
Iglesia en Tenerife encubrió abusos sexuales: Víctima relata el horror y la impunidad
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Ciro Molina, víctima de abusos sexuales por parte del párroco de su pueblo en Tenerife desde los nueve años, lleva casi tres décadas buscando una respuesta a su pregunta: “¿Cómo se repara el daño que yo y mi familia hemos sufrido?”. La Iglesia, en lugar de ofrecer justicia, reubicó al agresor tras la primera denuncia en 2004.
Molina ha llevado su caso a la Fiscalía, al Ayuntamiento de La Laguna e incluso al Vaticano, sin obtener perdón ni reparación. Ahora, un audio revelado recientemente expone cómo el obispado de Tenerife encubrió al agresor.
Justificaciones inaceptables
En la grabación, obtenida por Canarias Ahora y adelantada por El País y Cadena SER, se escucha al fallecido obispo Bernardo Álvarez justificando los casos de pederastia y acusando a los niños de “provocación”.
Obispo: “Yo tengo experiencia de eso como sacerdote. Chicas y chicos de 13 o 14 años que me han provocado. Entonces, tú ten en cuenta que hace unos años la edad de la libertad sexual era 14 años.”
Víctima: “Los niños no provocan, Bernardo.”
Obispo: “No, no, no, no, no, no.”
El audio, según ha trascendido, está en poder de la Fiscalía Provincial de Santa Cruz de Tenerife y de la Comisión Pontificia de Protección a los Menores del Vaticano. La denuncia inicial fue archivada por prescripción de los hechos.
Reacción de la Diócesis
La Diócesis de Tenerife ha asegurado desconocer la grabación y el “contexto en que se realizó”, manifestando su “rechazo rotundo a cualquier tipo de abusos cometido contra menores” e instando a las víctimas a denunciar los casos ante las autoridades judiciales.
Antecedentes polémicos del obispo Álvarez
En 2007, Álvarez ya había afirmado que “puede haber menores que sí lo consientan y, de hecho, los hay” y que “hay adolescentes de 14 años que son menores y están perfectamente de acuerdo y, además, deseándolo. Incluso si te descuidas, te provocan”.
Además, fue investigado en 2022 por la Fiscalía por un posible delito de odio tras declarar en televisión que la homosexualidad es un “pecado mortal” y equipararla al alcoholismo.
El modus operandi: Reubicación de agresores
En la conversación grabada, Bernardo Álvarez describe cómo se encubría a los agresores trasladándolos a otros territorios. “En aquella época, la costumbre era cambiar al sacerdote de sitio, igual que se hacía con los maestros cuando tenían cualquier problema en la escuela”, reconoce.
El obispo admite que a Carmelo, el agresor de Ciro Molina, se le envió a Salamanca “un año haciendo una especie de reciclaje” para luego reubicarlo como capellán.
El relato de la víctima
Ciro Molina era monaguillo cuando comenzaron los abusos a la edad de nueve años. Estos se intensificaron en 2002, cuando ingresó al seminario, donde era obligado a confesar sus “pecados contra la castidad”.
Molina relata abusos en la casa del sacerdote, incluyendo tocamientos. Cuando su familia denunció en 2004, sufrieron “terrorismo social” por parte de vecinos y miembros de la Iglesia.
Secuelas y búsqueda de justicia
Un monseñor del Vaticano respondió a Molina por correo electrónico: “Creo en tus afirmaciones, pero en lo que más creo es en la capacidad que tenemos las personas de perdonar y de olvidar las debilidades de los demás”.
No fue hasta 2014 que un psicólogo creyó su testimonio, diagnosticándole un síndrome depresivo con ideas suicidas. Molina abandonó sus estudios y ha luchado por reconstruir su vida.
En 2022, se convirtió en la primera víctima en contar su caso ante un pleno municipal, exigiendo la dimisión del obispo.
El caso de Molina es uno de los 24 recogidos por el Defensor del Pueblo en Canarias en su informe sobre casos de pederastia en la Iglesia, publicado en 2023.












