
EL GLAUCOMA, UNA AMENAZA SILENCIOSA PARA LA VISIÓN EN ESPAÑA
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Se estima que en España, alrededor de 1,1 millones de personas padecen glaucoma, siendo el glaucoma de ángulo abierto el tipo más común. Lo preocupante es que cerca del 40% de los afectados, unas 400.000 personas, desconocen que sufren esta enfermedad, ya que en sus etapas iniciales suele avanzar sin presentar síntomas evidentes, lo que retrasa el diagnóstico hasta que la pérdida de visión es considerable.
El glaucoma es la principal causa de ceguera irreversible a nivel mundial. Sin embargo, esta condición podría prevenirse en más del 90% de los casos si se detectara a tiempo y se aplicara el tratamiento adecuado.
La situación en La Rioja
En la comunidad de La Rioja, esta enfermedad afecta a más de 7.000 personas ya diagnosticadas, pero se estima que otras 3.000 podrían padecerla sin saberlo. La Asociación de Glaucoma para Afectados y Familiares (AGAF) advierte que la cifra podría ascender a 10.300 afectados para el año 2030 si no se toman medidas preventivas urgentes.
Según datos de AGAF, alrededor de 379.000 personas diagnosticadas con glaucoma en España tienen reconocido algún grado de discapacidad, lo que representa aproximadamente el 58% de los pacientes.
De estos, más de la mitad, un 55,6%, presenta un grado de discapacidad superior al 65%, uno de los niveles más altos dentro del sistema de reconocimiento de discapacidad.
El peligro de la asintomaticidad
El principal peligro del glaucoma reside en su naturaleza asintomática durante las fases iniciales. No provoca dolor, ni enrojecimiento ocular, ni derrames. Elisa Madorrán, co-directora de Ramón Óptica en Logroño, explica que las alteraciones visuales solo se hacen perceptibles para el paciente en etapas avanzadas. “Es muy, muy difícil que una propia persona se dé cuenta de que está perdiendo visión”, señala la óptica-optometrista, debido a que la pérdida de campo visual suele comenzar desde la periferia hacia el centro, lo que dificulta su autodiagnóstico.
La importancia de las revisiones periódicas
Ante la ausencia de síntomas, las revisiones periódicas se convierten en la herramienta fundamental para la detección precoz.
Elisa Madorrán hace un llamamiento a la concienciación, especialmente durante la Semana del Glaucoma. Los factores de riesgo incluyen tener más de 50 o 55 años, antecedentes familiares, diabetes, miopías altas o ser de raza negra. En los centros especializados se realizan pruebas clave como la toma de la presión intraocular, la campimetría para medir el campo visual y un escáner del nervio óptico.
La labor de los optometristas es crucial para la detección precoz y la derivación al oftalmólogo, quien realiza el diagnóstico y pauta el tratamiento. Madorrán subraya que el verdadero problema reside “en los pacientes que no tienen antecedentes y que, como es la enfermedad silenciosa y no da síntomas, pues dan por hecho que como ven bien y no les pasa nada, pues ahí es donde hay que incidir un poco”.
Testimonio de un paciente
Enrique, un riojano de 72 años, es un ejemplo de la enfermedad.
Fue diagnosticado hace décadas a raíz de una diabetes también silenciosa. “Nadie es posible que se dé cuenta de una enfermedad que avanza tan lentamente, que no te das cuenta, y cuando te das cuenta es imposible porque es absolutamente irreversible”, relata. Su testimonio subraya que el diagnóstico solo es posible a través de una revisión médica.
Tratamiento y calidad de vida
Aunque el daño producido por el glaucoma no se puede revertir, un diagnóstico a tiempo y un tratamiento adecuado pueden frenar su avance. A sus 72 años, Enrique no tiene visión en el ojo derecho y conserva un 15% en el izquierdo, pero su estado se ha mantenido prácticamente igual que hace 30 años gracias a seguir rigurosamente la medicación.
Sin ella, advierte, el glaucoma sigue siendo “la primera enfermedad causante de la ceguera total”.
Los pacientes diagnosticados pueden llevar una vida normal, incluyendo la práctica de ejercicio físico. Elisa Madorrán aclara que no hay que confundir la presión intraocular con la arterial, ya que no tienen por qué estar relacionadas. Además, el uso de lentes de contacto no interfiere con la enfermedad y, de hecho, se investiga su uso para administrar la medicación en el futuro, que actualmente consiste en gotas.












