El West End de Ibiza: Entre noches sin freno y un “espejismo transformador

El West End de Ibiza: Entre noches sin freno y un "espejismo transformador
Imagen de archivo: https://www.eldiario.es/

El West End de Ibiza: Entre noches sin freno y un "espejismo transformador

Foto: Archivo – Todos los derechos reservados

El West End de Sant Antoni, en Ibiza, sigue siendo un punto crítico con desafíos complejos. El gobierno local ha ampliado los horarios de los bares en invierno, pero los empresarios del sector nocturno demandan más acciones, mientras que los vecinos expresan su frustración por problemas persistentes, a pesar de iniciativas como el mural de Okuda San Miguel.

Ampliación de horarios en invierno: ¿Solución o parche?

El equipo de gobierno del PP ha extendido el horario de cierre de los establecimientos del West End durante los meses de invierno, específicamente los viernes, sábados y fechas señaladas entre el 1 de noviembre y el 30 de abril. Esta medida, que permite hasta dos horas adicionales de actividad, busca responder a una demanda histórica del sector.

La Asociación Empresarial de Ocio Nocturno Noches de Eivissa (AEON) ha recibido positivamente la decisión, aunque la considera insuficiente. Los empresarios insisten en la necesidad de derogar la Zona de Protección Acústica Especial (ZPAE), una normativa que exige a los locales acreditar el cumplimiento de los límites ac&uacutesticos mediante certificados técnicos y sonometrías incluso en invierno.

Desde el Ayuntamiento recuerdan que la eliminación de la ZPAE requiere el cumplimiento sostenido de los Objetivos de Calidad Acústica (OCA) aplicables a la zona. Las mediciones deben indicar que su cumplimiento se acerca en algunos puntos concretos, pero los niveles sonoros deben estar por debajo de los límites exigidos de forma continua.

“Desigualdad de condiciones” y cierres de negocios

La mayoría de los empresarios sostienen que la ZPAE mantiene al West End en “desigualdad de condiciones”, advirtiendo que desde su implantación ha provocado el cierre de más del 50% de los negocios, con la consiguiente pérdida de actividad y empleo. Afirman que esta medida “pone en peligro” la viabilidad de los pocos establecimientos que aún luchan por sobrevivir.

Sin embargo, algunos, como Toni Marí, consideran que la ZPAE es una herramienta “necesaria”, aunque su aplicación haya tenido fallos importantes. Crítica la inclusión de la calle del Mar dentro del West End, lo que ha perjudicado a negocios con actividad durante todo el año y clientela local, provocando cierres. A su juicio, la limitación de horarios no ha reducido el turismo de excesos, sino que lo ha desplazado a otros puntos o a discotecas.

Joan Pantaleoni, cuya familia regenta un bar en el paseo principal de Sant Antoni, coincide en que las restricciones específicas en el West End, como la obligación de doble puerta, la prohibición de música en exteriores o el cierre anticipado, generan una “desventaja competitiva directa” que compromete la viabilidad de muchos negocios.

Desde el gremio alertan de que, si no se toman medidas más contundentes, el West End corre el riesgo de perder progresivamente actividad, su tejido empresarial y su identidad histórica, convirtiéndose en un área residual en lugar de un lugar clave del ocio.

Rehabilitación urbana: ¿Más allá del arte de Okuda?

El vicepresidente de la asociación, José Colomar Ribas, considera que en el West End es necesario ir más allá de la obra de Okuda: mejorar la iluminación de las calles adyacentes, aumentar la zona de intervención de arte urbano y apoyar y revitalizar todo el barrio, con un refuerzo de la limpieza.

Una vecina, identificada como Aurora, denuncia las molestias que generan las obras, el camión de la basura y el comportamiento de los turistas cuando cierran los bares. En abril del año pasado, el Ayuntamiento buscó aportar “sombra y color” a la calle Santa Agnès con el mural ‘Arcoíris Infinito’ de Okuda San Miguel, con un coste de 371.000 euros, más los costes de mantenimiento.

A pesar de la colorida reconversión, el entorno inmediato sigue mostrando signos evidentes de abandono: bajos cerrados, fachadas deterioradas y grafitis. Persiste la presencia de jóvenes turistas atraídos por el ocio nocturno, generando problemas de ruido y suciedad. “El problema es cuando cierran los bares y se quedan en las calles gritando, vomitando y orinando”, denuncia Aurora.

“Punto de consumo de estupefacientes”

Además de los problemas de ruido y suciedad, se suma la presencia de venta ambulante y otros fenómenos asociados. Un empleado de un kebab cercano denunció que frecuentemente se reproducen escenas de consumo de drogas y conflictos en los alrededores de su establecimiento. Bajo el mural de Okuda persisten cables a la vista y edificios en mal estado.

Algunos sectores del West End critican que la inversión se ha centrado en una actuación estética que no ha logrado revertir el problema estructural. Toni, propietario de un bar enfocado a residentes y clientela española, denuncia que el espacio, concebido como una “plaza del arte”, es más un punto de concentración de consumo de sustancias y ocio descontrolado.

Las críticas también apuntan a una pérdida de identidad local, al considerar que este tipo de intervenciones se alejan de la estética tradicional ibicenca. Los vecinos coinciden en que el problema de fondo no solo persiste, sino que en algunos casos se han desplazado o intensificado. “No se arregla con color”, resume Toni Marí, reclamando medidas más profundas y sostenidas en el tiempo.