‘Genocidio reproductivo’: cómo Israel trata de aniquilar el futuro de la población de Gaza

'Genocidio reproductivo': cómo Israel trata de aniquilar el futuro de la población de Gaza
Imagen de archivo: https://www.eldiario.es/

'Genocidio reproductivo': cómo Israel trata de aniquilar el futuro de la población de Gaza

Foto: Archivo – Todos los derechos reservados

Las violencias del genocidio han marcado profundamente las vidas de los palestinos. En el caso de las mujeres y niñas palestinas, experiencias como la menstruación, el embarazo o el parto se han convertido en una pesadilla. Miles de mujeres se han visto forzadas a parir en condiciones extremas, sin acceso a cuidado pre o postnatal, en un escenario de devastación y falta de los insumos más básicos.

Los datos sobre la salud sexual y reproductiva de las palestinas en tiempos de genocidio son abrumadores: aumento de los abortos espontáneos hasta en un 300%, cesáreas sin anestesia o *post mortem*, incremento en las tasas de mortalidad en el parto de mujeres y bebés por condiciones prevenibles, histerectomías por falta de acceso a medicamentos, desnutrición, deshidratación y anemia que impiden la lactancia.

A esto se suman las consecuencias derivadas de la falta de acceso a agua y a productos de higiene básicos, incluyendo los de higiene menstrual, en un contexto de bloqueo, desplazamientos sucesivos, hacinamiento y precariedad. Mujeres y adolescentes palestinas se han visto obligadas a improvisar compresas, exponiéndose a enfermedades.

‘Reprocidio’

Estos impactos no son una simple consecuencia de la ofensiva israelí, ni un daño colateral. Investigaciones de expertos de Naciones Unidas, entidades feministas y académicas palestinas, y también ONG israelíes, han denunciado la utilización sistemática y deliberada de la violencia reproductiva en el marco del genocidio. Esta violencia afecta la capacidad de reproducción física y social de la población palestina.

Se ha recurrido al término de “genocidio reproductivo” o al concepto “reprocidio”, como plantea la académica gazatí Hala Shoman, subrayando que detrás hay una estrategia deliberada para eliminar el presente y el futuro de una comunidad, a través de violencia directa y estructural, con efectos inmediatos y a largo plazo.

“Mientras el genocidio extingue las vidas de las personas que existen, el ‘reprocidio’ se asegura de que muchas vidas potenciales no existan nunca”, subraya Shoman.

Esta violencia conecta con las políticas y lógicas de la colonización, ocupación y *apartheid* impuestos por Israel en Palestina. La violencia reproductiva observada en Gaza se entiende como una continuación e intensificación de las políticas del colonialismo de asentamiento israelí en su batalla demográfica contra la población palestina.

Aunque la magnitud de esta violencia es inédita, no es nueva. Ejemplo de ello son los impactos del sistema de segregación, control y restricciones de movimiento impuestos por Israel en Cisjordania, que afectan de manera especial a la salud física y mental de las mujeres embarazadas; o las estrategias de vigilancia de las tasas de natalidad de la población palestina que tiene ciudadanía israelí.

Desde un prisma de justicia reproductiva, se ha insistido en que las políticas israelíes no solo han comprometido las posibilidades de la población palestina de procrear, sino también las opciones de decidir no tener hijos y las posibilidades de una crianza en un entorno seguro y digno.

En el contexto de genocidio en Gaza se han documentado ataques a infraestructuras sanitarias que han afectado a centros de salud materno-infantil y han comprometido el acceso a atención de salud sexual y reproductiva que necesitan más de medio millón de mujeres y niñas palestinas en edad fértil.

Las crecientes restricciones impuestas por Israel al trabajo de organizaciones humanitarias en Gaza amenaza la labor de entidades como Médicos Sin Fronteras, que viene desarrollando un papel clave, en especial en la asistencia a los partos en la Franja.

Las reflexiones en torno a la violencia reproductiva han puesto el foco en el ataque israelí que en diciembre de 2023 afectó al principal centro de fertilidad asistida de Gaza. Más de 4.000 embriones fueron destruidos en el bombardeo contra la clínica Al Basma, un episodio que ha reforzado las acusaciones contra Israel por “imponer medidas tendientes a prevenir los nacimientos de un grupo”, uno de los cinco crímenes contemplados en la Convención contra el Genocidio.

La campaña israelí ha arrasado con recursos vitales para sostener la vida y ha expuesto a la población a una lucha diaria por la supervivencia. Los duelos inconclusos, la incertidumbre diaria sobre si podrán proteger o alimentar a sus hijos e hijas y la frustración por la incapacidad de ofrecerles un horizonte de seguridad y esperanza, explican en parte los cuadros de depresión, ansiedad y otros problemas de salud mental, en una población palestina afectada por un trauma duradero, repetitivo, colectivo y transgeneracional.

Fracturar y subyugar

Los retos parecen difíciles de dimensionar cuando las heridas son tan profundas, cuando se estima que la práctica totalidad de los niños y niñas de Gaza requiere atención psicológica, cuando la infancia palestina implica vivir con una sensación de muerte inminente.

El marco de la violencia reproductiva también obliga a atender las consecuencias físicas y psicológicas, a corto y medio plazo, de la violencia sexual. Su uso también ha sido documentado y denunciado en el marco del genocidio, entre otras voces por una comisión internacional de investigación independiente de la ONU, que ha alertado sobre su incremento e intencionalidad: fracturar y subyugar al conjunto de la población palestina.

Hay evidencias que indican que la violencia sexual se ha ejercido con el aliento implícito o explícito de autoridades civiles y militares israelíes.

La violencia sexual y de género ha sido utilizada como forma de castigo e intimidación colectiva y ha afectado en particular a prisioneras y prisioneros palestinos, objeto de abusos y violaciones registrados en vídeos y fotografías difundidos en redes sociales. La violencia sexual como mecanismo de tortura también ha sido denunciada en el último informe de la relatora especial de la ONU para Palestina, Francesca Albanese, quien ha exigido responsabilidades a altos cargos del Gobierno israelí.

Las fuerzas israelíes también han explotado los códigos de género con el propósito de humillar a las mujeres y adolescentes palestinas durante sus incursiones y registros, por ejemplo, obligándolas a exponerse en ropa interior frente a su comunidad.

Desde una mirada de género también cabe atender otras violencias invisibilizadas en el contexto de genocidio. Entre ellas, el aún infradocumentado incremento de los matrimonios de menores palestinas. Organizaciones feministas palestinas han alertado sobre el aumento de los matrimonios precoces como una estrategia negativa de afrontamiento y que responde, en parte, a la preocupación por cuestiones de “honor”. Las dificultades económicas, el hacinamiento y las complejas perspectivas de educación han aumentado las presiones sociales para que menores palestinas contraigan matrimonio antes de los 18 años.

En un escenario de supervivencia, a muchas niñas palestinas se les presenta esta opción como una vía para conseguir seguridad y estabilidad. Otra forma más de violencia que trunca futuros y mina los cuerpos de las mujeres y las niñas palestinas. Violencias que no pueden ni deben ser silenciadas ni normalizadas.