
El Mar Menor se enfrenta a una creciente acumulación de algas: Un problema que persiste en su origen
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Más de 4.000 toneladas de biomasa retiradas de las orillas del Mar Menor en los primeros tres meses de 2026 señalan un preocupante estado ambiental para la laguna salada. Esta cantidad, equivalente a más de 150 camiones cargados de algas y restos vegetales marinos, ha generado alarma entre científicos y ecologistas.
La acumulación de biomasa: un síntoma de problemas mayores
Si bien la retirada de la biomasa es considerada necesaria para evitar la putrefacción y la proliferación de fangos, expertos advierten que es una medida insuficiente. Ramón Pagán, portavoz de Pacto por el Mar Menor, explica que las intensas lluvias recientes han incrementado el arrastre de contaminantes, especialmente fertilizantes.
El Gobierno regional ha vinculado este aumento de la biomasa con las fuertes lluvias del presente año hidrológico. Desde el 1 de octubre, se han contabilizado 7,31 hectómetros cúbicos de agua entrando al Mar Menor por la rambla del Albujón, lo que equivale a más del doble que en el mismo período del año anterior.
La prevención como clave para la solución
Un recorrido por localidades como Los Nietos, Los Urrutias o Los Alcázares revela la magnitud de la acumulación de algas filamentosas en la costa. Pagán compara la retirada de las algas con el mito de Sísifo, enfatizando la necesidad de invertir en prevención, especialmente en el control de nitratos. “El problema en origen sigue sin corregirse y cada vez será peor”, afirma, señalando que la causa no es la entrada del agua, sino lo que transporta disuelto.
El exceso de nutrientes: la raíz del problema
Juan Manuel Ruiz, investigador del IEO-CSIC, señala que la alta disponibilidad de nutrientes provoca una producción primaria elevada, lo que explica la abundancia de biomasa, especialmente de algas oportunistas como la Caulerpa. La retirada de biomasa, por lo tanto, se centra en las consecuencias y no en el origen del problema: las entradas de nutrientes a la laguna.
Otros indicadores preocupantes
Gonzalo González Barberá, del Comité Científico del Mar Menor, advierte sobre indicadores preocupantes, como el nivel medio de clorofila, que es casi el doble que el año anterior por estas fechas. Esto, sumado a las crisis de anoxia que se han producido en los últimos años, exige vigilancia de cara al verano y al aumento de las temperaturas.
Además de los nutrientes, la entrada de fósforo durante las lluvias torrenciales también contribuye a la proliferación de algas y al proceso eutrófico, que disminuye la llegada de luz al fondo marino.
La postura del Gobierno regional
El Ejecutivo regional sostiene que el Mar Menor se encuentra en una situación de “estabilidad dentro de la cautela”. Sin embargo, reconoce la necesidad de mantener la vigilancia y actuar con anticipación ante la llegada de la primavera y el verano, cuando el aumento de las temperaturas puede agravar los efectos de la acumulación de nutrientes y la menor salinidad.
En este sentido, se continuará con la retirada de la biomasa y la monitorización continua, mientras se esperan las actuaciones necesarias para reducir el caudal constante de agua dulce que llega al Mar Menor a través de la rambla de El Albujón y el acuífero cuaternario, cuya competencia recae en el Gobierno de España.
Un problema complejo con soluciones multifacéticas
Según Juan Manuel Ruíz, los aportes a través de Albujón y del acuífero son importantes, pero los procesos que desencadenan episodios distróficos son las olas de calor y las lluvias torrenciales, que aportan cantidades masivas de elementos como el fósforo. El arrastre de estos elementos se produce a nivel de cuenca debido a la erosión de los terrenos, especialmente los agrícolas.
Ante este problema complejo, las soluciones no pueden enfocarse en un único punto. Es necesario tomar decisiones basadas en datos y modelos realistas, así como justificar con datos objetivos la efectividad de las medidas que se apliquen.













