A un año del ‘Día de la Liberación Arancelaria’ de Trump: el comercio global en la incertidumbre

A un año del 'Día de la Liberación Arancelaria' de Trump: el comercio global en la incertidumbre
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A un año del 'Día de la Liberación Arancelaria' de Trump: el comercio global en la incertidumbre

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Un año después de que la administración Trump proclamara con gran pompa el “Día de la Liberación Arancelaria”, el panorama del comercio global se presenta incierto, oscilando entre la sorpresa y la preocupación. El experimento proteccionista de la Casa Blanca, cuyo objetivo era reconstruir la supremacía industrial de Estados Unidos mediante un nuevo sistema comercial global, ha tenido consecuencias negativas en el ya vulnerable entramado de intercambio de bienes, servicios, capitales y trabajadores.

El mapa del comercio internacional se ha visto distorsionado. La imposición de aranceles recíprocos, implementada a través de poderes de emergencia, ha minado la credibilidad de Estados Unidos como socio confiable y garante del libre comercio. En lugar de rediseñar el sistema, la versión Trump 2.0 lo ha desorganizado.

Si bien el comercio no se ha colapsado por completo, su fluidez se ha ralentizado. Gary Clyde Hufbauer, experto del Peterson Institute for International Economics, señala que la balanza bilateral estadounidense con sus socios estratégicos apenas varió en 2025, pero enfatiza que “esta estabilidad se produce en un contexto de disminución del comercio mundial”, lo que indica un deterioro relativo que podría agravarse.

Las cadenas de valor y suministro globales, profundamente integradas, “no pueden reconfigurarse sin costes significativos”. Las empresas, incluso aquellas que han reaccionado con estrategias defensivas, como la anticipación de pedidos exportadores, el desvío de rutas marítimas o las presiones para obtener exenciones y ayudas estatales, “no podrán evitar ineficiencias productivas” debido a la interrupción de sus redes de abastecimiento. Estas anomalías, además, acabarán acumulando gastos innecesarios, lo que resultará en un comercio menos transparente, costoso y condicionado por políticas volátiles.

A este escenario se suma la incertidumbre jurídica. La decisión del Tribunal Supremo americano de declarar ilegales los aranceles recíprocos ha abierto un nuevo frente de conflicto. La Casa Blanca ha respondido buscando resquicios legales alternativos para reconstruir su muro arancelario, lo que ha convertido la política comercial de Estados Unidos en un terreno de disputa permanente entre el poder ejecutivo y los límites legales.

Todo esto ha conducido a un orden comercial caótico, sin que se haya producido una quiebra del tránsito de mercancías ni un desacoplamiento de la globalización en sentido estricto, pero con reglas incoherentes y una polarización geopolítica que se ha acrecentado desde el 2 de abril de 2025.

Cuellos de botella crecientes y más agobiantes

El Nobel de Economía Michael Spence considera que la fragilidad actual responde a un problema de diseño. “La economía mundial no está diseñada para ser resiliente, sino para ser eficiente”. Durante décadas, empresas e inversores han optimizado costes, anulado redundancias y concentrado producción en nodos competitivos, lo que ha generado un sistema “extraordinariamente ágil en condiciones de normalidad comercial, si bien muy vulnerable cuando algo deja de funcionar”.

El listado de riesgos sistémicos de Spence se refiere a factores que pueden llegar a desencadenar disrupciones en cascada, desde la energía hasta los semiconductores o tierras raras, pasando por las infraestructuras digitales. La globalización no ha eliminado los cuellos de botella, sino que los ha redistribuido y, en muchos casos, los ha intensificado.

La resiliencia es un bien público mal financiado, cuyos beneficios –evitar crisis sistémica– se reparten entre todos y sus costes –duplicar proveedores, mantener inventarios y sacrificar eficiencia– recaen sobre los actores particulares. En un sistema competitivo, se invierte poco en resiliencia. “Sin embargo, nadie quiere pagar por un seguro cuyo beneficio principal lo disfrutan otros”, apunta el también profesor emérito de Economía de la Escuela de negocios de Stanford.

¿Corregir desequilibrios? Los aranceles acarrean gastos

Erica York, de Tax Foundation, advierte de que el incremento de la presión arancelaria actúa como un impuesto regresivo al elevar las facturas de hogares y empresas sin que se corrijan con ellos los déficits externos. La persistencia del agujero comercial de EEUU durante el segundo semestre de 2025 y enero pasado evidencia que los aranceles no atacan las heridas económicas profundas vinculadas al ahorro, la inversión y los flujos de capital.

