El MNAC desvela los enigmas del Mestre de Cabestany y el expolio de Sant Pere de Rodes

El MNAC desvela los enigmas del Mestre de Cabestany y el expolio de Sant Pere de Rodes
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El MNAC desvela los enigmas del Mestre de Cabestany y el expolio de Sant Pere de Rodes

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La figura del Mestre de Cabestany es compleja y enigmática. ¿Quién fue realmente este personaje considerado el Picasso del siglo XII? ¿Cómo es posible que sus obras se encuentren dispersas en tantos lugares diferentes? ¿Qué le diferenciaba del trabajo habitual del siglo XII?

Su nombre, tal como lo conocemos, surgió en el siglo XX, cuando el historiador Josep Gudiol comenzó a hablar de un escultor románico catalán extraordinario, obsesionado con figuras monstruosas y retorcidas. A partir de entonces, la comunidad internacional adoptó este personaje, la idea, el mito, y comenzó a atribuirle obras por todo el Mediterráneo, desde Navarra hasta la Toscana. Su fama creció, especialmente gracias a una obra maestra que ya no existe en su totalidad: el portal de la iglesia de Sant Pere de Rodes, saqueado, destrozado y repartido por el mundo.

El Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC) presenta una exposición dedicada a esclarecer estos misterios. Bajo el título ‘Sant Pere de Rodes y el Mestre de Cabestany.

La creación de un mito’, la muestra exhibe obras atribuidas al escultor, así como antecedentes e influencias de su trabajo, como su fascinación por los sarcófagos tardorromanos. También se explora la historia del monasterio, desde su creación hasta su saqueo.

La historia traumática de Sant Pere de Rodes

Según Manuel Antonio Castiñeiras, comisario de la exposición, el objetivo es “recrear la traumática historia patrimonial de un monumento cuyos fragmentos acabaron repartidos por las casas de los pueblos de los alrededores, incluso llegaron a enterrarlos para que no acabasen confiscados”.

Sant Pere de Rodes, un templo benedictino desde el siglo X, entró en crisis en el siglo XV, cuando la peste asolaba Europa. Los monjes buscaron permiso para abandonarlo, algo que tardarían en conseguir. Ya en el año 974, el Papa Benedicto VI decretó que el monasterio estaría bajo la protección de la Iglesia.

En el siglo XIX, ante el deterioro del monasterio, la iglesia solicitó llevarse puertas de madera y ventanales, dejando el recinto desprotegido.

La gente, resentida por la época de vasallaje al monasterio, causó estragos. Se sabe incluso de vecinos que intentaron derribar el portal, rompiéndolo en miles de pedazos. “Muchos arrancaban las cabezas de la piedra porque eran más valiosas fuera de su soporte”, señala Castiñeiras.

Cuando la comunidad artística, a finales del siglo XIX y principios del XX, descubrió estas piezas, los coleccionistas se apresuraron a recuperarlas, dispersando el portal por todo el mundo, desde París hasta Nueva York.

El historiador Pau Piferrer lamentaba: “¿Dónde está esa puerta de hierro cerrada los más de los años y abierta con una solemnidad tan grande? ¿Dónde están los sepulcros que decoraban las paredes de la Galilea dándole el aspecto de un gran panteón?

Todo ha debido participar de la destrucción total del monasterio”.

Una exposición en tres partes

La exposición del MNAC, dividida en tres partes y con un presupuesto de más de un millón de euros, busca recrear aquel mundo perdido, gracias a préstamos del British Museum, el Museo del Vaticano, el Louvre y el Museo de Cluny, entre otros. La primera parte evoca el abandono del monasterio y la dispersión de la portada. La segunda se centra en la edad de oro del monasterio, con las creaciones del Mestre de Cabestany. La tercera documenta la ubicación actual de las obras y abre nuevas vías de investigación.

“El monasterio es un inmenso esqueleto.

Se lo han llevado todo, altares y rejas, puertas y ventanas, arcos y columnas, todo lo que se podía arrancar y transportar, todo fuera. Queda el esqueleto del gigante, nada más”, escribió el arquitecto Lluis Domènech i Montaner en 1893.

La muestra se comenzó a idear hace seis años, con la adquisición de tres piezas del Mestre de Cabestany por parte de la Generalitat, a petición del MNAC. A partir de ahí, el proyecto creció hasta abarcar todo el monasterio de Sant Pere de Rodes y su historia de saqueo patrimonial.

Castiñeiras concluye: “Los románticos llegaron a este emblemático lugar, que une arte y naturaleza como pocos lugares en el mundo, y quedaron fascinados y horrorizados por el saqueo. Así comienza el mito que nos persigue desde entonces y que crea figuras casi sobrehumanas como la del Mestre de Cabestany”.

Fragmentos de un genio

Una de las características del Mestre de Cabestany era su uso del mármol, que reciclaba de restos romanos antiguos y paleocristianos.

La exposición incluye sarcófagos romanos del siglo IV que sirvieron de inspiración al artista.

Marcel Duriat, autor de una monografía sobre el Mestre de Cabestany en 1953, afirmó: “Las influencias antiguas son innegables. La forma es una copia de un modelo romano, pero las figuras están dispuestas en profundidad, en dos planos, para dar una sensación de espacio que un artista románico no intentaba nunca transmitir”.

La exposición se centra en la obra de Cabestany, especialmente en la ‘Cabeza de Sant Pere’, procedente de Sant Pere de Rodes y custodiada en el Museo del Castillo de Perelada. También se exhiben fragmentos de relieves, del marco interior de la portada occidental de la iglesia de Sant Pere de Rodes, así como fragmentos de dovelas, maineles, capiteles con cabezas de leones, cabezas de cuadrúpedos o una escena de un castigo de los babilonios.

“No se encuentran obras enteras, sólo fragmentos, la parte de un todo que nos habla de la estética del fragmento de un artista perturbador”, destaca Castiñeiras.