
Un testimonio de esperanza: De desear la eutanasia a esperar un hijo
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La vida de Judith, marcada por el dolor y la adversidad, es ahora un faro de esperanza y una historia de segundas oportunidades. Tras una infancia y adolescencia difíciles, culminadas con una lesión medular tras un intento de suicidio, la joven llegó a considerar la muerte como la única vía de escape.
Sin embargo, hoy, a sus 28 años y embarazada de cuatro meses, su perspectiva es radicalmente distinta. Así lo ha relatado en una entrevista, ofreciendo un testimonio conmovedor sobre su transformación.
El punto de inflexión: un intento de suicidio
El 29 de diciembre de 2016 marcó un antes y un después en la vida de Judith. Con 19 años y un historial de sufrimiento a sus espaldas, se precipitó desde una altura considerable, fracturándose cuatro vértebras, la muñeca izquierda y la cabeza del radio derecho.
Este fue el último de varios intentos de quitarse la vida, pero el que le dejó las secuelas físicas más graves.
En la cama del hospital, sin saber si volvería a caminar, Judith se sintió abrumada. La idea de la eutanasia surgió como una forma de escapar del dolor. “Menos mal que la ley no estaba aprobada, porque me veo a día de hoy la vida que tengo, y hubiera sido un gran fracaso terminar así”, ha confesado.
Una infancia marcada por el abandono y el acoso
El sufrimiento de Judith se remonta a su infancia. Su padre, adicto a las drogas y maltratador, abandonó a la familia, un hecho que la marcó profundamente.
Durante años, se culpó a sí misma del abandono, una carga emocional que afectó sus relaciones y su autoestima.
En el colegio, la situación no mejoró, ya que sufrió acoso escolar. Judith atribuye esto a su dependencia emocional, consecuencia de la “herida” de su padre. Su deseo de ser vista y querida la llevó a adoptar un comportamiento insistente en sus relaciones, lo que a menudo tenía consecuencias negativas.
La adolescencia y las autolesiones
Durante la adolescencia, entre los 17 y los 19 años, Judith comenzó a autolesionarse como una forma de castigarse. Esto se intensificó tras un encuentro con su padre en el que él la culpó de todo.
A pesar de recibir ayuda psicológica intermitente desde los 12 años, a los 17 sintió que perdía el control y regresó a terapia y a la medicación.
Las crisis de ansiedad eran tan intensas que fue ingresada en un hospital de día. Un día antes de su caída, ingirió una gran cantidad de tranquilizantes y, al día siguiente, solicitó ayuda a sus terapeutas, quienes no consideraron necesario su ingreso.
Una luz en la oscuridad: el camino hacia la recuperación
Tras el accidente, una psicóloga del Institut Guttmann, el hospital de neurorrehabilitación, se convirtió en un apoyo fundamental para Judith. Su paciencia y cariño marcaron una diferencia crucial en su proceso de recuperación.
Hoy, Judith continúa recibiendo tratamiento psicológico y físico, pero con una nueva perspectiva. Está casada desde diciembre con un hombre que ha sido un pilar en su vida durante más de cinco años.
Él le ha brindado el amor y la paciencia necesarios para reconstruir su corazón roto.
Además, está embarazada y aprendiendo a gestionar las dificultades de una manera diferente, con la mínima medicación posible.
Un mensaje de esperanza
El proceso de sanación de Judith continúa. Como ella misma dice, está “edificando a la Judith de verdad”, una construcción diaria. Su mensaje para quienes sufren es de empatía y esperanza: “El sufrimiento muchas veces puede parecer que no tiene ningún sentido, que es estéril, pero por mi experiencia, tantas veces ese sufrimiento ha dado fruto y ha edificado la gran mujer que a día de hoy soy, y que a día de hoy sigue construyéndose”.













