
Laurence Equilbey y su inmersión en la 'Misa en Si menor' de Bach
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Enfrentarse a la ‘Misa en Si menor’ de Johann Sebastian Bach es un desafío que linda con lo inasible, una arquitectura sonora concebida a lo largo de años, culminando en los últimos años de vida del compositor, como un legado. Bach nunca la escuchó completa, ni pudo presenciar la resonancia de esas páginas que condensaban décadas de experiencia, fe y pensamiento musical. Por ello, cada interpretación es un intento, una búsqueda casi a ciegas. En este contexto, la directora de orquesta Laurence Equilbey aborda por primera vez esta obra.
Un encuentro con la espiritualidad y la emoción
Equilbey, al frente de Insula Orchestra y los coros Accentus y Monteverdi, describió la experiencia como agotadora, ligada a la espiritualidad y las emociones.
“Dirigir esta obra tiene mucho que ver con la espiritualidad, las emociones… No he podido dormir casi después del concierto por la adrenalina”, comentó tras la presentación en La Seine Musicale, en Boulogne-Billancourt.
La preparación fue intensa, un proceso de inmersión que duró un año, según Equilbey. No se trataba solo de aprender la partitura, sino de internalizar la obra. A pesar del agotamiento, la directora irradiaba un brillo especial, recordando que la obra la ha acompañado desde su infancia.
La complejidad y la búsqueda de la totalidad
La complejidad de la obra requiere no solo años de estudio, sino también experiencia de vida. “Necesitas entender esta arquitectura global, que es monumental, y luego entrar en el detalle del contrapunto, donde cada línea tiene sentido y dirección”, explicó Equilbey.
La obra atrae por su dimensión total, donde Bach reúne toda su experiencia, permitiendo la coexistencia de emociones contrastadas: alegría, fe, sufrimiento. “Es realmente música humana”.
Uno de los retos fue cohesionar dos coros distintos: Accentus, de Francia, y Monteverdi, de Inglaterra. Equilbey buscó un equilibrio entre rigor y expresión, evitando caer en el análisis excesivo o el sentimentalismo desmedido.
Autoridad y libertad en la interpretación
La dirección de Equilbey, sutil y firme, generó un aura especial en la sala, provocando emociones en el público. “Como directora debes tener la última palabra, es realmente importante tener clara la estructura, la visión global, la articulación”, afirmó.
Sin embargo, también es crucial permitir que los músicos aporten su propia interpretación. “Si eres demasiado rígida, todo se vuelve gris, no hay suficiente libertad. Tiene que haber un equilibrio entre autoridad y apertura”.
La música como vocación y patrimonio
La música ha sido una constante en la vida de Equilbey, desde su infancia en un internado. Su batuta la ha llevado a dirigir prestigiosas orquestas.
Su proyecto principal es Insula Orchestra y el coro Insula, fundados en 2012. Ambos conjuntos buscan interpretar la música barroca, clásica y prerromántica con el máximo rigor, utilizando instrumentos de época e investigando el contexto musical, histórico y político de las obras.
Equilbey lamenta la falta de apoyo a la música clásica en algunas regiones de Francia. “Estoy un poco enfadada con la política aquí en Francia, porque la música clásica no está muy presente en los territorios”.
Un mensaje de paz y esperanza
Finalmente, Equilbey reflexiona sobre el poder de la música para rescatar a las personas de la angustia, la guerra y la violencia. “Para los jóvenes, entre 18 y 25 años, es un periodo muy complicado porque puedes vivir una auténtica revolución interior.
Y creo que la música clásica es un vehículo de muchas emociones: puedes sentir alegría, enfado, una gran catarsis”. La interpretación del ‘Dona nobis pacem’ al final del concierto fue un mensaje de apertura y una reflexión sobre la persistencia de la guerra.