En 2025, los aranceles supusieron un coste de alrededor de 1.000 dólares por hogar; en 2026, serán varios cientos adicionales. Para York, “una subida de impuestos, indirecta, pero tangible, en toda regla”.

Las reducciones en el dinamismo del PIB, aunque sea de décimas, significa recortes de inversión, pérdida de productividad y, en ultima instancia, de renta familiar e ingresos corporativos, así como la pérdida de recaudación de 175.000 millones de dólares por parte del Tesoro federal.

Desorden global sin seguridad jurídica

Tax Policy Center afirma que EEUU se ha adentrado en un terreno excepcional para una economía avanzada como ha plasmado la corrección del Supremo al invalidar los aranceles impuestos bajo la International Emergency Economic Powers Act. Su resolución no solo redefine los límites del poder ejecutivo, sino que transforma los flujos financieros asociados al comercio en una escala sin precedentes. Porque lo que durante meses fue una fuente de ingresos públicos se convierte ahora en una obligación de devolución masiva.

Para las empresas, el fallo revela otra balanza de riesgo y oportunidades. Los importadores son los beneficiarios directos de las devoluciones. Pero el acceso efectivo a esos fondos depende de su capacidad para avanzar en un proceso técnico y exigente de revisión de entradas aduaneras, presentación de protestas dentro plazos estrictos y reconstrucción documental de los pagos ya realizados, alertan los bufetes de abogados.

Readaptación incierta de las cadenas de valor

Otro análisis, del Centre for Inclusive Trade (CfIT), incide en que las políticas ineficientes como las arancelarias de Trump generan facturas adicionales. Las empresas se adaptan a los cambios con mayor celeridad de lo que los políticos transforman. Ante los gravámenes y las amenazas, han desviado sus rutas, han reetiquetado sus productos, han buscado intermediarios o negociado exenciones, mientras tratan de amoldarse a la doble prima de riesgo, energética y al transporte mercante.

El comercio no ha desaparecido, pero ha mutado. Sigue funcionando con más fricción. Los investigadores del CfIT Nicolò Tamberi y Alan Winters aseguran que el impacto más relevante “no es la destrucción del comercio, sino la incertidumbre que lo rodea”, a la que también califican de “impuesto”; en este caso, “particularmente corrosivo”.

Si la política comercial es volátil –aranceles que aparecen, se suprimen o cambian de base legal–, la inversión se ralentiza, las decisiones estratégicas se posponen, la planificación a largo plazo se sustituye por ajustes tácticos y el diagnóstico es un sistema reactivo e ineficiente. A ello se suma un efecto colateral: el sistema multilateral de comercio, con sus reglas, procedimientos y previsibilidad se ha debilitado. Cuando la primera potencia global actúa unilateral y erráticamente, las normas importan menos.

Mercancías al ralentí sin gobierno comercial

La OMC acaba de pronosticar su descenso. De un dinamismo del 4,6% en 2025 al 1,9% este año y el 2,6% en 2027.

Incluso dibuja un panorama aún más adverso –de medio punto a la baja, hasta el 1,4%– si el caos arancelario o las tensiones geopolíticas se agudizan. Con un diagnóstico nítido: el comercio global resiste, pero readaptándose constantemente a un entorno menos cooperativo y sus cadenas de valor en estado de mutación.

La propia OMC admite que la ausencia de represalias ha evitado un deterioro mayor, aunque sin un marco normativo plenamente operativo, difícilmente habrá una regeneración adecuada. Su papel de árbitro y garante del comercio justo está sometido a una crisis de identidad debido a la indiferencia de Trump y a la paralización de sus mecanismos de resolución de disputa.

La guerra de Irán atenaza la resiliencia activa

El cierre del Estrecho de Ormuz no solo ha interrumpido el tránsito de hidrocarburos, sino que también ha colapsado nodos logísticos críticos que conectan Asia, Europa y África.

El impacto inmediato se concentra en la energía, cuyo encarecimiento se transmite con rapidez a los costes del transporte y de los alimentos e importa inflación; especialmente a los países crudo-dependientes.

Las disrupciones de crudo se amplifican a lo largo de cadenas de valor, sobre todo, las asiáticas, donde grandes centros de refinado redistribuyen productos energéticos y petroquímicos a escala global. La perturbación inicial se convierte en una cascada que ahoga los insumos industriales, fertilizantes y bienes intermedios, elevan su producción y erosionan el comercio más allá del sector energético.