El caparazón de las tortugas revela secretos del pasado climático

El caparazón de las tortugas revela secretos del pasado climático
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El caparazón de las tortugas revela secretos del pasado climático

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El caparazón de las tortugas, aparentemente un simple escudo natural, es en realidad un archivo que almacena datos valiosos para reconstruir el pasado climático y comprender mejor la vida marina. Un estudio reciente de la Universidad de Miami, publicado en *Marine Biology*, ha demostrado que el caparazón de las tortugas marinas guarda información química sobre el entorno, permitiendo a los científicos analizar cambios en el océano y en la alimentación de estos animales.

Un registro biológico

Investigadoras como Bethan Linscott y Amy Wallace han identificado el caparazón como un registro biológico que conserva señales acumuladas durante años. Esta información es crucial para estudiar cómo los cambios ambientales afectan a especies que pasan gran parte de su vida lejos de la costa.

El caparazón, formado principalmente por queratina (el mismo material que compone el pelo y las uñas humanas), crece en capas sucesivas. Cada nueva capa se genera cuando el tejido crece y queda fijada con la información química del momento en que se formó, conservando así un fragmento del pasado del animal.

Análisis de las capas

El análisis de estas capas permite calcular el ritmo de crecimiento del caparazón con precisión. Los datos revelan que una capa de unos 50 micrones representa entre siete y nueve meses de desarrollo, aunque la velocidad varía según el individuo, indicando que no todas las tortugas crecen al mismo ritmo y que factores externos influyen en este proceso.

Dieta y hábitat revelados

Las capas del caparazón también contienen señales químicas que revelan dónde se alimentó la tortuga y qué tipo de dieta tuvo en cada etapa. El análisis de isótopos estables permite reconstruir rutas y hábitos sin necesidad de seguir al animal durante años. Además, estas señales muestran cómo va cambiando el mar con el paso del tiempo, aportando información que no se puede obtener observando al animal en su día a día.

Impacto de eventos oceánicos

Los investigadores detectaron periodos en los que el crecimiento del caparazón se ralentizaba al mismo tiempo en varios ejemplares. Estos momentos coincidieron con fenómenos como las mareas rojas y grandes acumulaciones de sargazo en las aguas de Florida.

Linscott explicó que “estos caparazones están registrando el estrés ambiental en el océano” y añadió que “podemos usar huellas químicas preservadas en los escudos para detectar cambios ecológicos”. Estos episodios afectan la disponibilidad de alimento y las condiciones del hábitat, lo que se refleja en el desarrollo del animal. En muchos casos, las tortugas no recuperaron su ritmo de crecimiento tras estos eventos.

Para obtener estos datos, el equipo analizó caparazones de 24 tortugas varadas en la costa de Florida entre 2019 y 2022, incluyendo tortugas bobas y verdes. Se extrajeron pequeñas muestras circulares y se cortaron en secciones de unas 50 micras de grosor para estudiar cada capa por separado. Se aplicó datación por radiocarbono y se compararon los resultados con el llamado pulso de bomba del siglo XX, generado por pruebas nucleares, utilizando modelos bayesianos para estimar la acumulación del tejido. Este proceso permitió vincular cada capa con un periodo concreto y reconstruir la historia ambiental registrada en el caparazón.