guerra en Oriente Medio. En este contexto, España se ha posicionado como un líder en la defensa de la agenda verde y la transición hacia una economía sostenible.
El Gobierno español defiende la necesidad de aunar competitividad y lucha contra el cambio climático, reduciendo la dependencia de los combustibles fósiles y apostando por el despliegue de energías renovables. Sin embargo, algunos países, como Italia y Austria, pretenden modificar las medidas de transición ecológica aprobadas en la pasada legislatura, aprovechando la coyuntura inflacionista.
España lidera un grupo de países que se han posicionado a favor de mantener la ambición climática y cumplir con los objetivos de reducción de emisiones a través del sistema de comercio de derechos de emisión (ETS). El Gobierno español considera que este instrumento es fundamental para reducir las emisiones e incrementar los ingresos, y defiende su continuidad frente a las críticas de quienes lo consideran perjudicial para la competitividad de sus industrias.
Competitividad y mercado único: una agenda diluida
El Consejo Europeo tenía previsto centrarse en la competitividad y el mercado único, pero la guerra de Irán y Ucrania han relegado estas cuestiones a un segundo plano. A pesar de ello, la UE mantiene una agenda de prioridades en el ámbito económico, con objetivos que deberían estar aprobados durante 2026.
Entre las prioridades figuran el impulso del mercado único mediante la aprobación de la declaración electrónica (e-Declaration) para facilitar la prestación de servicios transfronterizos, la armonización de normativas y el reconocimiento mutuo de legislaciones, la aplicación del principio de “solo una vez” (datos a la administración pública una sola vez), la simplificación de normas y procesos legislativos y el impulso de la preferencia europea con el Acta de Aceleración Industrial.












