
¿Quién fue Jesús de Nazaret? La ciencia reconstruye su vida y muerte
Foto: Archivo – Todos los derechos reservados
La figura de Jesús de Nazaret, un hombre que vivió hace más de dos mil años en una provincia del Imperio Romano, sigue siendo objeto de estudio e interés. A pesar de no haber escrito libros ni ostentado poder político o riquezas, su vida ha marcado a millones de personas. La investigación histórica y la arqueología se esfuerzan por reconstruir la historia de este predicador judío que murió crucificado.
La existencia de Jesús: ¿hecho o leyenda?
Para Jorge Manuel Rodríguez Almenar, presidente del Centro Nacional de Sindonología, la existencia de Jesús es un hecho innegable. Argumenta que existen numerosas fuentes, tanto cristianas como no cristianas, que mencionan su figura.
Destaca que historiadores de la época como Flavio Josefo lo citan, afirmando que “el 100 por 100 de los historiadores que hablan de Jesús, del tiempo y del lugar de Jesús, lo citan”.
Orígenes humildes en Galilea
La investigación académica sitúa el nacimiento de Jesús en Galilea, probablemente entre el año 6 y el 4 antes de nuestra era. Creció en Nazaret, una pequeña aldea de entre 200 y 400 habitantes, una comunidad agrícola, pobre y profundamente religiosa. Su madre se llamaba María y su padre, José, era un “téktōn”, un término griego que alude a un constructor, obrero o artesano. Se trataba de una familia trabajadora sin relevancia social.
Nazaret era una “ciudad dormitorio” de los constructores que trabajaban en Séforis, la capital de Galilea.
Su infancia transcurrió en un ambiente sencillo, marcado por la religiosidad judía. Un hito importante fue la presentación en el templo a los 12 años, cuando los niños pasaban a ser “hijos de la ley”.
Contrariamente a la imagen de una familia indigente, Rodríguez Almenar sugiere que pertenecían a la clase media de la época. Un “téktōn” era un autónomo que no dependía de otros. Esta posición refuta la idea de que Jesús era una especie de “perro flauta”, defendiendo que la familia descendía del linaje del rey David y gozaba de una situación económica suficiente para vivir.
El silencio y el trabajo en Séforis
Entre los 12 años y el inicio de su vida pública, hay un vacío de casi dos décadas en las fuentes.
Los investigadores creen que Jesús pudo haber trabajado como “téktōn” en la cercana Séforis, una ciudad en plena expansión. Esta experiencia le habría puesto en contacto con la arquitectura romana, la desigualdad social y el funcionamiento del poder.
Juan el Bautista y el inicio de su ministerio
El inicio de su actividad pública está ligado a la figura de Juan el Bautista, un predicador que anunciaba un juicio inminente y bautizaba en el Jordán. El historiador Luis Antequera señala que no hay consenso académico sobre si Jesús fue discípulo de Juan. Más bien, parece que Juan admiraba a Jesús, y tras bautizarlo, algunos de sus discípulos comenzaron a seguir al nazareno.
Tras la muerte de Juan, Jesús asume un nuevo papel, presentándose primero como un profeta, luego como el Mesías y, finalmente, como el “mismísimo hijo de Dios”.
Su fama como sanador y obrador de prodigios fue fundamental. Antequera afirma que “Que Jesús gozó de la fama de hacer milagros y de sanar, de eso no nos debe caber la menor duda”, respaldado por fuentes cristianas y extracristianas.
Enemigos y el final en Jerusalén
La fama de Jesús como sanador, interpretada como una forma de liderazgo, le generó enemigos. Saduceos, herodianos y romanos lo vieron como una amenaza, mientras que los fariseos mostraron cierta apertura a su mensaje. Su final se precipitó en Jerusalén durante la fiesta de la Pascua judía.
Tras una última cena con sus seguidores, Jesús fue detenido de noche en el huerto de Getsemaní.
José María Rivas Alba, catedrático de Derecho Romano, explica que el arresto nocturno buscaba evitar tumultos. El cargo principal fue la blasfemia, aunque también se consideraron otros comportamientos que cuestionaban el poder del Templo.
Rivas Alba plantea la teoría de que hubo dos juicios: uno judío ante el Sanedrín, que lo condenó por blasfemia, y otro romano ante Poncio Pilato. Afirma que el procedimiento se ajustó a derecho tanto desde la perspectiva judía como romana. La condena fue la crucifixión, un castigo romano de máxima crueldad.
La sepultura y la arqueología
Aunque la crucifixión buscaba la humillación póstuma, la petición de José de Arimatea a Pilato para enterrar el cuerpo antes del sábado era algo normal.
La arqueología ha confirmado que el lugar donde la tradición sitúa el enterramiento, en la Iglesia del Santo Sepulcro de Jerusalén, estaba fuera de las murallas en tiempos de Jesús, lo que otorga credibilidad histórica al relato evangélico.













