Semana Santa en Santiago: Un Viaje al Corazón de la Cofradía del Rosario

Semana Santa en Santiago: Un Viaje al Corazón de la Cofradía del Rosario
Imagen de archivo: https://www.cope.es/

Semana Santa en Santiago: Un Viaje al Corazón de la Cofradía del Rosario

Foto: Archivo – Todos los derechos reservados

A pocos días del inicio de la Semana Santa, las puertas laterales de la iglesia de San Domingos de Bonaval se preparan para revelar los secretos de esta tradición en Santiago de Compostela. Rita Coira Durán, cofrade y camarera de la Virgen de la Real e Ilustre Cofradía Numeraria del Rosario, nos guía a través de los entresijos de una de las once cofradías que participan en las procesiones compostelanas. Un cargo que ha heredado de su madre, representando una tradición familiar que se extiende a lo largo de generaciones.

Un Cementerio Privado Lleno de Historia

Al subir los escalones tras la puerta de madera, se accede a un espacio poco conocido: el cementerio privado de la cofradía, ubicado junto a la iglesia y el antiguo Convento de Santo Domingo de Bonaval. Este camposanto, con parcelas ajardinadas y nichos circundantes, alberga los restos de aproximadamente 200 cofrades numerarios.

Popularmente conocido como el “cementerio de los ricos”, aquí descansan los miembros de las “150 familias más importantes” de Santiago, cuyas casas se encontraban en la zona monumental. Hoy en día, la mayoría de los enterrados son descendientes de aquellas familias.

Para Rita Coira, pertenecer a la cofradía es tanto “un orgullo” como “una responsabilidad muy grande”, especialmente en lo que respecta a asegurar el éxito de la procesión del Viernes Santo. La tensión es palpable en los días previos, donde cada detalle se cuida meticulosamente, y la mirada se dirige al cielo con inquietud. La lluvia podría impedir la salida de la procesión, aunque existe una alternativa: un Vía Crucis dentro de la iglesia.

La Sala de Juntas: Centro Neurálgico de la Hermandad

La sala de juntas, el “puesto de mando” de la hermandad, está lista para el Viernes Santo.

Trajes de época, que datan de finales del siglo XIX y principios del XX, cuelgan a la espera de ser usados por los niños de la procesión. Cajas llenas de utensilios de costura aguardan para los ajustes de última hora. Aquí, las mujeres se ayudan mutuamente a colocarse las mantillas y los velos de las niñas, que visten trajes de la época de Jesús.

A pesar de la larga historia de la cofradía, fundada en 1445, nada se da por sentado. Cada año se revisa todo minuciosamente, ya que “siempre hay cosas imprevisibles”.

Desde las horquillas para los porteadores hasta los trajes, todo debe estar en perfecto estado. Se presta especial atención a los adornos de la Virgen y la urna, asegurándose de que estén limpios y listos.

Un hallazgo reciente ha sido motivo de celebración: un estandarte de la antigua cofradía del Perpetuo Socorro de Belvís, que fue depositado en San Domingos de Bonaval tras la disolución de aquella. El estandarte permaneció durante décadas en el Museo do Pobo Galego hasta su reciente recuperación.

La Capilla del Rosario: El Corazón de la Cofradía

La Capilla del Rosario, el “corazón” de la cofradía, acoge misas mensuales y otras ceremonias importantes. Un impresionante retablo de madera preside el espacio, junto a la imagen de la Virgen.

Actualmente, la cofradía cuenta con entre 150 y 180 miembros, con capacidad para 200 familias, y está abierta a nuevas incorporaciones, que deben ser avaladas por tres cofrades.

La sacristía, ubicada tras una puerta de madera, alberga las imágenes y tronos utilizados en Semana Santa, así como una imagen de la Virgen María que se procesionaba antes de 1960, cuando se adoptó la imagen actual, obra del artista compostelano Castor Lata.

El Altar Mayor y las Imágenes Procesionales

La visita culmina en el Altar Mayor de la Iglesia de San Domingos de Bonaval, donde aguardan las dos imágenes procesionales: la urna del Santo Entierro y la Virgen del Rosario, “sufriendo la muerte de su hijo”. Junto a ellas se encuentra una imagen de un Cristo que procesionó por primera vez el año pasado, y que se seguirá sacando en futuras ocasiones.

Más allá de las maderas nobles, la plata, el marfil y el manto de la virgen donado por la reina Isabel II, Rita Coira invita a fijarse en “la cara del Cristo”, los adornos de la urna, el corazón de la Virgen, que “realmente es una joya”, y su expresión de tristeza.

Todo este esfuerzo se resume en un sentimiento profundo: “Sientes un amor tremendo”. Es una emoción que lo transforma todo: “En el momento que te pones, tu corazón cambia, es un amor hacia la cofradía y un amor a las imágenes y a la misma María, porque es que no puedes de otra manera, lo vives de esa forma…, se vive”.

Este año, la dedicación de Rita será doble, tanto por ella como por su madre, también llamada Rita, cuya salud le impide participar como lo hizo durante toda su vida.