
¿Unidos por la Historia? Reflexiones sobre la Hispanidad y su Fragmentación
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Francisco de Miranda, en una carta de 1813 desde su prisión, expresaba su deseo de ver triunfar la libertad en ambos mundos, celebrando la Constitución de Cádiz como un intento de unir españoles peninsulares y americanos en una nación de ciudadanos libres e iguales. Su lucha no era contra España, sino contra el absolutismo, y veía en la Constitución una oportunidad para la unidad hispánica.
El Sueño de la Unidad y sus Obstáculos
Sin embargo, este proyecto de nación bicontinental llegó tarde, cuando los americanos buscaban la independencia, y demasiado pronto, antes de que la aristocracia peninsular se modernizara. Las ambiciones y los desacuerdos impidieron que la nación esbozada en Cádiz se consolidara. La hispanidad se convirtió en nostalgia, un anacronismo, o un anhelo, pero no en un proyecto adaptado a los tiempos.
La unidad del mundo hispano era sólida, basada en lengua, religión, mentalidad y criterios jurídicos y morales.
La reacción ante la retención de Fernando VII en 1808 fue la misma en Zaragoza y Caracas: defender la religión y al rey. Pero la idea de que la soberanía volvía al pueblo en ausencia del rey resultó ser una bomba disolvente, minando la autoridad.
En América, cada provincia se hizo soberana, vaciando de poder a las capitales. Sin rey, cada municipio elegía si se unía a la Junta de Sevilla o a la Regencia española. Un territorio unido durante tres siglos comenzó a fragmentarse, llevando a guerras civiles.
La convivencia entre americanos y peninsulares se transformó en conflicto, y la historia resultó en una grieta atlántica, no solo geográfica, sino también identitaria.
Resurgimiento y Desencuentro
En el siglo XIX, el poeta José María Torres Caicedo invocó la unidad de americanos y españoles, pero la América hispana soñaba con parecerse a Estados Unidos. La guerra hispano-estadounidense de 1898 revivió la nostalgia por la hispanidad, y se estrecharon los vínculos culturales. Se fundaron Academias de la Lengua y se rescataron elementos culturales compartidos.
Los Institutos de Cultura Hispánica de Franco buscaron una comunidad espiritual, pero solo los conservadores latinoamericanos se sintieron interpelados. En el siglo XX, los americanos se enfocaron en sus revoluciones y los españoles en Europa, aumentando la distancia.
La crisis económica llevó a españoles a emigrar a América y a americanos a Europa, pero resurgió el recelo hacia los inmigrantes.
El Nuevo Panhispanismo Ideológico
La crisis en Europa ha revivido el interés por la unidad hispánica. Algunos intelectuales proponen un polo hispano como dique civilizatorio, combatiendo la Leyenda Negra y cohesionando a los hispanos en torno al odio al enemigo. Se revisa la historia para demostrar que España actuó correctamente en América, sin necesidad de pedir perdón.
Felipe VI ha desvirtuado estas interpretaciones, recordando los abusos cometidos durante la conquista. Las visiones reduccionistas de la historia buscan un enemigo externo y no consideran el tránsito del mundo hispánico a la modernidad, donde se encuentran las claves de la desunión.
América se fragmentó y, para crear naciones modernas, los americanos pasaron por un proceso arduo, lleno de sangre y negociaciones.
Se inventaron rituales nacionales para materializar la ficción de la nacionalidad en la mente y el corazón de las poblaciones, creando fronteras infranqueables y dificultando la creación de instituciones supranacionales.
Unión en la Acción
A pesar de la disolución del mundo hispánico, la idea de reunir a América con España no es descabellada. Pero debe tenerse en cuenta la realidad nacional, el celo soberanista y la desconfianza. No basta con una religión, lengua y cultura común, ni con desmentir la Leyenda Negra. La unión se logra emprendiendo empresas conjuntas que beneficien a todos: informativas, científicas, académicas, políticas, económicas y turísticas.
Es necesario inventar los motivos de la unión, pues solo los intereses compartidos y la acción para lograrlos pueden propiciar encuentros.
No se trata de volver a tiempos pasados, sino de imaginar un proyecto en el que podamos volver a trabajar y convivir juntos.













