¿Por qué la música es cada vez más uniforme y podría serlo aún más?

¿Por qué la música es cada vez más uniforme y podría serlo aún más?
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¿Por qué la música es cada vez más uniforme y podría serlo aún más?

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¿Alguna vez has sentido que todo lo que escuchas suena igual? Es una sensación subjetiva, a menudo por falta de atención, pero con una base real: en las últimas décadas, la mayoría de las canciones comparten algo: su compás binario.

Ya sea de dos por dos, cuatro por cuatro u ocho tiempos, el patrón binario es hegemónico, presente en el 95% o incluso el 100% de las canciones más exitosas en muchos países. Así lo afirma Edi Pou, baterista, compositor y activista musical, en su libro “Nou elogis de l’imparell” (Nueve elogios del impar).

Este ensayo revela que se nos está imponiendo la música de compás más simple, la más fácil de vender, aunque el cerebro humano puede disfrutar de opciones más complejas. Además, destaca que en épocas no tan lejanas y en culturas no europeas, la riqueza rítmica era mayor.

Pou, periodista y miembro de los dúos Za! y Los Sara Fontan, argumenta que esta dieta sonora limitada reduce nuestra capacidad de escucha y nos anima a rebelarnos contra la uniformización musical.

Reflexiones sobre la escucha musical

¿Por qué este ensayo podría interesar a alguien que no presta atención al compás? Porque invita a reflexionar sobre cómo y por qué escuchamos música. La música es un reflejo de la sociedad.

La falta de diversidad musical se corresponde con una falta de diversidad en otros ámbitos, como la fauna, las formas de comunicación o la uniformidad de los centros urbanos. La música actúa como un espejo de múltiples aspectos de la realidad.

¿Cómo escucha música Edi Pou? Con mucha atención. Le cuesta hablar y escuchar a la vez. Se involucra con todo el cuerpo y reacciona a los ritmos y armonías. No puede evitar identificar compases y armonías mientras disfruta.

Analizar la música que escuchamos nos ayuda a disfrutarla más y a entenderla mejor. Sin embargo, la hiperestimulación actual dificulta la concentración. Se impone la idea de que la música es un lugar para desconectar, lo cual es válido, pero no debe ser la única función.

La uniformización en el mainstream y el underground

¿Se está reduciendo la música de otros compases fuera del mainstream? Aunque no tiene pruebas empíricas, Pou cree que sí. En el underground se ha confundido lo mayoritario con lo popular y lo minoritario con lo elitista, haciendo parecer esnob la música que se sale del mainstream. Históricamente, los ritmos impares han estado más extendidos.

Las plataformas de streaming crean un túnel donde las ideas minoritarias se vuelven aún más minoritarias y las generalistas, más generalistas, debido a intereses económicos.

¿La inteligencia artificial contribuirá a esta tendencia? Pou espera que cuando la música ya no tenga valor por ser creada por máquinas, la música diferente recupere su valor. Confía en que la IA acelere un cambio a favor de la diversidad.

La simplificación musical y la capacidad de escucha

¿Necesitamos música sencilla y binaria por el estrés diario o la simplificación musical ha reducido nuestra capacidad de digerir música compleja? La falta de costumbre disminuye la capacidad de escucha, que podría revertirse con dedicación diaria, pero la falta de tiempo y la obsesión por la utilidad dificultan esta tarea. Escuchar música con atención es muy útil, al igual que ejercitar el cuerpo, la mente y el oído.

El placer musical proviene tanto de predecir la repetición como de la sorpresa de un giro inesperado. Actualmente, triunfa la versión conservadora del disfrute: lo previsible, porque es más fácil vender lo mismo una y otra vez.

¿A quién interesa la falta de diversidad? A las personas más ricas del planeta, porque anula lo que escapa a su control. Interesa que consumamos lo mismo porque es más fácil fabricar un millón de unidades de un mismo producto.

¿Es casual que las marchas militares sean binarias? En absoluto.

Tomar las riendas de la banda sonora de nuestras vidas

¿Cómo podemos hacerlo? Con una escucha crítica y curiosa, pensando por qué escuchamos lo que escuchamos y planteándonos escuchar nuestro entorno. Hay que evitar la desconexión con el presente.

Podemos espiar playlists de otras personas, hablar de música con gente de otras generaciones y escuchar música fuera de las plataformas: en vinilo, conciertos, emisoras digitales. No debemos perder la curiosidad, ni en la música ni en otros ámbitos.

¿A dónde nos lleva perder la capacidad de disfrutar músicas con compases diferentes? A ser como los personajes de la película Wall-E, que han perdido el control sobre sus vidas y viven ante una pantalla. El interés de los oligarcas es tenernos así, pero confiamos en que reaccionaremos.