
Avraham Burg, de la cúpula del Estado de Israel a la crítica del sionismo
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Avraham Burg (1955) es una figura singular en Israel, transitando desde las más altas esferas del poder hasta convertirse en un crítico mordaz del Estado que una vez representó. En medio de la actual escalada bélica, se ha posicionado en contra de las ofensivas sobre Gaza, Líbano e Irán, abogando por sanciones “drásticas” y solicitando a la Corte Internacional de Justicia (CIJ) investigar a su país por crímenes de lesa humanidad en la Franja.
Aunque afirma que sus posiciones no han cambiado desde sus inicios en la política, Burg es actualmente una voz disidente que cuestiona si Israel ha perdido su derecho a existir tras el genocidio en Gaza. Su crítica se extiende a los cimientos ideológicos del país, trascendiendo el sionismo.
En plena tensión con Irán y Líbano, Burg reflexiona sobre sus posturas, oponiéndose a los ataques a Teherán al considerarlos una “guerra cínica” sin sentido, apoyada por gran parte de la población israelí.
Una guerra oportunista
Según Burg, la ofensiva de Israel y Estados Unidos es una “guerra oportunista, sin propósito, y por eso es tan cínica”. Afirma que no existe un objetivo claro, ni se sabe qué se busca con ella. Se cuestiona si el objetivo es derrocar al régimen, acabar con el programa nuclear o permitir que el pueblo tome el poder en las calles, señalando que los objetivos cambian constantemente porque nunca hubo uno inicial, sino que simplemente se aprovechó una oportunidad sin pensar en las consecuencias.
Entre los años ochenta y los dos mil, Burg desarrolló una extensa carrera política que lo llevó a las más altas esferas del Estado. Fue un líder destacado del Partido Laborista, una fuerza gobernante importante en Israel durante décadas, donde compartió espacio con Shimon Peres e Isaac Rabin. Fue presidente de la Agencia Judía y de la Organización Sionista Mundial, y presidió la Knesset, el Parlamento israelí, entre 1999 y 2003, llegando incluso a ser jefe de Estado interino durante veinte días tras la renuncia de Ezer Weizman como presidente de Israel.
Israel, en guerra constante
Burg conoce bien a Benjamin Netanyahu. En la década de 1990, cuando era un joven líder laborista que apoyaba los Acuerdos de Oslo, el actual primer ministro israelí ya se erigía como líder del Likud y opositor al proceso de paz, por lo que conoce en detalle sus estrategias con respecto a los palestinos e Irán.
Afirma que la campaña contra Teherán, iniciada por Estados Unidos e Israel, es producto de la voluntad del jefe de Gobierno israelí, a la que Donald Trump se vio arrastrado. Según Burg, esta es la misión de vida de Netanyahu, con la que sueña desde hace 34 años, tras crear “un marco emocional que hizo que la guerra pareciera la única opción natural”.
“Esta es la guerra de Israel, no de Estados Unidos. Se impuso a Washington con un proceso metódico en el que Netanyahu logró redefinir el interés estratégico de Israel como uno estadounidense”. Asegura que en el fondo está “el intento israelí de remodelar Oriente Medio para erigirse como única potencia hegemónica regional”, y la Administración estadounidense cayó en la trampa.
Burg sostiene que “un Israel antidemocrático, liderado por Netanyahu y su círculo mesiánico, atemorizó y silenció el debate público abierto en Estados Unidos”, analizando la realidad política desde fuera de las instituciones desde hace más de 20 años.
Burg dejó su cargo como diputado en 2004, descontento con la deriva del país. En un artículo publicado en 2003, dio por muerto el sionismo y criticó a Israel como un Estado que “se asienta sobre una estructura de corrupción y cimientos de opresión e injusticia”. Posteriormente, se destacó como escritor y activista por la paz, oponiéndose con mayor firmeza a la ocupación de territorio palestino y abogando por la creación de un único Estado entre el río Jordán y el Mediterráneo, donde los palestinos sean ciudadanos con igualdad de derechos.
Según Burg, él mantuvo sus ideas “intactas” desde el primer día, y “es Israel quien cambió” en las últimas décadas. Afirma que “nada es comparable” a los tiempos de Oslo: “Hay un sistema político y una sociedad distinta”, mucho más a la derecha, y “los mecanismos políticos útiles de entonces quedaron obsoletos”.
Ante esta situación, insta a buscar nuevas vías para alcanzar las mismas metas. Considera que “la necesidad de hallar una reconciliación entre israelíes y palestinos es más apremiante que nunca”, así como “separar religión y Estado” en Israel, aunque reconoce que sus planteamientos no serán posibles a corto plazo, sino que son “utopías lejanas”.
La implosión de la sociedad israelí
En los últimos años, Burg ha observado cómo se acentúa la división en la compleja sociedad israelí, marcada por una gran polarización y fraccionada entre diversos grupos, con una gran separación entre una parte de la población derechista, conservadora y religiosa, frente a otra más liberal y secular que pierde influencia y peso demográfico.
Burg cree que “la sociedad israelí está desintegrada y ya no existe un solo Israel”, sino “cuatro sociedades separadas, unidas sólo por la guerra perpetua que mantiene el espejismo de unidad”. En los últimos años, la brecha se ha agravado más que nunca, el bloqueo político llevó al país a cinco elecciones entre 2019 y 2022, y las protestas contra la reforma judicial de Netanyahu —que, según los críticos, amenaza la separación de poderes y aumenta el control político sobre la Justicia— alcanzaron un nivel nunca visto hasta el 7 de octubre de 2023.
