
¿Alfombra roja, para qué? Reflexiones sobre la visibilidad y el cine
Foto: Archivo – Todos los derechos reservados
La experiencia de desfilar por una alfombra roja suele ser descrita como tediosa e incómoda. Tras la llegada al evento, la confirmación de la asistencia, la espera y las fotos, rara vez se consigue una entrevista. Finalmente, con suerte, se obtiene alguna foto del evento. A menos que uno se sienta especialmente atractivo ese día, es preferible dirigirse directamente a la sala y disfrutar de la película.
El debate sobre quién pisa la alfombra roja
Últimamente, se ha generado debate en torno a las alfombras rojas del cine español, sobre quién debería tener acceso a ellas, y sobre la pertinencia de invitar a *influencers* a eventos como los Goya.
La discusión es legítima, pero antes, deberíamos aceptar que a quien disfruta de las alfombras rojas tiene una personalidad muy definida.
No se trata de la promoción de una película o serie de la que uno se siente orgulloso, sino más bien de ese deseo de asistir a todo evento al que se es invitado, ya sea un estreno cinematográfico, la presentación de un libro o una obra de ballet. La experiencia de recorrer una alfombra roja puede resultar insoportable, y a medida que aumenta la fama, esta experiencia se reduce al mínimo. Las grandes figuras no esperan en la fila ni hacen entrevistas no pactadas, y el evento comienza cuando toman asiento.
Hace algunos meses, en el preestreno de una película en Madrid, el photocall estaba ubicado en la azotea, pero el ascensor no estaba disponible debido a la inminente llegada de una celebridad. ¡Los demás invitados debían esperar o subir por las escaleras!
¿Exposición o reconocimiento?
¿Qué buscamos en las alfombras rojas?
¿Exposición o reconocimiento? Si se trata de dar visibilidad a quienes han trabajado en un proyecto, la respuesta es afirmativa. No obstante, esta controversia es en vano, puesto que ya sucede. Los Goya invitan a todos los nominados, desde directores de montaje hasta responsables de efectos especiales.
En el Festival de Málaga, también se incluye a una amplia variedad de profesionales. A veces, basta con preguntar y mostrar interés. Un simple correo electrónico o mensaje al productor o director puede ser suficiente, y es raro que se rechace una solicitud genuina (otra cosa son las fiestas privadas, pero esa es otra historia).
La ineficacia de la alfombra roja en la taquilla
Lo sorprendente es que no hay evidencia de que la presencia de nadie en una alfombra roja genere un aumento en la venta de entradas. Cuando un *influencer* cobra por asistir a un evento, la marca o distribuidora sabe que no está invirtiendo en un retorno real, ni en una conversión medible entre atención y ventas.
Se está minimizando el riesgo basándose en un sistema corrupto en el que nadie se atreve a denunciar la situación.
Como señaló María Pombo en una entrevista, los *influencers* que surgen repentinamente gracias a una serie de Netflix no generan ventas, porque el interés se centra en la serie en sí. Lo que realmente funciona es crecer con la audiencia, que conozcan tus gustos y confíen en tu palabra.
Un periodismo cinematográfico más exigente
Si sabemos que a las alfombras rojas va quien quiere, pero que ese lugar no representa nada, ¿cómo atraer al público a las salas? Se necesita una mayor exigencia en la prensa cinematográfica. Es importante que los artistas se pronuncien ante la injusticia, como hizo Javier Bardem en los Oscar.
Sin embargo, preguntar a un director sobre temas políticos en un festival de cine es tan superficial como ciertas preguntas en programas de televisión. Son preguntas fáciles que buscan titulares obvios.
En el periodismo cinematográfico, esto es particularmente grave, porque demuestra la incapacidad de generar conversación en torno al cine y la necesidad de recurrir a temas ajenos para sobrevivir. El periodismo cinematográfico, en su peor forma, se asemeja a una tienda de souvenirs que vende imanes con imágenes genéricas por la falta de identidad propia. Es necesario resistir la tiranía de la actualidad y recuperar el espacio del arte que nos apasiona.













