
Un programa de vivienda como el mejor candidato de la izquierda
Foto: Archivo – Todos los derechos reservados
La posibilidad de que exista un espacio a la izquierda del PSOE se desvanece, como los McFly en “Volver al Futuro”. Sin embargo, un equipo técnico extraordinario y gabinetes ministeriales competentes intentan mantener cosido este espacio común. Existe sintonía entre los jefes de los partidos y relaciones de amistad entre sus dirigentes.
No faltan nombres para encabezar este proyecto: Bustinduy, Mónica García, Ada Colau o Unai Sordo podrían ser opciones válidas. Sin embargo, como en la película, los proyectos se desvanecen no por falta de personas, sino porque se rompe la secuencia que les daba sentido. La esencia desaparece porque se ha roto la historia, el proyecto, la trayectoria que lo sostenía.
Los políticos son ideas, símbolos, encarnaciones de una visión de la sociedad y duran lo que dura ese proyecto. Felipe González representó la modernización de España, José Luis Rodríguez Zapatero la agenda de los derechos civiles, y Aznar la liberalización de la economía. Yolanda Díaz ha representado una izquierda laboralista, sindicalista y defensora de los trabajadores. Su personaje, programa y trayectoria estaban alineados, lo que explica su éxito.
Actualmente, la izquierda a la izquierda de la izquierda no carece de personas, sino de símbolos. Está desnortada, sin saber si es verde, laboralista, populista o todo a la vez. Le falta un proyecto que encarnar para un espacio que ya no sabe cómo definirse más allá de su posición respecto al PSOE.
Mientras los partidos de la izquierda buscaban desesperadamente un candidato, el viernes surgió uno inesperado: un plante en el Consejo de Ministros y una apuesta por el control de los precios del alquiler. De repente, el espacio se llenó, aunque nadie conozca el nombre que aparecerá en la papeleta.
Este espacio tiene sentido: el de plantar cara a la espiral especulativa que amenaza con convertirnos en una sociedad feudal. Los partidos no deberían temer convertirse en “single-issue parties”, ya que la vivienda, junto con la participación social por el trabajo y las pensiones, es un pilar fundamental de la sociedad.
Resolver el problema de la vivienda: una operación quirúrgica compleja
Resolver este problema requerirá una operación quirúrgica compleja que involucrará a muchos especialistas: uno para sacar de la especulación los suelos no desarrollados, otro para remodelar el urbanismo en las grandes ciudades, otro para buscar la equidad intergeneracional, otro para encontrar alternativas de inversión que respalden la economía productiva, otro para arreglar la fiscalidad del sector y muchos para encontrar soluciones de urgencia mientras llegan las de largo plazo.
Ningún partido tiene una propuesta cercana a resolver este problema creciente, que amenaza con afectar la convivencia. Ni siquiera existe consenso sobre cómo debería ordenarse la vivienda en el siglo XXI: ¿aspiramos a que todos sean propietarios o aceptamos que la mitad de la población sea arrendataria y la otra mitad arrendadora? ¿Deberían todas las generaciones hacer el mismo esfuerzo para acceder a una vivienda?
Resolver el problema de la vivienda justifica la existencia de un espacio político. El ejercicio de pensar cómo hacerlo, de lanzar mensajes transformadores y de dibujar un futuro con una vida buena para todos podría llenar ese espacio y sostenerlo hasta que los partidos decidan, con un programa, quién es el candidato que encarna esa visión.
Podrían dejar de definirse por su posición respecto al PSOE y empezar a ser una izquierda con nombre propio, como “abundantista”.












