
Menchu Gal, pionera y vanguardista con una mirada propia
Noticia relacionada general No No Esther Gatón: «Tengo fascinación por los materiales poco controlables» Henar DíazEn el recorrido de la exposición en Serrería Belga, organizado por géneros –paisaje, bodegón…–, se intercalan vinilos con citas relevantes y fotografías donde aparece la artista. Llama la atención una de los años setenta rodeada de Gaspar Montes Iturrioz (su primer maestro), Benjamín Palencia, Eduardo Chillida, Luis Vallet, Manolo Montes y Jorge Oteiza. «’Blancanieves y los siete enanitos’, llamaban a Menchu y sus colegas», recuerda Edorta Kortadi, especialista y amigo de la creadora. En una ocasión, ella le preguntó qué quedaría de su obra entre tantas vanguardias.
Kortadi le respondió: «Sin duda, tus paisajes». Magistrales, vibrantes y heterogéneos, en ellos se puede ver la evolución de una personal y larga trayectoria (hay un cuadro que pintó con 13 años), en la que se acercó a diversas corrientes, sin encasillarse en ninguna. En algunos resuenan ecos cubistas, movimiento que experimentó gracias a su estancia en París con el pintor Amédée Ozenfant , aunque su verdadera pasión era el juego con el color y la línea curva propios de Matisse, a quien conoció. No hay más que ver los bosques vibrantes de la primera sala o el lienzo de la vendimia en el que los trabajadores –meras pinceladas arqueadas– se confunden con las flores.
Las localizaciones son variadas, desde los horizontes castellanos que aprendió a contemplar junto a Benjamín Palencia –donde descubre una luz austera y una estructura casi arquitectónica del espacio– hasta las vistas de Madrid, como azoteas o el Palacio Real, en las que la ciudad se convierte en un entramado de planos y ritmos alejados de la literalidad. Y su querido norte, con las playas de Fuenterrabía y las marinas, donde las formas se simplifican, la pincelada se libera y el color se intensifica. En obras hipnóticas como ‘Nocturno en el Bidasoa’, destaca el cromatismo fauvista.arte_abc_0724En sus retratos, esa misma libertad se traduce en una búsqueda de lo esencial que prioriza la presencia y el carácter psicológico. Los del pintor Vela Zanetti y de su madre son buenos ejemplos –contenidos, densos, introspectivos–, o sus desnudos femeninos, poco habituales siendo mujer.
En los interiores y bodegones, vemos un claro recorrido del naturalismo a la complejidad vanguardista, siempre con un estilo muy propio.Menchu Gal ‘Imágenes de una vida’ Lugar: Serrería Belga (Madrid) Dirección: C/ Alameda, 15 Comisaria: Marisa Oropesa Clausura: Hasta el 28 de junio Valoración: ****Menchu Gal pintaba directamente sobre el lienzo, sin bocetos ni redes previas, en un gesto rápido y decidido que deja visible la materia. En toda su obra hay una dimensión física imposible de valorar a través de una pantalla. Sus cuadros exigen ser vistos de cerca: en la densidad de la pintura, el trazo y el color palpitante reside su fuerza. «Yo pinto lo que siento y lo que siento tiene color», decía.













