
NUEVO TITULO: Psicólogo infantil alerta sobre el daño de las pantallas en el desarrollo de los niños
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El psicólogo y experto en infancia Vicenç Arnaiz ha publicado su nuevo libro, ‘Educar a la intemperie’, una recopilación de 62 artículos que pretenden servir de guía en la educación de los niños en tiempos de incertidumbre. En su obra, Arnaiz analiza los profundos cambios sociales y culturales que obligan a replantearse los modelos educativos, haciendo especial hincapié en el impacto negativo de la digitalización en el desarrollo infantil.
El peligro de la tecnología en los cerebros jóvenes
Arnaiz advierte con preocupación sobre el daño que la tecnología está causando en los niños. “Las pantallas están haciendo destrozos en los cerebros y en las relaciones”, afirma. El psicólogo explica que el cerebro infantil, debido a su alta plasticidad, recibe la información sensorial de los dispositivos y se adapta a sus potentes estímulos.
Esto provoca que las relaciones humanas, al no ser tan estimulantes, pierdan atractivo para los niños.
Este aviso se alinea con decisiones como la reciente medida de un instituto de Ciutadella de reducir las horas de digitalización en las aulas tras confirmar los expertos sus efectos perjudiciales. Sin embargo, Arnaiz denuncia la paradoja de que, al mismo tiempo, se presiona a los padres desde los centros educativos para comprar dispositivos como Chromebooks, sin advertir de los riesgos asociados a su uso.
El estrés neurológico causado por las pantallas
El psicólogo califica la situación como “un auténtico disparate” y subraya que el abuso de la tecnología es más perjudicial que otros factores. “Las pantallas causan en los niños un estrés de carácter neurológico”, insiste Arnaiz, explicando que el cerebro busca biológicamente replicar esos estímulos tan sugerentes y continuados que ofrecen los dispositivos, en detrimento de la interacción real.
La visión errónea sobre el egoísmo infantil
Otro de los temas que Arnaiz aborda en su libro es la idea, a su juicio equivocada, de que los niños son egoístas por naturaleza. El autor atribuye esta creencia a la “ignorancia” y a un profundo desconocimiento sobre las etapas del desarrollo infantil.
Para él, lo que a menudo se interpreta como egoísmo es en realidad una falta de madurez para regular sus propios impulsos.
Arnaiz recuerda la creencia científica, vigente hasta los años 80, de que los bebés no sentían dolor al asumir que su cerebro no estaba conectado. Esta idea, hoy totalmente refutada, justificó durante décadas intervenciones quirúrgicas sin anestesia. “No es tanto una cuestión de maldad, sino de ignorancia”, reflexiona el psicólogo.
Empatía y colaboración en la infancia
Frente a esa imagen negativa, Arnaiz defiende que la empatía y la colaboración son espontáneas en la infancia. “Basta con que un niño esté usando una cosa para que todos quieran jugar”, ejemplifica, matizando que no se trata de un arrebato egoísta, sino de un impulso de imitación e interés social.
Como prueba, menciona proyectos en los que niños de escuela visitan centros de día y ayudan a personas mayores de forma natural y desinteresada.
‘Educar a la intemperie’ se presenta como una herramienta fundamental en el contexto actual, donde los patrones educativos tradicionales ya no son suficientes. Arnaiz concluye que es necesario transformar continuamente los objetivos y la mirada hacia la infancia.












