
Visita histórica del Papa a Mónaco: Un mensaje de fe y unidad
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El Principado de Mónaco recibió por primera vez en su historia a un Pontífice, un evento que congregó a una multitud en la Catedral de la Inmaculada Concepción. La comunidad católica monegasca expresó su emoción y fervor desde la llegada del Papa.
Encuentro con la realeza y discurso a la nación
La visita comenzó con una reunión privada entre el Papa y las autoridades reales, el Príncipe Alberto II, la Princesa Charlene y sus hijos. El Príncipe Alberto fue uno de los primeros líderes en visitar al Papa tras su elección, destacando la relación entre el Principado y la Santa Sede. Previamente, el Príncipe Alberto había destacado por su postura en defensa de la vida, en un debate sobre la despenalización del aborto.
La Constitución monegasca reconoce la religión católica como la religión oficial del estado, garantizando, a su vez, la libertad de culto.
La recepción al Papa fue entusiasta, tanto en su recorrido en el papamóvil desde el palacio principesco hasta la catedral, como en el templo mismo. Mónaco vibró con la presencia del líder religioso.
El papel de Jesucristo y la riqueza de la diversidad
En su homilía, el Papa resaltó el papel de Jesucristo como defensor de la humanidad: “Ante Dios y en presencia de Dios tenemos un abogado: Jesucristo, el justo…”. Subrayó cómo, a través de Jesucristo, Dios alcanza a los hombres en su fragilidad y los libera del peso del pecado.
Un mensaje de inclusión para la comunidad monegasca
El Papa también abordó la realidad social, socioeconómica y multiétnica de Mónaco, destacando la riqueza y la oportunidad que esto representa para la Iglesia. Reconoció que el Principado es un estado cosmopolita, habitado por personas de diversas nacionalidades y orígenes socioeconómicos.
En este sentido, animó a la Iglesia a seguir siendo un lugar de acogida y hospitalidad, donde las diferencias no sean motivo de división, sino de comunión, fraternidad y amor recíproco.
Llamado a la evangelización y al compromiso social
Finalmente, el Papa exhortó a la comunidad católica a comprometerse con la evangelización, anunciando el Evangelio de la vida, la esperanza y el amor. Les instó a defender y promover la vida de todo ser humano desde la concepción hasta su fin natural, y a ofrecer nuevas guías que contrarresten el secularismo y el individualismo, promoviendo una sociedad basada en la fraternidad y el amor al prójimo. El Papa concluyó, consciente de los desafíos que plantea la acumulación de riqueza en una ciudad-estado como Mónaco.













