¿Es posible una política económica de izquierdas en España?

¿Es posible una política económica de izquierdas en España?
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¿Es posible una política económica de izquierdas en España?

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La experiencia histórica sugiere que, hasta la fecha, implementar una política económica de corte izquierdista en España ha sido un desafío. Tanto bajo gobiernos del PSOE como del PP, la política económica ha mostrado una notable continuidad, marcada por la contención salarial, todo ello bajo la atenta mirada de las instituciones europeas, las élites locales y los mercados financieros internacionales.

Las élites y la continuidad económica

El libro “Las élites que dominan España” del profesor Andrés Villena Oliver, pone de relieve las redes políticas, empresariales y técnicas que han contribuido a mantener el statu quo económico a lo largo de la Transición y los Pactos de la Moncloa.

Podría argumentarse que el gobierno de Pedro Sánchez ha sido el más izquierdista dentro de las posibilidades, posiblemente influenciado por la presión de socios de gobierno como Podemos y Sumar, y quizás también por la trayectoria de Sánchez dentro de la Federación Socialista Madrileña.

Sin embargo, en lo esencial, las directrices básicas de la política económica española han permanecido relativamente inmutables.

Un paréntesis accidental durante el Franquismo

En los estertores del franquismo, se vivió un momento paradójico en el que la economía favoreció a los trabajadores de forma accidental. La crisis del petróleo de 1973 encontró al régimen en una situación de fragilidad, lo que llevó a un incremento del gasto público y a la tolerancia de aumentos salariales al ritmo de la elevada inflación (14,2% anual en 1973 y 26,3% anual en 1977).

Esto, junto con los controles sobre una banca protegida, facilitó el acceso a hipotecas a tipo fijo que se licuaban rápidamente debido a la inflación. Este período contribuyó a que España se convirtiera en un país de propietarios.

La contención salarial desde los Pactos de la Moncloa

A partir de 1977 y de los Pactos de la Moncloa, cuyo objetivo era la contención salarial para combatir la inflación, esta línea de actuación se ha mantenido. La llegada del PSOE al poder en 1982 supuso el ajuste más duro desde el plan de estabilización de 1959.

El objetivo de Felipe González era el ingreso de España en las Comunidades Europeas, lo que justificó el cierre de empresas públicas, la liberalización financiera, el desempleo y unos tipos de interés elevados.

La élite que dirigía la economía gubernamental veía en un desempleo alto el mecanismo más eficaz para mantener bajos los salarios. En esa época se popularizó el término NAIRU (Tasa de Desempleo no Aceleradora de la Inflación). Mariano Rubio, gobernador del Banco de España, calculó en 1992 que la NAIRU mínima estaba en el 12%, lo que sugiere que el PSOE de González no tenía un gran interés en fomentar el empleo.

En 1989, con la entrada de la peseta en el Sistema Monetario Europeo, Carlos Solchaga decidió asignarle a la moneda española un tipo de cambio exageradamente alto con el objetivo de reducir la competitividad de las empresas exportadoras y obligarlas a compensar esa dificultad mediante la contención salarial.

La era Aznar, Zapatero y la Gran Recesión

Entre 1996 y 2004, durante la era de José María Aznar, las privatizaciones, la euforia inmobiliaria y el euro crearon una ilusión de riqueza que se mantuvo durante el primer mandato de José Luis Rodríguez Zapatero. El retorno del PSOE al gobierno no implicó cambios notables en lo económico, con Pedro Solbes manteniendo la ortodoxia.

En 2010, con la Gran Recesión, Zapatero intentó elevar el gasto público para mitigar las consecuencias sociales de la crisis, pero Solbes lo rechazó y dimitió.

El ajuste de Rajoy y la situación actual

El ajuste implementado por Mariano Rajoy desde 2012 incluyó un recorte salarial a los funcionarios, la congelación de las pensiones y una devaluación interna que redujo drásticamente los sueldos, que aún no se han recuperado.

El gobierno de Pedro Sánchez ha intentado mejorar la capacidad adquisitiva de los asalariados con el salario mínimo y dar aire a la economía con el alza de las pensiones. El salario mínimo (17.094 euros brutos anuales) se acerca cada vez más al salario medio (en torno a los 27.000 euros). Los sueldos se mantienen bajos, y la guerra en Oriente Próximo eleva la inflación, erosionando la capacidad adquisitiva.