Las “Hello Girls”: Las operadoras telefónicas que conectaron los frentes en la Primera Guerra Mundial

Las "Hello Girls": Las operadoras telefónicas que conectaron los frentes en la Primera Guerra Mundial
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Las "Hello Girls": Las operadoras telefónicas que conectaron los frentes en la Primera Guerra Mundial

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El silencio reemplazó al fuego cuando las órdenes dejaron de circular. Los soldados, entendiendo que la lucha había terminado, abandonaron las trincheras. Pero la red de comunicación que había coordinado todo, esa red de voces y cables, no desapareció instantáneamente.

Un sistema de telefonía militar bilingüe

El Ejército de Estados Unidos, en plena Primera Guerra Mundial, organizó un sistema de telefonía militar dependiente de mujeres bilingües, las llamadas “Hello Girls”. Estas operadoras conectaban órdenes, movimientos y apoyo de artillería, coordinando tropas estadounidenses y francesas en un entorno donde el idioma era una barrera.

Su trabajo agilizó las decisiones, eliminando retrasos críticos en el frente.

Más que operadoras: gestoras de operaciones militares

Las “Hello Girls” no solo respondían llamadas. Gestionaban órdenes de avance, retirada y apoyo aéreo en tiempo real, bajo el fuego enemigo. Durante la ofensiva de Saint-Mihiel en 1918, cientos de soldados escuchaban sus voces transmitiendo instrucciones. También durante la ofensiva del Mosa-Argonne mantuvieron comunicaciones sin pausa.

Según el Museum of the American G.I., gestionaron más de 26 millones de llamadas hasta el final de la guerra. Elizabeth Cobbs, profesora en Texas A&M, destaca el peligro y el agotamiento de su labor, con centralitas en barracones que atraían el fuego de la artillería alemana, obligándolas a trabajar con casco y máscara de gas a mano.

Un reclutamiento exigente

El reclutamiento respondió a la necesidad del General John J. Pershing de operadoras que dominaran inglés y francés. Miles de mujeres se presentaron, pero solo una pequeña parte superó las pruebas. De 1.750 solicitantes, solo 223 terminaron sirviendo, según el Museum of the American G.I..

Grace Banker, jefa del grupo, explicó que debían dominar ambos idiomas y entender el francés de los soldados estadounidenses, además de manejar códigos que cambiaban diariamente.

Reconocimiento tardío

Al terminar la guerra, estas mujeres no fueron reconocidas como veteranas, ya que el Ejército las clasificó como civiles. Esta situación persistió hasta 1977, cuando el Congreso aprobó una ley que reconocía su servicio.

El presidente Jimmy Carter firmó la norma, permitiendo conceder beneficios militares a las supervivientes. Solo 18 seguían vivas en ese momento. En 1979, 31 mujeres recibieron la Medalla de la Victoria de la Primera Guerra Mundial.

Durante el conflicto, su formación las integraba en la estructura militar: instrucción diaria, aprendizaje de términos del Ejército e inspecciones. Vestían uniforme y rango, quedando sujetas a la disciplina del cuerpo.

Su rendimiento superó al de los operadores masculinos en velocidad y precisión. Algunos mandos afirmaron que sin ellas no habría sido posible coordinar brigadas estadounidenses en combate.

Historias recuperadas

Con el tiempo, las historias personales comenzaron a resurgir. Olive Shaw, una de las operadoras que vivió hasta el reconocimiento oficial, trabajó con la congresista Edith Nourse Rogers para lograrlo. Tras su muerte en 1980, fue enterrada como veterana en el cementerio nacional de Massachusetts.

Marguerite Lovera, enterrada en 1959 sin mención a su servicio, vio corregida su lápida décadas después gracias a un familiar.

Inez Crittenden murió en París el mismo día que terminó la guerra, víctima de neumonía, y fue enterrada en el cementerio americano de Suresnes junto a otros militares. Su historia quedó ligada al fin del conflicto mientras fallecía lejos de casa.

Aunque muchas operadoras murieron antes de 1977 sin acceder a los beneficios ganados, sus nombres y su servicio han sido incorporados a registros oficiales que durante décadas las ignoraron.