El retrato del ‘infierno’ de Internet según Carla Nyman

El retrato del 'infierno' de Internet según Carla Nyman
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El retrato del 'infierno' de Internet según Carla Nyman

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Carla Nyman, autora de Palma (1996), presenta su segunda novela, **”El valle del silicio”**, un relato contemporáneo que captura la esencia de una generación. La obra, publicada por Penguin Random House, sumerge al lector en la vida de una joven que se aísla del mundo real, refugiándose en un chat en línea que le promete escapar de sus problemas.

Un reflejo de la realidad contemporánea

Nyman describe su novela como una exploración de la psique humana, marcada por el deseo, la tecnología y la necesidad de afecto. En entrevista, la escritora explica que la protagonista busca sustitutos para las figuras ausentes en su vida, desde una compañera de trabajo virtual hasta un perro parlante llamado Averroes, pasando por Samuel Pearce, un gurú digital que representa una vía de escape tecno-mística.

La autora reflexiona sobre cómo Internet puede ser tanto un espacio de libertad como de control, reflejando la tensión entre adicción, deseo y aislamiento que impregna la novela. “Vivimos en una negación constante de la realidad, con conductas compulsivas, depresión e incertidumbre”, afirma.

Proyectos futuros

Además de su novela, Nyman trabaja en proyectos que fusionan literatura, performance y tecnología. Próximamente estrenará **”Hyperbórea”**, una obra teatral para actriz y robot, y desarrolla **”Hydra”**, un proyecto que reinterpreta mitos híbridos para explorar al ser humano como cuerpo compuesto de minerales, agua y tecnología.

El encierro tecnológico y la orfandad cósmica

La novela plantea un nuevo tipo de encierro, no solo físico sino también mental y tecnológico. La protagonista se desvanece en la pantalla, anulando su realidad y sus vínculos interpersonales. Su trabajo es telemático, lo que refuerza su autoaislamiento, y vive una “orfandad cósmica” al no tener lazos con amigos ni pareja.

Necesita sustituciones compensatorias para subsistir, y es ahí donde el ordenador, personificado a través del usuario Samuel Pearce, cobra vida. Todo ocurre a nivel mental, con escasa acción física.

Personajes como símbolos de la contemporaneidad

Los personajes de la novela representan distintos aspectos de la contemporaneidad: el hastío de la narradora, la promesa digital de Samuel Pearce, la aceptación del nuevo orden capitalista en Lady Kombucha, y el pensamiento crítico de Averroes. Nyman afirma que esta representación fue accidental, surgiendo como un síntoma del momento actual.

La novela es un reflejo de este momento contemporáneo delirante, casi esquizoide, en el que vivimos: startups, preocupación por la microbiota más que por el deseo… De ahí emergen estos personajes simbólicos. Ella, al vivir esa orfandad, necesita sustituir figuras que no tiene. Por ejemplo, le falta una madre y la sustituye con Lady Kombucha, que representa un mandato ético hiperbolizado, muy cercano a un mandato capitalista: ser eco-friendly, éticamente intachable, pero mediado por el mercado.

La distopía hecha realidad

Nyman considera que la distopía no es algo futuro, sino la realidad que vivimos. La ciencia ficción se ha convertido en nuestra cotidianidad. Su novela, más que ciencia ficción, es ficción especulativa: extraña la realidad para señalar lo delirante que es.

En la relación digital con Samuel Pearce, se percibe un cambio en los vínculos afectivos a través de la tecnología. Internet, según Nyman, es un espejo narcisista que nos devuelve versiones recortadas de nosotros mismos, impidiendo la negociación real con el otro y generando un diálogo superficial.

Al volcar su inconsciente en Internet, la protagonista comienza a reconocer sus malestares, un primer paso hacia la lucidez. A pesar de la sensación de derrota, Nyman cree que la novela no es completamente pesimista, y que Internet, aunque inhóspito, puede ser un lugar para el autodescubrimiento.