
'Intervención' de Ramón Isidoro transforma la Cúpula del Centro Niemeyer en una experiencia sensorial única
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Quince años después de su inauguración, la Cúpula del Centro Niemeyer de Avilés ha sido escenario de diversas exposiciones, no siempre exitosas debido a la complejidad de su espacio. La arquitectura, concebida por Óscar Niemeyer, requiere propuestas que respeten sus proporciones y dialoguen con su singularidad.
Ramón Isidoro ha logrado una propuesta exitosa con su ‘Intervención’, una instalación *site-specific* que homenajea los misterios del edificio.
El artista asturleonés, conocedor del espacio, presenta una muestra formada por grupos de pinturas en tonos negros, dorados y blancos, con ritmos dinámicos, creando una experiencia subyugante y elegante.
Una cueva permeable, sensible y táctil
La instalación se complementa con la colaboración de Juanjo Palacios, quien ha instalado sensores en los vidrios y estructuras para recoger crujidos y resonancias, ampliando la magia del espacio y generando una obra sonora que transforma la percepción del público. Los lienzos y el sonido cambian con la temperatura y el movimiento humano, creando un metabolismo en constante evolución.
La Cúpula se transforma así en una cueva permeable, sensible y casi táctil, reconfigurando la experiencia del visitante.
Como señala el comisario, no solo cambia lo que vemos o escuchamos, sino también la forma en que se producen esas experiencias. Cada rincón ofrece una nueva vivencia inmersiva, donde lo visible no es un objeto, sino una condición: la vibración del espacio, la densidad del silencio, la presencia del color como atmósfera.
La piel de la pintura y la vibración del espacio
Las obras pictóricas de Ramón Isidoro, lejos de saturar el soporte, lo desocupan, rebasando los límites del cuadro con gamas cromáticas reducidas que evidencian su compromiso con la piel de la pintura.
Cada fragmento parece respirar una cadencia propia, expandiéndose más allá de sus fronteras visibles y reclamando un territorio emocional que el espectador reconoce intuitivamente.
‘Intervención’ invita a demorarse, a escuchar lo que no se pronuncia y a aceptar que la mirada también puede convertirse en un acto de entrega. Entre dípticos apaisados y composiciones múltiples, la aventura de Isidoro se presenta como un lujo contemplativo que enreda al espectador en sus vacíos para llenarlos, implicándonos y haciéndonos comprender que formamos parte de la obra desde el momento en que atravesamos la puerta.













