La doble vara de medir en la España actual

La doble vara de medir en la España actual
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La doble vara de medir en la España actual

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En la España de hoy, la percepción de los hechos parece depender más de quién los protagoniza que de la naturaleza de los mismos. Se observa una clara disparidad en cómo se juzgan acciones similares dependiendo de si involucran al gobierno actual o a figuras de la oposición.

Escándalos y controversias: dos pesos, dos medidas

Un ejemplo de esta doble vara de medir es el tratamiento mediático de ciertos escándalos. Se considera un escándalo mayúsculo que el hermano del presidente del Gobierno residiera temporalmente en la residencia oficial, mientras que se pasa por alto que Mariano Rajoy, con fondos públicos, contratase a dos personas durante cuatro años para cuidar a su padre en La Moncloa.

De manera similar, se investiga judicialmente a Begoña Gómez por correos electrónicos enviados por su asistente personal, un cargo al que tienen derecho todas las esposas de los presidentes, pero no se cuestionan los 60.000 euros anuales que cobró Jaime de los Santos por acompañar a Elvira Rodríguez en sus compras y cargar con su bolso.

Que Begoña Gómez dirigiera una cátedra extraordinaria de la Complutense, una colaboración entre la universidad y entidades externas, se considera una impudicia. En contraste, que Ana Botella dispusiera de una planta entera de la residencia presidencial para diseñar su campaña electoral al Ayuntamiento de Madrid con un nutrido grupo de colaboradores se considera un servicio a la democracia.

Se rastrean exhaustivamente los viajes privados de Begoña Gómez, pero se ignoran los traslados de otras esposas e hijos de jefes de Gobierno en los aviones oficiales del Estado.

La influencia de las imágenes y las relaciones

Una fotografía del presidente del Gobierno junto al empresario Víctor de Aldama, investigado por los tribunales, se presenta como prueba de corrupción. Sin embargo, una imagen del líder de la oposición navegando con un narcotraficante se considera parte de un pasado irrelevante.

El hecho de que Sánchez tuviera un asesor que presuntamente acosaba sexualmente a sus colaboradoras lo convierte en cómplice. En cambio, que Ayuso silenciara la denuncia de una concejal por acoso sexual contra el alcalde de su municipio se considera un ejercicio de responsabilidad.

Una fotografía improvisada de Sánchez con Aldama se interpreta como evidencia de su participación en la trama Koldo. Sin embargo, una imagen de Isabel Díaz Ayuso junto a Fernando Camino, alto cargo del grupo Quirón, cuyo vínculo permitió a su pareja obtener una comisión millonaria por la venta de mascarillas, apenas genera atención mediática.

Se cuestiona que Sánchez disfrute de un fin de semana en familia en un parador, mientras que se minimiza que el directivo de Quirón cerrase un local para cenar con Ayuso antes de la destitución de la interventora que obstaculizaba el pago de una deuda millonaria al grupo hospitalario.

Una sociedad enferma de odio

En resumen, la España actual parece estar marcada por una polarización que distorsiona la percepción de la realidad. La inquina y la hostilidad, presentes en ciertos sectores del periodismo, impiden un análisis objetivo y equilibrado de los hechos, perpetuando una doble vara de medir que socava la confianza en las instituciones y en la propia sociedad.