LA PLAZA DEL CASTILLO DE PAMPLONA: UN ESPACIO HISTÓRICO EN CONSTANTE EVOLUCIÓN

LA PLAZA DEL CASTILLO DE PAMPLONA: UN ESPACIO HISTÓRICO EN CONSTANTE EVOLUCIÓN
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LA PLAZA DEL CASTILLO DE PAMPLONA: UN ESPACIO HISTÓRICO EN CONSTANTE EVOLUCIÓN

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La Plaza del Castillo de Pamplona, un lugar emblemático con una historia larga y compleja, se distingue de otras plazas mayores españolas por carecer de un diseño unitario. Su evolución, desde la época romana hasta la actualidad, revela una serie de transformaciones que han moldeado su carácter distintivo. Excavaciones recientes han revelado la existencia de termas romanas, lo que sugiere que la antigua ‘Pompelo’ era más extensa de lo que se pensaba.

De Tierra de Nadie a Salón de Pamplona

En la Edad Media, este espacio no era una plaza, sino una “tierra de nadie” que separaba los tres burgos en conflicto de la ciudad. Tras la destrucción de la Navarrería, Luis Elutin construyó un castillo para defender este burgo.

Solo tras la unificación de los burgos con el ‘Privilegio de la Unión’ el espacio comenzó a transformarse en una plaza.

A diferencia de plazas como la Plaza Mayor de Madrid o la Plaza Real de Barcelona, la Plaza del Castillo es el resultado de una evolución. Las fachadas de la plaza reflejan la evolución del núcleo medieval, con parcelas estrechas visibles en los lados este y oeste.

Un Escenario Multifacético

Antes de convertirse en un punto de encuentro central, la plaza también fue escenario de corridas de toros, que se celebraban en la esquina noroeste, utilizando balcones y gradas desmontables. Además, las ruinas del castillo de Luis Elutin albergaron una primera cárcel, antes de su traslado a la actual Plaza de San Francisco.

Transformaciones Clave en el Siglo XIX

El siglo XIX fue crucial para la plaza. Un proyecto inicial de José de Nagusia en 1830 proponía reducir su tamaño a la mitad, buscando una proporción más adecuada para Pamplona.

Sin embargo, la ‘Desamortización’ de 1836 permitió utilizar el solar del antiguo convento de Carmelitas Descalzas, lo que permitió a Nagusia diseñar el frente sur tal como lo conocemos hoy en día.

Este nuevo proyecto incluyó el edificio de la Diputación y el Teatro Principal, que luego pasó a llamarse Teatro Gayarre, cuya fachada neoclásica unificó ese lado de la plaza. La apertura de la avenida Carlos III rompió esta unidad posterior, y las columnas originales del teatro se trasladaron a su ubicación actual.

Visiones Personales y Elementos Destacados

El arquitecto Luis Tena expresa su opinión personal sobre la plaza, mostrando cierto desafecto por elementos como los soportales y el quiosco central, que considera “torpe”. Para él, el centro de la plaza debería estar vacío para funcionar como un “espacio interior”.

A pesar de sus críticas, Tena destaca la fachada de cobre de Víctor Eusa para el antiguo Casino Eslava como el elemento arquitectónico más valioso del conjunto, calificándola de “obra maestra” que merece una restauración científica para recuperar su esplendor original.