
UNA BREVE HISTORIA DEL MUNDO EN 47 FRONTERAS
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Las narraciones sobre temas esenciales, presentadas de manera amena y sin complicaciones, tienen un efecto social terapéutico. Lo serio, expuesto con humor, conecta con una economía moral del ser humano común.
John Elledge, un exponente de esta escuela de divulgación fundamentada y jocosa, muy británica, nos ofrece en este libro una exploración de un tema intrínsecamente candente: las fronteras. El título, “Una breve historia del mundo en 47 fronteras”, y su subtítulo, “Historias sorprendentes detrás de las líneas de los mapas”, son precisos.
En el prólogo, Elledge plantea dos preguntas clave que busca responder a través de una serie de estudios de caso: ¿son las fronteras las que moldean las identidades, o son las identidades las que moldean las fronteras?
También explora la constatación histórica de que el hecho de que las fronteras sean “extrañamente rectas”, ilógicas o caóticas no implica que los Estados resultantes sean ilegítimos. A lo largo de cinco milenios, han existido “islas de soberanía en un gran océano de tierra”, insertas en periferias difusas.
Historias de Fronteras a Través del Tiempo
La primera parte del libro, titulada “Historias”, repasa algunas de las fronteras más importantes desde la antigüedad hasta el siglo XX.
No sorprende que la primera frontera conocida del Antiguo Egipto surgiera en una estrechez del valle del Nilo, donde las áreas inundables marcaban divisiones entre la vida y la muerte. Otros ejemplos fascinantes se exploran en capítulos sucesivos, como el dedicado a Roma, que tuvo su ‘Limes Germanicus’ de quinientos kilómetros, sesenta fuertes y 900 torres de vigilancia; la Gran Muralla china, que se extiende como una red de 2.500 kilómetros; o la división del mundo conocido entre las coronas de España y Portugal establecida en el Tratado de Tordesillas de 1494.
En relación con la frontera danesa-alemana en la península de Jutlandia, se atribuye al primer ministro británico Lord Palmerston la siguiente frase: «Solo tres personas han comprendido el asunto: el príncipe consorte, que está muerto; un profesor alemán, que se ha vuelto loco, y yo, que lo he olvidado por completo».
El capítulo sobre el Telón de Acero y la división de Berlín en 1961 analiza la gestión del metro entre el este y el oeste, con la conversión de estaciones “sin parada” en testigos mudos y tapiados del bloqueo impuesto.
Legados y Externalidades de las Fronteras
La segunda parte, “Legados”, examina enclaves aislados en medio de territorios ajenos, desde las fronteras de Detroit a Königsberg/Kaliningrado, la ciudad de Kant, territorio ruso limítrofe con Lituania y Polonia, así como casos provocados por invasiones accidentales.
Finalmente, “Externalidades” aborda la fijación del meridiano cero, la Antártida, el espacio o los países sin salida al mar.
Esto no impide, como en el caso de Bolivia, que también posean su propia marina de guerra.













