
GIORGIA MELONI: UNA RETRATISTA DE LA POLÍTICA ITALIANA
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Giorgia Meloni, la primera ministra italiana, se presenta a sí misma como una mujer de convicciones arraigadas. Su autobiografía, “Yo soy Giorgia”, podría resumirse en una letanía: “Soy una mujer”, “Soy una madre”, “Soy de derechas”, “Soy cristiana”, “Soy italiana”. Sin embargo, su figura es más compleja de lo que parece a simple vista.
Una identidad definida desde el principio
A diferencia de los personajes que buscan su identidad, Meloni parece haber sabido siempre quién es y cuál es su camino. Desde sus inicios, ha predicado su credo sin desviarse del eje central.
El magnetismo de Meloni
Durante la campaña electoral de 2022, un video viral con fragmentos de un discurso de Meloni, mezclados por un DJ, alcanzó millones de reproducciones. En él, Meloni recita su doctrina: “Soy Giorgia, soy madre, soy cristiana…”. Advierte sobre el peligro de perder la identidad y las raíces, lo que llevaría a la falta de conciencia. Su discurso, directo y provocador, conecta con la multitud.
Meloni modula su mensaje según la ocasión, con un contenido claro y directo. No se anda con rodeos ni utiliza conceptos vacíos. Ante las acusaciones de racismo, recurre a Einstein, recordando que el científico escribió “humana” en el apartado de “raza” en un formulario de aduana.
Al contrario que Donald Trump, Meloni no se pierde en la retórica. Naturaliza la intolerancia a la inmigración y la provisión de ayudas económicas a quienes no tienen trabajo, sin rodeos.
Histrionismo y compasión
Meloni irrumpe públicamente con histrionismo, como cuando se presentó ante el presidente de la región de Campania, que la había insultado, con el saludo: “Presidente De Luca, soy la imbécil de la Meloni. ¿Cómo está?”. También puede citar a Baudelaire para expresar su compasión por la trata de personas.
Italia en un escenario sísmico
Tras el fin del bipartidismo en España, se alertó sobre la instauración de un marco político similar al de Italia. Hoy, se podría decir que “italianos somos todos”, y Meloni gobierna en un escenario sísmico. Sin embargo, su intento de modificar el sistema judicial mediante un referéndum fracasó ante la oposición de la Asociación Nacional de Magistrados, que lo consideró una amenaza al Estado de derecho.
Un sistema de contrastes
Meloni también busca cambiar el sistema electoral para dar una mayoría cómoda a la coalición más votada y otorgar un carácter más presidencial a la Constitución italiana, desplazando el poder del Parlamento a un ejecutivo más fuerte. No obstante, Italia se caracteriza por “una extrema inestabilidad política combinada con estabilidad institucional”, como señala Nathalie Tocci del Istituto Affari Internazionali.
Raíces y destino
Meloni creció en el barrio de Garbatella, en Roma, criada por una madre soltera que era miembro del Movimiento Social Italiano. A los quince años, comenzó a militar en la organización. Su madre, el barrio y la organización confluyeron para fortalecer su idea de comunidad y destino. Meloni cree en los lazos, en los vínculos que confieren Dios, la familia y la patria.
Dios y los Papas
Meloni encontró en Karol Wojtyla un ejemplo de heroísmo al aceptar el destino de Cristo. Admira el mensaje de Benedicto XVI y, aunque respeta a Francisco, dice haberse sentido alguna vez “una oveja perdida”.
Una carrera vertiginosa
La carrera de Meloni ha sido vertiginosa, desde una consejería de la provincia romana hasta el cargo de primera ministra. Su trayectoria incluye cuatro refundaciones del neofascismo, desde el Movimiento Social Italiano hasta el actual partido Fratelli d’Italia, que toma su nombre de la primera estrofa del himno italiano y en su escudo muestra la llama tricolor que representa el alma inmortal de Mussolini.
Nacionalismo conservador y “gran reemplazo”
Meloni modula su aparición pública y, aunque defiende los principios del nacionalismo conservador, cultiva el ideario fascista y nativista. Su partido, Fratelli d’Italia, rescata la teoría de la conspiración del “gran reemplazo”. A pesar de su giro hacia Bruselas, Meloni se mueve en un marco amplio para ganar terreno, pero siempre sobre un mismo eje y con el mismo destino final.
Inflexible en sus convicciones
Más allá de una empatía perenne, Meloni es inasible e inflexible en sus convicciones. Según Lorenzo De Sio, de la Universidad Luiss, Fratelli d’Italia, al igual que Forza Italia y la Lega, protege los intereses de la clase media alta y los círculos empresariales tradicionales. “El estilo y el legado no importan siempre y cuando la izquierda no vuelva al poder”, explica De Sio.
Un segundo mandato
Respetar este marco le da a Meloni la capacidad de desarrollar su fin político: crear las condiciones para implantar su ideario neofascista. Un segundo mandato podría darle la oportunidad de afianzar su control del poder, como hicieron Viktor Orbán en Hungría y Donald Trump en Estados Unidos, según Lorenzo Zamponi, de la Scuola Normale Superiore de Florencia.
Raíces y guerra
En el prólogo de “Yo soy Giorgia”, Santiago Abascal cita a J. R. R. Tolkien, autor de cabecera de Meloni, para destacar que sus ideas están vivas porque “las raíces profundas no se congelan”. Sin embargo, habría que recordarle el pasaje de “Madre coraje” de Bertolt Brecht, cuando la protagonista observa el campo diezmado por la guerra y dice que los agricultores tienen tanta hambre que desentierran raíces para comer. Cuando los partisanos italianos llegaron a ese punto, tomaron las armas para detener a los fascistas.













