La Semana Santa del Frente Popular en Sevilla: Un Éxito Inesperado

La Semana Santa del Frente Popular en Sevilla: Un Éxito Inesperado
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La Semana Santa del Frente Popular en Sevilla: Un Éxito Inesperado

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La Semana Santa de 1936 en Sevilla, celebrada bajo el gobierno del Frente Popular, resultó ser un éxito sorprendente. A pesar de los intentos de boicot por parte de la derecha y los temores existentes, las festividades se desarrollaron con relativa normalidad, lo que representó un triunfo para la izquierda. Este logro se produjo tras una Cuaresma marcada por la tensión, con templos protegidos e imágenes ocultas por temor a la repetición de la ola anticlerical de 1931.

El contexto político de la época era de gran polarización. La derecha, tras dos años en el gobierno durante la II República, se encontraba en estado de shock tras la victoria del Frente Popular en las elecciones del 16 de febrero de 1936. La “cuestión religiosa” había sido un tema central en la campaña, y en Sevilla se recordaban los años sin procesiones. Este ambiente generó incertidumbre en el mundo de las cofradías, cuyos miembros, en muchos casos, pertenecían a la nobleza o a formaciones conservadoras.

Ocultación de Imágenes por “Seguridad”

El temor entre las hermandades era evidente. La vuelta de la izquierda generó un ambiente político enrarecido, contrario al *establishment* cofradiero. Las cofradías adoptaron medidas de seguridad extremas, como la ocultación de imágenes, simbolizada por la Macarena, que fue escondida y trasladada en un cajón de madera. Esta medida preventiva evitó la destrucción de numerosas tallas durante la quema de iglesias que tuvo lugar el 18 de julio.

Según el periodista y escritor Antonio Fuentes, la ocultación de las tallas obedeció al conocimiento, por parte de los hermanos mayores de derechas, de una posible sublevación contra la República y su consiguiente respuesta iconoclasta.

Altares Vacíos e Iglesias Custodiadas

Al igual que durante el primer bienio de gobierno de izquierdas, existía un clima de incertidumbre en las hermandades, alimentado por la falta de seguridad y la oposición a dar normalidad a las procesiones bajo una “legislación anticatólica y laica”. Los partidos de derechas, las familias influyentes y la prensa sevillana conservadora contribuyeron a este ambiente.

La Cuaresma transcurrió con altares vacíos e iglesias custodiadas, incluso fortificadas con sacos de arena y sistemas para repeler líquidos inflamables. Algunas parroquias contrataron líneas telefónicas por primera vez para dar la voz de alarma. La Amargura protegió su camarín con una persiana metálica, la Macarena diseñó un elevador para llevar la imagen a un búnker subterráneo, San Lorenzo instaló puertas acorazadas, y en San Martín hubo hermanos armados en las azoteas.

Ante esta situación, el gobernador civil, Ricardo Corro, y el alcalde, Horacio Hermoso, garantizaron la seguridad a las hermandades si procesionaban en Semana Santa, lo que llevó a todas a aprobar sus salidas, excepto Santa Cruz, que alegó motivos políticos.

El Problema de las Sillas

Además de la seguridad, otro problema a resolver era el económico. Algunas hermandades no podían salir por falta de dinero. Desde 1934, las cofradías habían aceptado la fórmula propuesta por el ayuntamiento de izquierdas para compensar la prohibición de subvenciones directas: quedarse con la recaudación de las sillas y palcos de la carrera oficial. Sin embargo, los silleros no se presentaban a las subastas por temor a no cubrir los gastos.

Las élites de la ciudad también se negaron a sacar sus asientos en los palcos, los más caros y rentables. La lógica era que, sin dinero, las cofradías no podrían salir, materializando el boicot buscado por otras vías.

Acuerdo ‘In Extremis’

La situación se resolvió gracias a una reunión el Viernes de Dolores, en la que los silleros aceptaron ponerse manos a la obra. El Gobierno Civil, la Diputación y el Ayuntamiento aportaron el dinero que faltaba debido a la ausencia de las élites locales.

El gobernador, Ricardo Corro, fue obligado a salir al balcón para recibir los aplausos del público. El alcalde, Horacio Hermoso, confirmó la celebración e invitó a toda España a visitar Sevilla. Medio año después, ambos fueron fusilados por los golpistas.

Una Semana Santa sin Incidentes

La Semana Santa de 1936 transcurrió sin incidentes, más allá de la lluvia que afectó a algunas cofradías. Tras las festividades, muchas imágenes volvieron a sus escondites. La celebración fue un triunfo para la izquierda, demostrando que las hermandades podían salir con un gobierno de este signo. Además, las autoridades estaban volcadas en las inundaciones del Guadalquivir, que dejaron a miles de personas sin hogar.

Todas las partes coinciden en que fue una Semana Santa sin incidentes, que puso fin a un período poco estudiado en profundidad. El historiador Antonio Fuentes destaca la importancia de investigar con rigor y seriedad, acabando con los bulos y comprobando que no hubo violencia contra los religiosos en esos meses.