
El auge del pan artesanal: ¿Por qué pagar más por una hogaza?
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¿Pagar más del triple por una hogaza de pan? Para muchos, podría parecer un sinsentido. Sin embargo, para Gus y Caterina, los creadores de la panadería mallorquina Uco, es el precio justo por un producto que honra la tradición y la calidad. Sus panes, con precios que oscilan entre los 6 y los 10 euros, son el resultado de un meticuloso proceso de elaboración que puede superar las 24 horas de fermentación, un contraste notable con la producción industrial.
El secreto está en el proceso
La clave no reside únicamente en el precio, sino en la dedicación y el tiempo invertidos.
“Es el pan como se hacía antes, un pan fermentado naturalmente”, explica Gus. Mientras que un pan industrial se produce en cuestión de horas gracias a levaduras químicas, su método artesanal requiere hasta 30 horas, comenzando con la masa madre, que ellos mismos cuidan y mantienen viva desde hace cinco años. Esta paciencia se traduce en beneficios tangibles para el consumidor.
Digestibilidad, sabor y durabilidad: las ventajas del pan artesanal
Las ventajas principales son tres: digestibilidad, sabor y durabilidad. “La primera, y diría la más importante, es la digestibilidad del pan.
Tenemos testimonios diarios de clientes que confirman que este pan sienta bien”, afirma Gus. Además, la fermentación lenta enriquece el sabor con matices más complejos, y la acidez natural del pan prolonga su vida útil, evitando la aparición de moho.
Comunicar el valor del producto
Caterina explica que el precio rara vez es un problema para sus clientes, ya que su prioridad es comunicar el valor intrínseco del producto. “Siempre hago la comparación con dos cervezas, que hoy en día cuestan prácticamente 6 euros en un bar. Un kilo de pan de masa madre con harinas integrales hechas en Mallorca, que te dura una semana, cuesta lo mismo”, argumenta.
Caterina anima a los consumidores a mirar más allá de las etiquetas del supermercado.
“Sorprendería lo caro que es el pan industrializado”, asegura. Una visita a una gran superficie revela que, si bien la barra básica de pan de pueblo puede costar alrededor de 2 euros el kilo, otros panes, como el de espelta, se venden a 5 euros/kg, y el de centeno, a 11 euros/kg, precios que se acercan e incluso superan a los de Uco.
Desmontando mitos sobre la masa madre
La fundadora también busca desmitificar ciertos aspectos relacionados con este alimento. “Una de las grandes mentiras que ocurren hoy en día es subirse a la moda de la masa madre engañando al consumidor”, critica, diferenciando entre “hacer pan con masa madre” y “hacer pan de masa madre”. Para ella, la clave está en los procesos y la calidad de los ingredientes, y no en demonizar un alimento básico de la dieta mediterránea.
De experimento casero a negocio exitoso
Lo que comenzó como un experimento casero de dos abogados, Gus y Caterina, se ha transformado en una empresa con cuatro tiendas, 19 empleados y una producción diaria de hasta 500 hogazas.
Invirtieron apenas 40.000 euros para abrir su primer local, y gracias a una estrategia de crecimiento prudente, han logrado recuperar la inversión de cada nueva tienda en menos de un año.
Su modelo de negocio se basa en la venta directa al cliente y una imagen de marca muy cuidada, concibiendo la panadería como una experiencia en sí misma. Aunque proveen a más de 35 hoteles y cafeterías, su prioridad sigue siendo el cliente local. Por esta razón, a pesar de las ofertas que han recibido, se niegan a franquiciar para no comprometer su esencia y calidad artesanal. “Lo más difícil de un negocio, aparte de trabajar bien tus márgenes, es crecer a nivel equipo”, confiesa Caterina.
Para los fundadores, el futuro del sector pasa por una tendencia de consumo consciente, donde el cliente demanda información y transparencia.
“El cliente quiere saber qué es lo que está comiendo”, concluye Gus. Su apuesta es clara: un producto de calidad, con raíces locales y una historia que, como su pan, fermenta con paciencia y pasión.












