
CINCO CARTAS DE AMOR DEL SIGLO XVII REVELAN UN ROMANCE CLANDESTINO
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El amor clandestino y las pasiones arrebatadoras no son exclusivas de las telenovelas modernas, sino emociones universales que han existido a lo largo de la historia. En la España del siglo XVII, bajo la estricta moralidad del Barroco, los jóvenes enamorados ideaban maneras de sortear la vigilancia familiar y eclesiástica. Los compromisos matrimoniales eran asuntos serios, y los tribunales estaban llenos de litigios por incumplimiento de la palabra dada.
Una investigación rescata un legajo del 5 de diciembre de 1617 que contiene un tesoro documental: cinco cartas de amor escritas por una joven de 19 años.
Un romance truncado por la oposición familiar
La historia se centra en María Ferragudo Cuende y Grijalba, de buena familia, y su primo hermano, Mateo Pinto de Quintana, un huérfano de veinte años. Mateo, enamorado, dejó sus estudios religiosos en Salamanca para casarse con ella. Sin embargo, ante la negativa de María, instigada por su padre, Mateo llevó el caso al Tribunal Eclesiástico de Palencia.
Lo más intrigante es la actitud de María durante el juicio. Negó haber prometido matrimonio y rechazó cualquier vínculo con su primo. Mateo presentó como prueba cinco cartas escritas por ella.
Cartas apasionadas desafían el frío juicio
Las cartas revelan a una mujer enamorada y dispuesta a desafiar las convenciones. Con encabezados como “Corazón mío i bida mía”, María confesaba a Mateo que lo quería “después de Dios más que a ninguno”. Le juraba lealtad y aseguraba que, incluso si el rey se lo pidiera, no lo olvidaría.
Las misivas muestran cómo la pareja utilizaba a criadas y vendedoras como “celestinas” para intercambiar mensajes y regalos, manteniendo viva la llama a escondidas.
Pero la pasión de María se combinaba con el miedo a su padre, Juan Ferragudo, descrito como de “agrio carácter”. En una carta, confesaba su temor a ser descubierta. Este terror justifica su negativa a reconocer el romance ante la justicia.
Impedimentos legales y un costoso intento
El parentesco entre los jóvenes era un impedimento legal y religioso. Necesitaban una dispensa de la Curia Romana para casarse. Mateo gastó 2.370 reales en obtener la Bula papal desde Roma, pero cuando el documento llegó, la actitud de María había cambiado.
Durante el proceso judicial, el Tribunal Eclesiástico protegió a María, ordenando que fuera “depositada” en casa de un familiar para evitar presiones de su padre. Ni siquiera así reconoció la relación.
Fin del litigio, fin del romance
Tras meses de litigio, Mateo retiró la demanda, alegando que no deseaba forzar un matrimonio “sin entero gusto de la dicha doña María Ferragudo y de sus padres”.
Tras el escándalo, Mateo volvió a los hábitos religiosos. María se casó con don José de Vela, catedrático de la Universidad de Salamanca.
Estas cartas, archivadas entre documentos judiciales, ofrecen una mirada a la vida íntima del pasado. Demuestran que las emociones humanas han permanecido inalterables, y permiten escuchar los ecos de un amor apasionado y prohibido cuatro siglos después.













