
Una tonelería de La Rioja se erige como la gran escuela artesanal de barricas que une a España y Francia
En España no hay escuelas para el oficio de tonelero, un arte que, sin embargo, es fundamental para la elaboración de vinos de calidad. Esta carencia la suple una tonelería de Cenicero, Tonelería Gangutia, fundada en 1870, que se ha convertido en un referente y en un puente de formación con Francia.
Su gerente, Teresa Pérez, explica en COPE Rioja cómo este taller se ha transformado en una escuela para garantizar el futuro de la artesanía.
Teresa Pérez destaca que la barrica es una parte fundamental en los vinos de guarda, como los de Rioja. Su influencia va mucho más allá del sabor a madera, que considera “posiblemente lo menos importante”.
La barrica es crucial porque “va a hacer que el vino precipite, que el vino se limpie y, sobre todo, que sea longevo en el tiempo”.
Mientras en Francia existen tres escuelas de tonelería que gradúan a decenas de profesionales cada año, en España no hay ninguna formación específica. Por ello, esta tonelería riojana ha retomado un convenio de colaboración con la escuela de Tonelería de Cognac a través del programa Erasmus.
Recientemente, han acogido a 12 estudiantes franceses, siendo la tercera o cuarta vez que participan en esta iniciativa de intercambio para formar a futuros maestros.
Pérez se muestra optimista sobre el porvenir del oficio, asegurando que “tiene el mismo futuro que tiene el vino”. Aunque el sector no atraviesa su mejor momento, recuerda que la tonelería fue reconocida como un “oficio perdido” hace décadas y logró reinventarse.
La clave, según ella, está en la calidad y en la complejidad que la madera aporta.
La importancia de la madera es tal que, como subraya la gerente, en el mundo de los vinos y destilados de alta gama, “diez de diez han pasado por madera”. Pérez matiza que no todos los vinos requieren el mismo tipo de barrica, como la tradicional de 225 litros de Rioja, sino que existe una amplia variedad de capacidades.
Al final, concluye, la diferencia entre una elaboración buena o mala reside en el propio proceso.
En 1870, Santiago Gangutia estableció la primera tonelería de la región, sentando así las bases de su historia y tradición.
Esta colaboración entre artesanos es un reflejo del estrecho vínculo entre La Rioja y Francia, que se celebra estos días en Logroño con las jornadas ‘Que vuelvan los franceses’. Un encuentro que busca hermanar la gastronomía gala y los vinos de la región, reforzando lazos profesionales y culturales.
Unas jornadas que se llevarán a cabo durante los próximos días en el Mercado de Abastos de Logroño. Un maridaje entre gastronomía y vino, un maridaje entre franceses y riojanos.













