Yara, la joven que desafía los prejuicios sobre la falta de mano de obra en la construcción

Yara, la joven que desafía los prejuicios sobre la falta de mano de obra en la construcción
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Yara, la joven que desafía los prejuicios sobre la falta de mano de obra en la construcción

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En el sector de la construcción, la escasez de mano de obra se atribuye comúnmente a la falta de interés de los jóvenes. Sin embargo, Yara, una oficial de primera de 25 años con cinco años de experiencia como montadora de placa de yeso laminado, ofrece una perspectiva diferente y reveladora.

La falta de paciencia y formación, un obstáculo para los jóvenes

Según Yara, los aprendices sí tienen ganas de trabajar, pero se enfrentan a la falta de paciencia y de una estructura formativa adecuada por parte de empresas y veteranos. “Ellos sí que quieren. Los que no quieren son los demás”, afirma Yara, señalando un problema más profundo de lo que se admite.

Yara, que ha tutelado a unos 15 alumnos en prácticas, desmonta el tópico del desinterés juvenil.

El verdadero obstáculo es un sistema que exige un rendimiento inmediato a los novatos en lugar de ofrecerles un aprendizaje progresivo. Esta mentalidad, centrada en la productividad a corto plazo, expulsa a talentos potenciales que necesitan tiempo para “tocar material, equivocarse y aprender”.

Su compromiso la ha llevado a sacrificar su tiempo libre por sus aprendices, ilustrando la falta de apoyo que denuncia en el sector. Su caso demuestra que, con la oportunidad adecuada, el camino es viable. Yara entró en el sector a través de un grado medio de obra civil y unas prácticas en una empresa, donde hoy es oficial de primera.

De los tres becarios que empezaron con ella, fue la única que se quedó.

La brecha de género en la construcción

Además de la crisis formativa, Yara destaca la persistente brecha de género en la construcción. Al principio, pensó que trabajar en un entorno mayoritariamente masculino sería “mucho más difícil”, pero ha encontrado más apoyo del que esperaba. Aun así, reconoce que los prejuicios siguen presentes y que a menudo debe enfrentarse a la incredulidad de quienes dudan que ella misma realice el trabajo físico.

Lejos de desanimarse, ha convertido su posición en una plataforma para inspirar a otras mujeres, demostrando con su trabajo diario que no hay oficios de hombres o de mujeres. Su mensaje es claro y directo, una reivindicación de la igualdad de oportunidades en uno de los sectores más tradicionales del país.

La desconexión entre la formación y la realidad de la obra

Otro punto crítico que señala Yara es la desconexión entre la formación reglada y la realidad de la obra.

Considera que los grados tocan muchos oficios de manera superficial y sin suficiente contacto con profesionales en activo. Defiende una enseñanza más práctica que devuelva el prestigio social a estos trabajos, no por romanticismo, sino por su utilidad y la dignidad que confieren.

En su opinión, el principal freno para los jóvenes no es el sueldo, sino la combinación de esfuerzo físico, la dureza de la rutina y la falta de apoyo inicial. A pesar de ello, Yara insiste en que el camino merece la pena por sus aspectos más creativos y los retos técnicos que plantea, desde rehabilitar palacios a ejecutar soluciones complejas. Un oficio, concluye, que no es fácil, pero sí real y, sobre todo, muy necesario.