
UNA MIRADA EXTERNA A LA SEMANA SANTA DE SEVILLA
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Lindsay, originaria de Minnesota, Estados Unidos, se enfrenta a la Semana Santa andaluza con ojos nuevos. Sin recuerdos de infancia ligados a las tradiciones nazarenas, la mantilla del Jueves Santo o el aroma de las torrijas caseras, esta visitante se sumerge en la festividad sevillana.
Descubriendo la Semana Santa
Con asombro, Lindsay observa la Semana Santa de Sevilla, declarada Fiesta de Interés Turístico Internacional por la UNESCO en 1980. Armada con un programa de mano, su guía para estos días, escucha el augurio de una lugareña: “Una vez que la conozcas este año, ya vienes siempre”.
La Campana, inicio de la carrera oficial, es su primer punto clave. Allí descubre el epicentro por donde desfilan todas las cofradías.
Luego, se adentra en las callejuelas que conducen a la plaza de San Lorenzo, donde se encuentra la iglesia del Gran Poder.
El Gran Poder: Fe y Esfuerzo
De la mano de Roberto, hermano de la hermandad del Gran Poder, Lindsay se maravilla ante la majestuosidad del paso. Pregunta sobre quiénes lo levantan y descubre la historia de los costaleros, herederos de los estibadores del muelle. Roberto compara la procesión con “si el Museo del Louvre saca todos los cuadros a la calle y los pasea por París”, resaltando el fervor y el valor artístico de la imagen.
Lindsay se sorprende al conocer el costo de sacar una hermandad a la calle, entre 40.000 y 50.000 euros. Reconoce que desconocía esa parte económica de la tradición, que se sostiene sobre la devoción y un gran esfuerzo financiero.
Tradiciones y Transformación
La imagen de un niño vestido de nazareno junto a su madre subraya la transmisión de tradiciones de padres a hijos.
La Semana Santa transforma la ciudad, vistiendo los escaparates de luto y exhibiendo mantillas negras y abanicos.
En la tienda Foronda, aprende sobre la mantilla, símbolo de luto que se remonta a la nobleza. Su uso es libre a partir de los 18 años, y a menudo pasa de generación en generación. Ante la pregunta de si se atrevería a llevarla, Lindsay responde afirmativamente.
Saetas, Sabores y Aromas
Desde un balcón, escucha al saetero Álex Ortiz, quien define la saeta como “una oración cantada” a las imágenes de Sevilla.
En el Gran Café España, Ramón, el propietario, le presenta los platos típicos de la Semana Santa: el bacalao, herencia de la Edad Media, y las torrijas, preparadas con vino de manzanilla y Pedro Ximénez. Lindsay prueba una torrija y destaca el sabor del vino.
Reflexiona sobre la magnitud de la experiencia y admite que, aunque sabía de la tradición, no imaginaba su alcance.
Finalmente, Lindsay descubre el incienso, aroma omnipresente en la ciudad. Aprende que la mezcla de incienso con especias como el romero, la canela o la vainilla tiene raíces prerromanas.
Turismo y Respeto
La afluencia de turistas es palpable en las calles del centro. El sector turístico sevillano subraya la importancia de contemplar las procesiones con respeto, entendiendo que son una manifestación de fe para muchos sevillanos.
Conclusión
Tras esta inmersión en la Semana Santa, Lindsay concluye que es emoción, fe, respeto, oración, sabores y aromas inolvidables. Al preguntarle si recomendaría a su familia venir, responde con un rotundo sí, confirmando la predicción inicial: “Te dije que no la olvidarías nunca”.