Según Burg, “la democracia retrocede en Israel y el modelo liberal-democrático da paso a una democracia deficitaria, limitada e iliberal”. Considera que otro problema es la falta de una verdadera izquierda. “Tuvimos cincuenta tipos de derecha, pero nunca una alternativa de izquierda real que desafíe a la derecha, que se ha deslizado rápidamente hacia el extremismo”, razona el exdiputado.
Burg, quien promovió la migración de judíos a Israel como presidente de la Agencia Judía —la histórica organización sionista encargada de ello—, ha sido un ferviente crítico de lo que considera una nueva noción supremacista de identidad judía marcada por el Estado, distinta a la identidad ancestral y universal del judaísmo que él concibe.
Opositor a la ley de Estado-Nación judía
En 2018, Burg se opuso a la Ley de Estado-Nación, una norma constitucional que asentó el carácter judío de Israel, reservando únicamente al pueblo judío el derecho a la autodeterminación sobre este territorio, lo que considera discriminatorio y excluyente. Ante esto, solicitó que se le retirara el título de judío en sus documentos del registro de población de Israel.
“Alegué ante el Tribunal Supremo que la ley diseñó y definió un nuevo pueblo judío. Este no es el judaísmo que enseño a mis hijos. No soy judío según esta norma, sino según la definición antigua, por lo que pedí que me retiraran del registro. Esto hace que sea el único israelí judío y practicante no registrado como tal”, dice Burg, procedente de una familia de la “aristocracia sionista”, según el diario Haaretz, e hijo de Yossef Burg, histórico líder del extinto Partido Nacionalista Religioso, quien fue diputado durante casi 40 años.
En sus artículos en Substack, Burg reflexiona sobre la deriva del país y la opresión a los palestinos, una de las causas por las que dejó la política en la Segunda Intifada. “Hace más de veinte años clamé por el trágico fin del sionismo. Ya entonces, la democracia en Israel agonizaba en las colinas de los territorios ocupados y el alma del país estaba infectada por una enfermedad mortal”, dijo en una de sus publicaciones de 2025.
Israel, en “bancarrota moral”
Burg lamenta que “la mayoría de la sociedad israelí permanece impasible e indiferente” ante la destrucción de Gaza, una señal “demoledora” de la “bancarrota moral” del país. “Tenemos que enfrentar la verdad: Israel, sin un fundamento ético, no tiene justificación para existir”, añade, alertando que el país ha llegado “al abismo”.
“Un Estado que niega los derechos a millones de personas, justifica el asesinato en masa como estrategia de seguridad y eleva la supremacía judía y desigualdad a ideología no puede reclamar legitimidad moral”, escribió, instando a abandonar “el nacionalismo tribal” y buscar “la humanidad compartida y la ciudadanía igualitaria”.
Para Burg, el fracaso del proceso de paz y la Segunda Intifada acabaron por separar a palestinos e israelíes. “Desde Oslo, ambas comunidades no se conocen”, lo que se agravó tras los ataques del 7 de octubre de 2023, cuando Hamás “cometió atrocidades y crímenes de lesa humanidad injustificables”, igual que “no se justifica la política criminal de Israel sobre Gaza”, dice. Según resalta, el trauma de aquel día llevó a Israel a un círculo vicioso.
“Desde entonces, estamos atrapados en la asunción de que todo lo que se hace contra nosotros justifica lo hecho contra ellos”, dice, advirtiendo que la reacción israelí deja tras de sí “una generación de odio”.
En agosto, Burg instó a un millón de judíos de todo el mundo a presentar una denuncia colectiva contra Israel ante la CIJ “por crímenes de lesa humanidad” en Gaza, cometidos “bajo la falsa bandera de la identidad judía”. Aquel mes también firmó una carta junto a otras treinta personalidades israelíes en la que pidió “sanciones drásticas” contra Israel.
Contra el arsenal nuclear israelí
Mientras Netanyahu se centraba en confrontar el programa nuclear de Irán, Burg fue el primer ex político israelí que en 2013 denunció públicamente la posesión de armas químicas y nucleares por parte de Israel, un secreto a voces sobre el que el país mantiene una postura de ambigüedad estratégica, sin negar ni confirmar, siendo de los pocos Estados del mundo que no firmó el Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares.
Expertos y órganos internacionales estiman que Israel posee decenas de ojivas nucleares en el complejo de Dimona, su centro de investigación nuclear hacia donde Teherán dirigió parte de sus ataques hace pocos días.
Burg se opone a la posesión israelí de este arsenal y alega que acelera la carrera nuclear en Oriente Medio.
Cuando hizo su revelación, un grupo derechista llegó a pedir que se le imputara por traición, mientras que ahora cree que la actual ofensiva de Israel y Estados Unidos contra Irán no hará más que empeorar la situación.
“Me preocupa que a raíz de esta guerra Irán busque desarrollar una estrategia similar a Corea del Norte, país al que nadie toca porque tiene armas nucleares. Temo que si los iraníes lo logran, después sigan la misma línea los saudíes, egipcios, etc., y todo Oriente Medio se sature de armas de destrucción masiva”, alega Burg, que aboga para que Israel renuncie a su arsenal nuclear y evite una carrera acelerada hacia la bomba atómica en la región.












