Vivir bajo sospecha: racismo y la experiencia de ser racializado en España

Vivir bajo sospecha: racismo y la experiencia de ser racializado en España
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Vivir bajo sospecha: racismo y la experiencia de ser racializado en España

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La experiencia de ser señalado por lo que representas, antes que por lo que haces, deja una huella imborrable. Es una realidad que muchos viven a diario. Ser objeto de constantes solicitudes de documentación, sentir que tu presencia incomoda, que tu cuerpo o tu voz se convierten en motivo de sospecha… todo esto no es casualidad, sino una forma de violencia cotidiana.

El exdiputado Serigne Mbaye lo ha denunciado recientemente: “Es la tercera vez en tres meses que la policía me para por la calle: eso es racismo”.

Para muchos, esta presión se intensifica ante aquellos que tienen el poder de detener, cuestionar o criminalizar sin motivo. A algunos los convierten en una amenaza constante, catalogándolos como delincuentes, ladrones o violadores antes siquiera de conocerlos, simplemente por existir. A otras, las encasillan en estereotipos: tontas, sumisas, sin criterio, exóticas… Dos caras de la misma moneda: una mirada que decide quién pertenece y quién no.

Solidaridad frente a la injusticia

Sin embargo, frente a esta injusticia, surge la solidaridad. Muchas mujeres racializadas reconocen el impacto de la discriminación y se solidarizan, acompañan, apoyan y denuncian lo injusto. No como un acto de caridad, sino porque comprenden que la violencia estructural afecta a todos los cuerpos racializados, aunque de manera diferente.

Esta solidaridad se manifiesta en gestos cotidianos: señalar lo que no es justo, ofrecer cuidado y apoyo cuando el sistema margina, visibilizar las experiencias que a menudo se silencian. Hay un reconocimiento mutuo en la vulnerabilidad y en la resistencia, porque se entiende que la dignidad de unos está ligada a la dignidad de todos.

Ninguna sociedad puede considerarse justa si permite que parte de su población viva bajo sospecha. Ninguna institución debería ejercer el poder desde el prejuicio. La seguridad no puede construirse a costa de la dignidad de los demás.

El caso de Lamine Yamal

Lamine Yamal, un joven futbolista que podría haber elegido jugar para una selección africana, optó por representar a España. Pero, da igual que sea uno de los mejores futbolistas del mundo. El problema nunca fue su talento, sino la mirada de quienes lo reducen al color de su piel o a su origen.

Esta realidad impone la necesidad de tomar partido. Aunque las experiencias no sean idénticas, se comparte la realidad de una mirada que reduce y condiciona antes de conocer. No eres el problema. Tampoco eres perfecto. Eres persona, con errores, contradicciones e historias distintas. El problema es un sistema que señala por defecto y legitima prácticas que nunca se aceptarían para otros. Frente a eso, lo mínimo es no mirar hacia otro lado.

Ojalá llegue el día en que nadie tenga que justificarse por existir. Hasta entonces, es necesario ser conscientes de lo que significa ser mirado como si no pertenecieras.

Es fundamental cuidarse, protegerse y quererse. Todos merecen vivir sin miedo.