
El Regreso de la Delgadez Extrema: Una Herida Abierta
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Estoy enfadada, dolida, rabiosa. Crecí en los ochenta y fui adolescente en los noventa, una época donde odiar tu cuerpo era casi un mandamiento.
Odiarlo por tener carne, porque nunca se parecía al ideal impuesto por la música, la moda, el cine, los videoclips y las revistas. Un ideal de cuerpos minúsculos, frágiles, con huesos marcados, una delgadez extrema que no solo era belleza, sino estatus y aceptación, justo en el momento vital en que más lo necesitábamos.
Ser adolescente en esos años significaba comprar revistas con portadas de tu grupo favorito junto a titulares como: “Pierde cinco kilos en una semana”, “elimina tu barriga”, “controla tu apetito en 10 pasos”. Era ver a Kate Winslet llamada “gorda” en Titanic, y que se hicieran chistes sobre su peso en programas populares. Era que te escupieran a ti ese “gorda” como el peor de los insultos.
El “Heroin Chic” y sus Consecuencias
El ideal de belleza se llamaba “heroin chic”, una estética que imitaba los efectos del consumo de heroína: cuerpos esqueléticos, frágiles y enfermizos.
Se nos enseñó que nuestros cuerpos debían menguar hasta desaparecer. La anorexia y la bulimia se dispararon entre adolescentes y mujeres jóvenes, dejando una huella imborrable en muchas: rechazo, juicio y culpa al comer una simple galleta de chocolate.
Parecía que habíamos superado ese horror, que los cuerpos diversos eran cada vez más representados, que la carne real ya no era motivo de burla, que lo que queríamos era estar fuertes y ocupar el espacio. Pero la alfombra roja de los Óscar recientes confirmó una tendencia preocupante: el regreso de la delgadez extrema como modelo estético.
Dolió como una herida sangrante.
Un Signo de los Tiempos
¿Es casualidad que este mensaje se lance a las mujeres justo ahora?
No. Es un reflejo de los tiempos. Como Naomi Wolf explicó en ‘El mito de la belleza’, cada avance feminista conlleva una reacción. Cuando las mujeres avanzan en derechos y presencia pública, el sistema encuentra nuevas formas de disciplinarlas.
Una de las más poderosas es hacer que odien sus cuerpos. El canon estético extremo actúa como un muro de contención, porque una mujer que gasta energía y tiempo en intentar corregirse para ser aprobada socialmente, una mujer insegura y con la autoestima mermada, es una mujer mucho más inofensiva para el sistema.
Los cuerpos disciplinados son dóciles, están debilitados y no concentrarán sus energías en cuestionar al poder.
No es casualidad que esto coincida con el auge de la extrema derecha, con los discursos reaccionarios y la vuelta a los valores tradicionales.
No Permitiremos que la Historia se Repita
Me ha emocionado ver que no estoy sola, que muchas mujeres alzan la voz igual de indignadas. La adolescencia nos dejó una herida, pero también un conocimiento y un legado para las nuevas generaciones: no permitir que pasen por lo mismo que nosotras. Esta vez no.
Quizás mostrar nuestros cuerpos cobre ahora más sentido que nunca. Utilizar nuestras cicatrices para frenar esta locura. Que la historia no se repita. Que no pasen.












