La novela sin ficción: cuando la realidad supera a la ficción

La novela sin ficción: cuando la realidad supera a la ficción
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La novela sin ficción: cuando la realidad supera a la ficción

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Milan Kundera se sorprendió al encontrar en ‘Kaputt’ de Curzio Malaparte una nueva forma de novela. Esta “intención estética”, como la describe Kundera, podría explicar el auge de la “novela sin ficción”, un género muy popular en Iberoamérica.

Este género, primo hermano de la crónica, que se basa en hechos verídicos y utiliza herramientas narrativas, se toma mayores libertades artísticas. Recurre a la imaginación para completar detalles, agilizar la trama e incluso coquetea con la autoficción.

Libertades literarias en la narrativa de lo real

“Una gota de ficción convierte a una trama real en una novela”, afirma Javier Cercas, uno de los principales exponentes de este género. Este formato ambiguo toma personas reales y las transforma en personajes literarios, basándose en hechos verdaderos pero permitiendo cierta fantasía controlada.

Dos autores colombianos destacados, Juan Gabriel Vásquez en ‘Los nombres de Feliza’, que narra la vida de una escultora con una gran historia política y existencial, y Héctor Abad Faciolince en ‘Ahora y en la hora’, que relata su experiencia en Ucrania con un estilo novelístico, recurren a esta fórmula.

En ‘Hasta que empieza a brillar’, el argentino Andrés Neuman convierte la biografía de María Moliner en una novela.

Josefina Licitra, también argentina, realiza una operación similar sobre la memoria crítica de su padre en ‘Crac’, mientras que el español Marcos Giralt Torrente construye un mosaico familiar en ‘Los ilusionistas’ utilizando su propia genealogía.

Jaime Bayly, el escritor peruano conocido por sus testimonios sobre su familia y su vida, recrea libremente el ascenso de Hugo Chávez y su relación con Fidel Castro en ‘Los golpistas’.

¿Por qué la realidad supera la ficción?

La chilena Nona Fernández utiliza un enfoque similar en ‘Marciano’, retratando a un guerrillero legendario que atentó contra Pinochet. Al final, el protagonista señala que el libro contiene “un poco de realidad y bastante de ficción”.

Jorge Carrión explica que las industrias culturales han multiplicado la producción de narrativas de lo real ante la necesidad de contrarrestar las ficciones cotidianas. Existe una necesidad colectiva de leer y consumir hechos narrados en un contexto de fabulación y falta de evidencia científica. “Como la realidad se vuelve ficción, nos refugiamos en narrativas aproximadamente reales.

Las necesitamos más que nunca. Y no cesan de renovarse”, afirma Carrión.

Estas novelas actuales son reportajes con licencias literarias, y a veces resultan más verdaderas que la mismísima verdad.