¿Qué dice la ciencia sobre la vida y muerte de Jesús de Nazaret?

¿Qué dice la ciencia sobre la vida y muerte de Jesús de Nazaret?
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¿Qué dice la ciencia sobre la vida y muerte de Jesús de Nazaret?

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Jesús de Nazaret, un hombre que vivió hace más de 2.000 años en una provincia romana, sin escribir libros ni ostentar poder, sigue siendo una figura influyente. La investigación histórica y la arqueología buscan reconstruir la vida de este predicador judío crucificado.

La existencia histórica de Jesús

Para Jorge Manuel Rodríguez Almenar, presidente del Centro Nacional de Sindonología, la existencia de Jesús es indudable. “Tenemos bastantes fuentes, no solo cristianas, sino también no cristianas que hablan de Jesús”, afirma, destacando que historiadores de la época como Flavio Josefo lo mencionan.

Contexto histórico y familiar

La investigación académica sitúa el nacimiento de Jesús entre el 6 y el 4 a.C. en Galilea.

Creció en Nazaret, una pequeña aldea agrícola y religiosa. Su madre era María y su padre, José, era un “téktōn”, un término griego que se refiere a constructor, obrero o artesano. Se trataba de una familia trabajadora sin gran relevancia social.

Rodríguez Almenar describe Nazaret como una “ciudad dormitorio” para los constructores que trabajaban en Séforis, la capital de Galilea. Los primeros años de Jesús estuvieron marcados por la religiosidad judía, con un hito importante como la presentación en el templo a los 12 años.

Contrario a la imagen de una familia indigente, Rodríguez Almenar considera que pertenecían a la clase media de la época.

Un “téktōn” era un autónomo, una persona independiente. La familia descendía del linaje del rey David y tenía una situación económica suficiente.

El período de silencio y la vida en Séforis

Entre los 12 y los 30 años, hay un vacío en las fuentes. Se cree que Jesús trabajó como “téktōn” en Séforis, una ciudad en expansión. Esta experiencia lo habría puesto en contacto con la arquitectura romana, la desigualdad social y el funcionamiento del poder, formándose en un contexto de resistencia a la ocupación romana.

Juan el Bautista y el inicio de su actividad pública

El inicio de la vida pública de Jesús está ligado a Juan el Bautista, un predicador que bautizaba en el Jordán.

El historiador Luis Antequera aclara que no hay consenso académico sobre si Jesús fue discípulo de Juan, sugiriendo que Juan admiraba a Jesús, y algunos de sus discípulos, como Andrés, comenzaron a seguirlo.

Mensaje y milagros

Tras la muerte de Juan, Jesús asume un nuevo papel, presentando gradualmente su mensaje: primero como profeta, luego como Mesías y finalmente como hijo de Dios. Su fama como sanador y obrador de milagros fue crucial. Antequera afirma que “Jesús gozó de la fama de hacer milagros y de sanar”, reconocido en fuentes cristianas y no cristianas.

Históricamente, la fama de sanador se interpreta como una forma de liderazgo. En un mundo donde la enfermedad y la exclusión social estaban unidas, sanar era reintegrar y devolver la dignidad.

Este poder le generó enemigos entre saduceos, herodianos y romanos, que lo vieron como una amenaza, mientras que los fariseos fueron más “permeables” a su mensaje.

Arresto, juicio y crucifixión

El final de su vida ocurre en Jerusalén, alrededor del año 30, durante la Pascua judía. Tras una última cena con sus seguidores, Jesús fue arrestado en Getsemaní. José María Rivas Alba, catedrático de Derecho Romano, cree que el arresto nocturno tenía como objetivo evitar tumultos. El cargo principal fue la blasfemia, junto con otros comportamientos que cuestionaban el poder del Templo.

Rivas Alba sostiene que hubo dos juicios: uno judío ante el Sanedrín, que lo condenó por blasfemia, y otro romano ante Poncio Pilato.

Sorprendentemente, Rivas Alba afirma que el procedimiento “se ajustó a derecho”, tanto desde el punto de vista judío como romano. Lo excepcional fue la celebración del juicio, ya que otros pretendientes mesiánicos fueron reprimidos militarmente sin proceso.

La condena fue la crucifixión, un castigo romano de máxima crueldad. La flagelación era una “pena accesoria” habitual. La muerte en la cruz fue rápida en el caso de Jesús, probablemente debido a la crueldad de la represión previa.

Los estudios médicos sugieren que la causa final fue un fallo cardíaco o multiorgánico.

Sepultura y evidencia arqueológica

Aunque la crucifixión buscaba la humillación póstuma, en Judea existían normas sobre la sepultura. La petición de José de Arimatea a Pilato para enterrar el cuerpo antes del sábado “entra dentro de lo normal y de lo razonable”. La arqueología ha confirmado que el lugar donde la tradición sitúa el enterramiento, actualmente la Iglesia del Santo Sepulcro, estaba fuera de las murallas en tiempos de Jesús, dando credibilidad histórica al relato evangélico.