
Marruecos en Semana Santa: Una Ruta Inolvidable de Nueve Días
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Semana Santa ofrece una excelente oportunidad para explorar Marruecos, evitando el calor extremo del verano. Aunque las noches en el desierto son frescas y las montañas del Atlas pueden tener nieve, los días son largos y las temperaturas agradables, ideales para un viaje completo de ocho o nueve días.
La clave para un buen viaje a Marruecos es planificar la ruta y el medio de transporte. Se puede cruzar con vehículo propio en ferry, pero para llegar a Marrakech y al desierto de Merzouga, un viaje circular implicaría muchos kilómetros y visitas rápidas. Una alternativa es volar a Marrakech, alquilar un coche y hacer una ruta lineal hasta Tánger, desde donde se puede volar de regreso. Devolver el coche en un lugar diferente tiene un costo adicional, pero vale la pena.
La ruta propuesta comienza en Marrakech, cruza el Atlas hacia el sur, incluye una noche en el desierto, continúa hacia Fez y termina en el norte, en Chefchaouen y Tánger. Este recorrido lineal lleva a los viajeros de las medinas bulliciosas a las gargantas de roca, de los palmerales a las dunas, y a bosques de cedros y ciudades imperiales.
Días 1 y 2: Marrakech
Marrakech es la puerta de entrada a Marruecos para muchos. El primer día, lo mejor es pasear por la medina y cenar en la plaza de Jemaa el-Fna. El segundo día, se dedica a explorar la ciudad más a fondo.
La mayoría de los lugares de interés se encuentran dentro de la medina: la madrasa Ben Youssef, el Palacio de la Bahía y las Tumbas Saadíes. Perderse en los zocos llenos de especias, telas y talleres artesanos es parte de la experiencia. Una excelente manera de conocer Marrakech es pasear sin rumbo por la medina y descubrir mercados y plazas escondidas.
Día 3: Marrakech – Ait Ben Haddou – Ouarzazate
El viaje por carretera comienza al salir de Marrakech, cruzando el Alto Atlas por el puerto de montaña de Tizi n’Tichka, a más de 2.200 metros de altura.
Al atravesar el Atlas, se llega a Ait Ben Haddou, un antiguo ksar fortificado que parece detenido en el tiempo. Declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, ha sido escenario de películas y series como *Gladiator* y *Juego de Tronos*.
Después de explorar Ait Ben Haddou, la ruta continúa hacia Ouarzazate, famosa por su relación con el cine y la kasbah de Taourirt, una antigua fortaleza que muestra cómo eran las residencias de los gobernadores de la región. Aquí se puede pasar la noche antes de continuar hacia el desierto.
Día 4: Ouarzazate – Gargantas del Dades – Gargantas del Todra – Erfoud
Este día sigue la Ruta de las Mil Kasbahs, una zona con pueblos bereberes, palmerales y fortalezas de adobe que forman un paisaje característico del sur del país.
La primera parada son las Gargantas del Dades. La carretera que recorre este valle es conocida por sus curvas y formaciones rocosas, como los “dedos de mono”. El recorrido por el valle es una parte interesante de esta etapa.
Más adelante se encuentran las Gargantas del Todra, el cañón más famoso del sur de Marruecos. Las paredes de roca alcanzan hasta 300 metros de altura, creando un paisaje espectacular. Desde aquí, la ruta continúa hacia el sureste, atravesando palmerales y pueblos pequeños hasta llegar a Erfoud, conocida por sus fósiles y mármoles. Erfoud es un buen lugar para pasar la noche antes de entrar en el desierto.
Día 5: Erfoud – Merzouga
El destino es el desierto. Desde Erfoud, un corto tramo de carretera lleva a Merzouga, la entrada al desierto de Erg Chebbi. Sus dunas alcanzan hasta 150 metros de altura y forman un mar de arena dorada que cambia de color.
Se recomienda reservar alojamiento al que se pueda llegar en coche, y desde allí ser transportado a un campamento en las dunas. Allí, los visitantes son recibidos con té bereber antes de la cena y duermen en una jaima bajo el cielo estrellado. Las temperaturas en el desierto caen drásticamente al ponerse el sol.
Día 6: Merzouga – Fez
Tras despertar en el desierto, comienza el día más largo de la ruta, pero también uno de los más interesantes paisajísticamente. La carretera gira hacia el norte para cruzar el Medio Atlas rumbo a Fez.
Durante el trayecto, se pueden hacer paradas en Rissani, antigua capital de Tafilalt, o en los miradores del Valle del Ziz, con extensos palmerales. El paisaje cambia al entrar en las zonas montañosas del Atlas, pasando por Azrou o Ifrane, con casas con tejados a dos aguas que recuerdan a Suiza, y un bosque de cedros. Finalmente, se llega a Fez, donde se pasan dos noches.
Día 7: Fez
Después de tantos kilómetros, Fez merece un día completo. Su medina es enorme y Patrimonio de la Humanidad, un laberinto de calles con talleres, mercados y mezquitas. Entre los lugares más conocidos están la puerta de Bab Boujeloud, la madrasa Bou Inania y la mezquita Karaouine.
Un lugar emblemático es la Curtiduría Chouwara, donde se trabajan las pieles de forma tradicional y que es uno de los puntos más fotografiados de Fez. Dedicar un día completo a recorrer su medina es casi imprescindible para entender la ciudad.
Día 8: Fez – Chefchaouen
La ruta continúa hacia el norte, hacia las montañas del Rif. Tras unas cuatro horas de carretera, se llega a Chefchaouen, una de las ciudades más bonitas del país.
Conocida como “la perla azul”, su medina es famosa por las casas y callejuelas pintadas en distintos tonos de azul. Pasear por ellas, descubrir plazas o subir a miradores es parte de la experiencia. El ritmo aquí es más calmado y relajado.
Día 9: Chefchaouen – Tánger
El último día, solo queda un trayecto por carretera hasta Tánger, a unas dos horas de distancia. Desde aquí, se puede regresar a España en ferry hacia Algeciras o Tarifa, o tomar un vuelo de vuelta desde el aeropuerto de la ciudad. Es el final de una ruta que conecta algunas de las ciudades más interesantes de Marruecos con paisajes tan distintos como el Atlas, los valles del sur o las dunas de Merzouga.












