
EL RESURGIR DEL EMPAPELADOR: STANZIA, UN OFICIO CON NOMBRE PROPIO
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David y Glennys, la pareja detrás de Stanzia, están redefiniendo el oficio del empapelador, separándolo de la pintura y elevándolo a una especialidad con demanda propia. Desde Balaguer (Lleida), han convertido su pasión por el papel pintado y los murales decorativos en un negocio próspero, basado en la especialización y un modelo de trabajo que valora la calidad por encima del simple metro cuadrado.
Un enfoque innovador en la tarificación
David se distancia de las tarifas estándar del sector. “El rango en España es de 12 a 18 euros el metro cuadrado, pero nosotros cobramos por proyectos”, explica. Este método les permite comprometerse con un resultado perfecto, un valor añadido que sus clientes reconocen y aprecian.
De pintor a especialista en papel pintado
La historia de Stanzia es una de evolución y pasión.
David comenzó como pintor a los 15 años y, tras independizarse a los 21, buscaba un nuevo desafío. “Siempre he querido aprender, innovar… Quería dar un paso a la especialización”, comenta. Encontró su inspiración en instaladores de otros países, estudiando sus técnicas a través de videos en YouTube.
Un sueño compartido hecho realidad
David y un compañero soñaban con un futuro donde el empapelado fuera una profesión independiente.
Hace seis años, Glennys comenzó a ayudarle en su tiempo libre. Su apoyo se hizo indispensable y, hace un año y medio, decidieron fundar Stanzia y dedicarse exclusivamente al papel pintado.
Más que pintura: un oficio complejo y especializado
El trabajo de un empapelador profesional es mucho más complejo que la imagen tradicional del pintor. “Necesitas mucha más formación, ya que hay muchos soportes diferentes”, explica David. Cada material –vinílicos, textiles, fibra de vidrio– requiere una preparación, un adhesivo y una técnica de instalación específicos, a menudo con certificaciones de las propias marcas.
Alta demanda y escasez de profesionales
La falta de especialistas hace del empapelador un oficio con alta demanda y poco desempleo, según David y Glennys.
Las marcas a menudo les recomiendan clientes para asegurar una instalación correcta y ofrecer garantías. La experiencia les ha enseñado que la calidad tiene un precio: aunque algunos rechacen inicialmente el presupuesto, terminan volviendo tras una mala experiencia con otros profesionales, lo que resulta aún más costoso.
Resolviendo problemas y demostrando su valía
Recientemente, Stanzia solucionó una instalación defectuosa en un hotel de Almería, realizada por una empresa sin la formación adecuada. “Era un trabajo muy difícil, tenías que saber hacerlo”, recuerdan. Este éxito les demostró que “ha valido la pena toda la formación y todas las horas que nos hemos comido de tutoriales”.
El toque femenino de Glennys
En Stanzia, Glennys aporta “la parte sensible, la de los acabados, la de la delicadeza”.
Su perfeccionismo es fundamental para lograr resultados impecables. Su presencia también refleja la creciente incorporación de la mujer a los oficios.
Pasión, dedicación y un futuro prometedor
David y Glennys reconocen que la dedicación es total, con horarios exigentes y constantes viajes, principalmente a Barcelona. Su objetivo es que “se vea el oficio de empapelador como un oficio digno”, al nivel de otros países. Su consejo para quienes quieran seguir sus pasos es “estudiar mucho, fijarse en otra gente, preguntar, tragarse muchos tutoriales y sobre todo tener pasión por lo que haces”.












