
Un vaso de agua al despertar: el sencillo hábito que podría salvar tu corazón
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Cada mañana, el cuerpo humano se enfrenta a una transición brusca al despertar que eleva el riesgo de sufrir un infarto. El médico de familia Alberto Sanagustín explica por qué las primeras horas del día, entre las seis y las diez de la mañana, concentran un número elevado de accidentes cardiovasculares. No se trata de la ducha fría, sino de una serie de procesos internos.
La “tormenta perfecta” matutina
Al despertar, el cerebro libera cortisol y adrenalina para prepararnos para la acción. Esto provoca que las arterias se vuelvan más rígidas y el corazón reciba una orden repentina, aumentando la presión arterial.
Además, se libera una sustancia llamada PAI-1, que impide la disolución de pequeños coágulos que se puedan formar.
Con las arterias más rígidas, la sangre más espesa tras horas de ayuno y el sistema de limpieza de coágulos inhibido, se crea una “tormenta perfecta”. Si existe un coágulo en ese momento, las probabilidades de un infarto fatal se multiplican, especialmente en personas con hipertensión, colesterol alto o apnea del sueño.
La solución: un vaso de agua
La solución es sencilla: beber un vaso de agua a temperatura ambiente al despertar, incluso antes de levantarse. Este gesto hidrata el cuerpo y fluidifica la sangre, además de dar una orden al cuerpo para que ajuste la tensión arterial de forma gradual.
Este hábito, definido por el doctor como “un seguro de vida de coste cero”, activa la circulación de manera segura y contribuye a una mejor hidratación general desde primera hora.
Levantarse con calma
Además de la hidratación, es importante levantarse de manera lenta y progresiva. Sentarse en la cama unos instantes antes de incorporarse ayuda al cuerpo a adaptarse sin sobresaltos.
El consejo del experto es claro: “Deja un vaso de agua en tu mesilla y mañana, cuando abras los ojos, no saltes de la cama como si hubiera un incendio”.
Un cambio sencillo para proteger tu corazón
Adoptar estos dos sencillos gestos —beber agua y levantarse con calma— transforma un momento de alto riesgo en una transición segura y saludable.
Un pequeño ajuste en la rutina matutina que protege el corazón de los riesgos cardiovasculares.












