
Planificar el Decrecimiento o Sufrirlo
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La crisis energética actual, exacerbada por conflictos geopolíticos, ha puesto de manifiesto nuestra profunda dependencia de flujos de energía que a menudo pasan desapercibidos. Encendemos luces, usamos ordenadores, ajustamos la climatización y llenamos depósitos de combustible sin considerar el entramado que hace posibles estas acciones cotidianas. La energía nos rodea, pero su suministro raramente ocupa nuestros pensamientos.
Esta situación revela una irónica convergencia entre el movimiento ecologista que aboga por la reducción del consumo como imperativo para la sostenibilidad, y organizaciones como la Agencia Internacional de la Energía (IEA), cuyo objetivo es asegurar el flujo energético global. Si bien los decrecentistas proponen medidas estructurales con visión ecológica, la IEA las considera adaptaciones temporales a la crisis.
La Caja Negra de la Economía
La energía actúa como la “caja negra” de la economía: un mecanismo vital pero opaco para la mayoría. Vivimos como especie por encima de la capacidad del planeta. Datos recientes de la Organización Meteorológica Mundial revelan concentraciones de dióxido de carbono sin precedentes en la atmósfera, señalando un futuro sombrío.
A pesar de décadas de conocimiento sobre las consecuencias negativas de esta trayectoria, los indicadores globales continúan deteriorándose. Los esfuerzos realizados hasta ahora son insuficientes para revertir la situación. El sistema económico global está desequilibrado, generando consecuencias irreversibles para la biodiversidad y riesgos significativos para la humanidad, especialmente para los más vulnerables y aquellos en regiones afectadas por el calentamiento global.
Medidas de Reducción y Justicia Social
La crisis ecosocial es de mayor alcance que la crisis energética actual. Sorprende que soluciones extraordinarias, propuestas ahora como respuesta a la emergencia, no se hayan incorporado antes como medidas cotidianas. Sin embargo, es crucial reconocer que las medidas de reducción de la demanda no son socialmente neutras. No todos tienen las mismas oportunidades o recursos para adaptarse a cambios como el teletrabajo o el uso del transporte público.
Si no se considera esta asimetría, existe el riesgo de que el peso del ajuste recaiga sobre quienes menos han contribuido al problema y carecen de recursos. Por lo tanto, cualquier programa de reducción del consumo debe integrar una política redistributiva que compense las desigualdades. De lo contrario, el decrecimiento se convertirá en un privilegio para unos pocos y una carga para el resto.
Aprovechar la Crisis para Transformaciones Fundamentales
Los gobiernos pueden convertir la necesidad en virtud y aprovechar la crisis actual para abordar desafíos fundamentales. El transporte por carretera consume casi la mitad del petróleo en la Unión Europea, lo que presenta una oportunidad para una intervención drástica. La IEA estima que el teletrabajo podría reducir hasta un 6% del consumo total de vehículos, mientras que la reducción de la velocidad máxima y el fomento del transporte público podrían contribuir con un 6% y un 3% respectivamente. Medidas como compartir vehículos y una conducción eficiente podrían añadir otro 8% de reducción.
Si bien la IEA se enfoca en la reducción del consumo de petróleo para disminuir la dependencia de las importaciones, esto también implica una reducción de emisiones. Es aquí donde el decrecimiento se encuentra con la seguridad energética.
Políticas de Oferta y Demanda
Históricamente, los gobiernos han priorizado las políticas de oferta, como la producción de vehículos eléctricos. Si bien estas medidas son necesarias, deben complementarse con políticas de demanda, como las propuestas por la IEA. Estas últimas pueden generar resultados más rápidos, pero requieren una determinación importante. Una inversión multimillonaria en transporte público es esencial para ofrecer una alternativa viable al vehículo privado.
Es necesario diseñar nuevas redes y conexiones de transporte público, garantizar frecuencias más elevadas y priorizar infraestructuras que muevan grandes volúmenes de personas. Las inercias urbanas, diseñadas para la era de los combustibles fósiles, representan un desafío para adaptar la movilidad a los nuevos tiempos.
Inversiones Necesarias
Los bancos centrales y la Unión Europea encontraron recursos para rescatar bancos durante la crisis financiera de 2008 y para planes de estímulo durante la pandemia de 2020. Ahora, se requiere un esfuerzo similar, incluso con mayor urgencia, no solo por conflictos geopolíticos, sino por la crisis ecosocial subyacente. Aunque el decrecimiento implica mucho más que la reducción del consumo de energía y recursos, este último es un aspecto fundamental que debe abordarse con rapidez. Existe una oportunidad para hacerlo.
Gestionar el Descenso
Las medidas que el pensamiento convencional propone como respuestas de emergencia deberían ser la norma en cualquier política económica responsable. Es crucial reconocer que debemos gestionar el descenso del consumo material de forma ordenada, democrática y justa. De lo contrario, las crisis energéticas, climáticas y geopolíticas impondrán ajustes caóticos y desiguales. El decrecimiento, lejos de ser una utopía, es el reconocimiento de los límites físicos del planeta. El metabolismo material de nuestras sociedades sufrirá una reducción de la energía y los recursos consumidos, pero tenemos la oportunidad de decidir cómo y para quiénes serán más intensos esos ajustes.













