IRÁN TRAS LAS BOMBAS: ¿POR QUÉ LA GUERRA NO TRAERÁ UN CAMBIO DEMOCRÁTICO?

IRÁN TRAS LAS BOMBAS: ¿POR QUÉ LA GUERRA NO TRAERÁ UN CAMBIO DEMOCRÁTICO?
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IRÁN TRAS LAS BOMBAS: ¿POR QUÉ LA GUERRA NO TRAERÁ UN CAMBIO DEMOCRÁTICO?

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La actual situación bélica ha impactado al régimen iraní, pero no ha acercado al país a una transición democrática. Más bien, refuerza un patrón común en sistemas autoritarios: la presión militar externa rara vez genera transformaciones internas. En cambio, permite al poder consolidar el control, reprimir la disidencia y ocultar crisis profundas. El debate internacional se ha centrado en el rechazo a la guerra, dejando de lado la cuestión fundamental: ¿cuál debería ser el resultado político?

Desde el recrudecimiento de los ataques, Irán ha entrado en una fase de conflicto externo y represión interna reforzada. El liderazgo ha utilizado la guerra para reinterpretar el descontento interno como un problema de seguridad nacional, justificando una represión más dura en un contexto de creciente presión interna. El levantamiento de enero de 2026 ilustra esto: en lugar de abrir espacio para el cambio, la guerra ha contribuido a cerrarlo.

En este contexto de represión intensificada, el régimen ejecutó a cuatro presos políticos de la Organización de los Muyahidines del Pueblo de Irán (OMPI): Mohammad Taghavi, Akbar Daneshvarkar, Babak Alipour y Pouya Ghobadi. Estas ejecuciones evidencian una campaña sistemática para eliminar a la oposición y sembrar el miedo.

Una guerra sin estrategia política

La idea de que los bombardeos pueden provocar un levantamiento popular parte de una comprensión errónea del Estado iraní. La guerra y los bombardeos aéreos no crean las condiciones para la movilización democrática. Al contrario, proporcionan a los regímenes en crisis un escudo que les permite cerrar filas, reprimir la disidencia con mayor eficacia y ocultar los fallos estructurales.

A menudo falta un vínculo claro entre la presión y el resultado político. La acción militar, las sanciones o la diplomacia se tratan como fines en sí mismos, sin integrar el factor decisivo: el papel del pueblo iraní y de la oposición organizada.

La política de apaciguamiento y compromiso con los mulás reforzó al régimen y acabó desembocando en la guerra.

La idea de un colapso espontáneo es ilusoria. El régimen no es una estructura hueca que vaya a derrumbarse bajo presión externa, sino un sistema de seguridad capaz de absorber golpes y utilizar las amenazas externas para afianzar la cohesión interna. No se derrumba desde arriba; es cuestionado y derrocado desde dentro.

Esta perspectiva ha sido defendida por el Consejo Nacional de la Resistencia de Irán, que aboga por una república democrática basada en la soberanía popular y elecciones libres, rechazando tanto el apaciguamiento como las soluciones militares externas, defendiendo una tercera vía: el cambio impulsado por el pueblo iraní y la resistencia organizada.

El papel de la resistencia organizada

El cambio democrático en Irán no es espontáneo ni resultado de una intervención extranjera. Requiere una fuerza estructurada dentro del país capaz de mantener la presión sobre el régimen.

Desde hace más de una década existe una red clandestina de resistencia en Irán, conocida como las Unidades de Resistencia. Estas estructuras, vinculadas a la OMPI, han desempeñado un papel activo en la movilización y el sostenimiento de las protestas, pese a la intensa represión. La reciente formación de un ejército clandestino de liberación refleja un intento de organizar la resistencia de forma más coordinada.

Más allá del “no a la guerra”

El conflicto actual también ha puesto de manifiesto los límites de los eslóganes predominantes en Europa. Los llamamientos a un alto el fuego o al “no a la guerra” son necesarios, pero no suficientes. Oponerse a la guerra sin abordar la estructura política de fondo corre el riesgo de congelar la crisis en lugar de resolverla.

Decir no a la guerra es insuficiente si se deja intacto el sistema existente. Una política seria debe reconocer el derecho del pueblo iraní a lograr un cambio democrático.

Las ilusiones del cambio desde el exterior

La guerra también ha puesto de relieve la debilidad de las narrativas basadas en la intervención externa. Esta visión es errónea. La guerra no favorece los levantamientos populares; tiende a sofocarlos. Proporciona al régimen la justificación necesaria para intensificar la represión y silenciar la disidencia. La hipótesis de un colapso espontáneo refleja un desconocimiento de la estructura y la resiliencia del régimen.

Una república democrática desde dentro

La cuestión central no es si el régimen está bajo presión, sino qué fuerza puede transformar esa presión en un resultado democrático. Sin el papel activo del pueblo iraní y de una resistencia organizada, ninguna presión externa producirá un cambio democrático. La verdadera cuestión es si se está dispuesto a reconocer de dónde puede surgir ese cambio en Irán.