
Agirre ante la guerra: Valor y valores, un legado para la actualidad
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El 22 de marzo de 1941, en plena Segunda Guerra Mundial, el Lehendakari Agirre se encontraba en Berlín, corazón del Reich nazi. Desde allí, con ayuda de países latinoamericanos, luchaba por reorganizar las fuerzas de Euskadi y por la supervivencia de su familia.
Agirre ya había sufrido la pérdida de su hermana Encarnación en los bombardeos de La Panne, Bélgica, y era consciente del peligro que corría si era capturado, similar al que enfrentó Lluís Companys, presidente de la Generalitat.
La guerra, una constante en su vida
Los conflictos armados marcaron profundamente la vida y trayectoria política de Agirre. En 1958, recordaba cómo su vida libre se inició en una época turbulenta, primero con la guerra civil española y luego con la contienda mundial provocada por el totalitarismo hitleriano. En ambos conflictos, Euskadi se posicionó del lado de la libertad.
Con tan solo 32 años, Agirre lideró la defensa de Euskadi frente al golpe franquista, organizando un ejército con recursos limitados y enviando a compatriotas al frente. Cada muerte le afectaba profundamente, pero su gran empeño fue humanizar la guerra, contener el odio y la venganza.
Humanizar la guerra: su gran empeño
Priorizó la protección de la población civil y de los prisioneros, denunciando internacionalmente masacres como la de Gernika. Practicó la legítima defensa hasta los límites del territorio y antepuso el futuro del País Vasco, evitando la política de tierra quemada, con el lema: “Ni una iglesia tocada, ni una riqueza destruida, ni un hombre sin trabajo”. Fue un hombre de paz, consciente de los sacrificios y el trabajo diario que ésta exige.
El sufrimiento de la guerra fortaleció su convicción en un orden internacional basado en reglas, participando activamente en la gestación del proyecto europeo y en la Conferencia de San Francisco que dio origen a la ONU. Una Euskadi libre, una Europa democrática y un mundo en paz eran los pilares del compromiso vital de Agirre.
Un legado para la Europa actual
Agirre apostaba por una Europa como comunidad de valores, entendiendo así a la Humanidad. La defensa del multilateralismo y de un orden internacional basado en normas no debe descartarse según las circunstancias. Europa debe ser un actor global y actuar con una sola voz.
La firmeza ética y el pragmatismo son principios básicos de su legado. La paz exige renuncias y decisiones difíciles por parte de los gobernantes, asumiendo la responsabilidad sin culpar a terceros.
La dependencia nos hace vulnerables ante quienes camuflan la subordinación como cooperación. Por ello, la soberanía estratégica europea es vital en suministros, energía, alimentación, industria, tecnología, seguridad y defensa.
Agirre, admirador de Roosevelt y de América, habría rechazado la tiranía de regímenes autoritarios, defendiendo los principios y el orden internacional en el que creía.
Fortalecer los valores compartidos
En tiempos de ataques a la democracia, los derechos humanos, las libertades y la justicia social, es crucial fortalecer los valores que compartimos como comunidad. Se necesita un pensamiento crítico y ético que cuestione permanentemente los nuevos retos y problemas.
Recordando a Agirre, es importante no ceder a la resignación y preguntarnos si nuestras acciones y palabras responden a los ideales que compartimos como nación dentro del proyecto común europeo.
Debemos seguir construyendo alianzas para un mundo mejor y más justo, fortaleciendo nuestra nación, con entusiasmo y fe, creyéndonos capaces de representar los valores que nuestro país representa.
En el aniversario de su muerte, recordamos y homenajeamos al Lehendakari Jose Antonio Agirre Lekube, tratando de actuar fiel a sus valores y pensamiento, que son la brújula moral que guiará el camino de nuestro pueblo en estos tiempos convulsos.













