Macabra España: Un esqueleto real procesiona en Ateca desde el siglo XVII

Macabra España: Un esqueleto real procesiona en Ateca desde el siglo XVII
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Macabra España: Un esqueleto real procesiona en Ateca desde el siglo XVII

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Mientras que la imagen de la Canina causa pavor en Sevilla desde hace treinta años, un esqueleto real recorre Ateca (Zaragoza) durante la Semana Santa desde el siglo XVII. Se trata de los restos de una mujer que sufría artrosis, estudiados y datados en esa época, según la criminóloga Miriam Beltrán Valiente.

Desde al menos 1661, estos huesos humanos, unidos con alambres y colocados de pie sobre un pequeño paso, acompañan la procesión del Santo Entierro en esta localidad aragonesa.

Tradiciones Macabras en España

Beltrán y el historiador del arte Gorka López de Munain, autores del libro ‘España macabra’, explican que antiguamente existieron más esqueletos humanos en procesiones, aunque no todos lograron el recogimiento necesario y desaparecieron. En Cádiz, por ejemplo, la Facultad de Medicina donaba anualmente una osamenta para un paso procesional, pero esto derivó en burlas y especulaciones sobre la identidad del difunto.

Hoy en día, varios esqueletos con nombres diversos desfilan como símbolos del triunfo de Jesucristo sobre la muerte, como La Canina en Sevilla, La Chacha en Jerez de la Frontera o la Muerte Pelá en Jerez de los Caballeros. Sin embargo, todos ellos son esculturas, a diferencia del esqueleto real de Ateca, cuya tradición persiste.

Beltrán afirma que los habitantes de Ateca no permitirían la sustitución del esqueleto real por uno falso, ya que es una tradición arraigada.

Simbolismo y Esperanza en lo Macabro

Los autores de ‘España macabra’ señalan que estas representaciones de la muerte vencida, así como el catafalco de La Torre de Esteban Hambrán, condensan el carácter paradójico de estas imágenes que proliferaron desde la Edad Media.

Según la criminóloga, al contextualizar estas obras, se descubre que no son motivo de espanto, sino de esperanza.

En la Edad Media, marcada por guerras y epidemias, la estética de lo macabro no buscaba recrearse en la angustia, sino canalizar el dolor y contrarrestar la ansiedad provocada por la omnipresencia de la muerte. En un contexto cristiano, la exaltación de lo macabro fijaba la atención en las pautas morales y la esperanza de un juicio justo.

Reliquias y Hallazgos Inesperados

Los autores también exploran reliquias poco estudiadas, como el cráneo de san Vítor de Gauna o las reliquias de Martioda, cuya restauración ha revelado datos interesantes. López de Munain destaca la importancia de rescatar conjuntos y piezas que forman parte de la historia de muchos pueblos.

Además, mencionan el hallazgo de “pudrideros”, lugares donde se colocaban los difuntos antes de su sepultura definitiva, en Medina Sidonia y Girona, entre otros lugares.

Los análisis de los huesos de Martioda revelaron el comercio de reliquias, con centros en Europa Central y Italia. Algunas de estas reliquias fueron tratadas con ceroplastia, ocultando su verdadera naturaleza.

Beltrán y López de Munain consideran que la exposición de restos humanos debe contextualizarse, valorando si fueron concebidos para ser exhibidos y si tradicionalmente lo han sido.

Para la criminóloga, todo aquello que aporte conocimiento y enriquezca cultural y artísticamente merece ser expuesto.

Tras la publicación de su libro, los autores han recibido información sobre otros relicarios y pinturas, lo que demuestra la imposibilidad de catalogar todo el patrimonio macabro existente en España.